
Fallecido el 30 de diciembre de 1958 cuando participaba en el ataque a la ciudad de Santa Clara durante la ofensiva final de los combatientes rebeldes encabezados por el Comandante Ernesto Che Guevara, en la zona central del territorio cubano. Roberto Rodríguez, conocido como El Vaquerito, se destacó por la forma en que solía participar en los enfrentamientos con los soldados de la dictadura batistiana.
Roberto Rodríguez tuvo una vida breve, puesto que murió cuando tenía tan sólo 23 años. Su nacimiento tuvo lugar el 3 de junio de 1935 en la finca Los Hondones, en la zona de Sancti Spíritus. Cuando era todavía un niño sus padres fueron a vivir a Morón y allí transcurrió su infancia y adolescencia.
Tras reiniciarse en 1956 en Cuba la lucha contra la dictadura batistiana, él se trasladó hacia la Sierra Maestra para integrarse al Ejército Rebelde.
Después de un mes de búsqueda incesante por la zona oriental cubana logró establecer contacto con la tropa que dirigía el Comandante Ernesto Che Guevara. Sobre la incorporación al Ejército Rebelde de Roberto Rodríguez, y de sus características el Che comentó unos años después del triunfo de la Revolución cuando en una serie de trabajos para la revista Verde Olivo contó sus vivencias de la etapa de la guerra.
De su encuentro inicial con quién después descollaría como uno de los más singulares combatientes, el Che señaló lo siguiente:
“En aquellos días se incorporó también uno de los más simpáticos y queridos personajes de nuestra guerra revolucionaria, El Vaquerito. El Vaquerito, junto con otro compañero nos encontró un día y manifestó estar más de un mes buscándonos, dijo ser camagüeyano, de Morón, y nosotros, como siempre se hacía en estos casos, procedimos a su interrogatorio y a darle un rudimento de orientación política, tarea que frecuentemente me tocaba.”
También el Che precisó:
“El Vaquerito no tenía ninguna idea política ni parecía ser otra cosa que un muchacho alegre y sano, que veía todo esto como una maravillosa aventura.”
Y agregó:
“Venía descalzo y Celia Sánchez le prestó unos zapatos que le servían a El Vaquerito dada su pequeña estatura. Con los nuevos zapatos y un gran sombrero de guajiro, parecía un vaquero mexicano y de ahí nació el nombre de El Vaquerito”. (1)
Desde su incorporación al Ejército Rebelde por su carácter jovial pronto se ganó el aprecio de sus compañeros y también la admiración por su valentía a toda prueba. Llegó a convertirse en una figura casi legendaria.
Primero fue mensajero, más tarde soldado y finalmente alcanzó el grado de Capitán.
Cuando se hallaba operando en la provincia de Las Villas después de haber realizado la invasión, el Che lo designó para dirigir el pelotón suicida, un grupo en el cual sólo ingresaban combatientes escogidos por su valor y ejemplo de moral revolucionaria.
Leonardo Tamayo, quién llegó a desempeñar las funciones de segundo jefe de dicho pelotón, narró lo siguiente acerca de su surgimiento:
“Yo creo que llevábamos un mes en Las Villas. El Che nos había mandado a Emérido Meriño, al Vaquerito y a mi a hacer una exploración. Era de noche. Estábamos a unos treinta o cuarenta metros del cuartel Caracusey, cumpliendo la misión, cuando el Vaquerito, mirando la tranquilidad en que se encontraban las postas, me dijo: ‘¿Qué te parece si habláramos con el Che para que se nos dejara, una vez rodeados los cuarteles, entrar en ellos por asalto y tomarlos sorpresivamente?’.
“Poco tiempo después hablamos con el Che. Él aprobó la idea y nos dio las orientaciones necesarias. Se escogió a algunos compañeros y se les planteó que si querían formar parte del nuevo pelotón, ‘el pelotón suicida’, como lo bautizaría el Che”.(2)
Con posterioridad al frente de ese aguerrido pelotón El Vaquerito participó activamente en la toma de varias ciudades y poblados en la provincia de Las Villas.
Ya en los días finales de diciembre de 1958 cuando los combatientes rebeldes realizaban acciones encaminadas a ocupar Santa Clara, él recibió la orden de atacar con los hombres que formaban parte del Pelotón suicida la estación de policía de dicha ciudad.
Haciendo un derroche de audacia logró llegar a una casa situada frente a la estación y desde la azotea de la vivienda comenzó a disparar de pie y sin protección alguna, contra las fuerzas del régimen dictatorial.
El Vaquerito fue alcanzado en la cabeza por una bala de un fusil M-1. De inmediato resultó trasladado hacia la Comandancia General de la tropa rebelde pero ya se hallaba moribundo.
Leonardo Tamayo igualmente precisó cómo fueron los últimos instantes de la vida de El Vaquerito y la reacción del Che al saber de su muerte.
Señaló:
“El pelotón suicida fue el primero en entrar a la ciudad. Por el coraje y la valentía de El Vaquerito fue que pudo entrar el pelotón allí. Luego el Che dio la misión de atacar la jefatura de policía. Llegamos hasta la casa que estaba frente a ella, atravesando las paredes de otras casas. Nos apostamos en una azotea, Vaquerito, Hugo del Río, otro compañero y yo. El Vaquerito era un muchacho que no se cuidaba. Nunca tiraba tendido, sino de pie. Nunca tuvo miedo para cumplir cualquier misión que se le encomendara. De pie, en medio de la azotea, tiraba hacia la estación de policía. Le grité: ‘Tírate al suelo, que te van a matar’. Minuto después miré hacia él. Estaba tendido en el suelo. Sin darme cuenta de la situación le dije: ‘¿Qué te pasa que no tiras?’. Me acerqué a él. Estaba chorreando sangre. Una bala de M-1 le había atravesado la cabeza.
“Lo bajamos y lo llevamos hasta la comandancia donde lo atendieron los médicos De la O y Fernández Mell, y otro médico cuyo nombre no recuerdo. Ya El Vaquerito no dijo una palabra más. No duró ni treinta minutos con vida.
El Che le miró la herida y nunca olvidaré que comentó: ‘Nos han matado cien hombres’.(3)
Varios años después del triunfo de la Revolución en uno de la serie de trabajos que publicó en la revista “Verde Olivo” el Comandante Ernesto Che Guevara en los que hizo referencia a sus vivencias de la lucha de liberación nacional, recordó de la siguiente forma la figura legendaria de Roberto Rodríguez, El Vaquerito:
“Como es bien sabido, El Vaquerito no pudo ver el final de la lucha revolucionaria, pues, siendo jefe del pelotón suicida de la columna 8, murió un día antes de la toma de Santa Clara. De su vida entre nosotros recordamos todos su extraordinaria alegría, su jovialidad ininterrumpida y la forma extraña y novelesca que tenía de afrontar el peligro.”
El Che expuso que El Vaquerito al contar historias demostraba que la realidad y la fantasía para él no tenían fronteras determinadas, y los mismos hechos que su mente ágil inventaba, los realizaba en el campo de combate y aseguró al respecto:
“…su arrojo extremo se había convertido en tema de leyenda cuando llegó el final de toda aquella epopeya que él no pudo ver”. (4)
Referencias bibliográficas:
(1) Ernesto Che Guevara. Obras 1957-1967. Tomo I, página 250
(2) Testimonio reflejado en el trabajo “El Vaquerito” y el pelotón suicida. Verde Olivo, Año XIX, No. 53, 31 de diciembre de 1978, página 41
(3) Idem, página 42
(4) Ernesto Che Guevara, Obras 1957-1967. Tomo I, página 251
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