La ciencia tiene la última palabra

2014.03.07 - 13:49:16 / web@radiorebelde.icrt.cu / Malvy Souto López


La ciencia tiene la última palabra, libro Medicina sin Apellidos. Foto Abel Rojas

Ser científico es un camino árido, cuyo único fruto seguro es saber que al final, si hemos sido consecuentes, seremos mejores seres humanos
Ernesto Estévez Ram
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Desde pequeña aprendí a no jugar con la fe ajena, pero en cuestiones de salud, toda evidencia es poca para garantizar una vida. En este sentido la “Medicina natural y tradicional” suscita algunas interrogantes. ¿Cómo se legitiman sus prácticas? ¿Acaso algunas son “naturales” y otras, “tradicionales”; o tienen alternancia con una otra Medicina, por el aquello de “alternativa”?

Confieso mis dudas, y agradezco las certezas que me dejase Medicina sin apellidos, en solo una noche.

Más que un libro, es este un sutilísimo cruce de espadas a lo interno de la comunidad científica cubana -ocho médicos, tres biotecnólogos, un ingeniero, cuatro físicos y un matemático-, en el que explosionan una cadena de estereotipos. Atrás queda la imagen de la ciencia en torre de marfil, o el investigador androide, sin herramientas de comunicación, ni compromiso social.

¿El detonante? La proliferación de prácticas pseudocientíficas dentro de la llamada Medicina natural y tradicional en Cuba (MNT por sus siglas).

“El principio fue un artículo que salió en el periódico Trabajadores titulado “Una opción eficaz para conservar la salud”, que a muchos nos llamó la atención porque decía cosas “extrañas”, sobre procedimientos médicos supuestamente naturales y tradicionales; por ejemplo se hablaba de la ozonoterapia. El ozono es un elemento que está en la atmósfera en proporciones muy pequeñas y se requiere de plantas industriales para producirlo, por lo que no es natural, además su uso data del siglo XX. Se hablaba de la láserpuntura, el láser es un descubrimiento también del siglo XX; asegura el doctor en ciencias físicas y coordinador del libro, Osvaldo de Melo.

“Me sorprendía que fueran tantas cosas y tan eficientes para la curación.

“Después conocí que el doctor Jorge Bergado había escrito en Juventud Técnica haciendo referencia al artículo que me había generado preocupación”.

  
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Cuando vimos el debate concluido nos dimos cuenta de que la medicina era clave, pero también era un pretexto para hablar del método científico, del pensamiento racional, de medicina basada en evidencias.

  

Precisamente este trabajo del profesor e investigador titular del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN) el que funge como punto de ignición al debate, al asumir como tesis que la medicina no tiene apellidos, no necesita de calificativos que la definan o diferencien, porque es solo una, producto y parte del desarrollo de la ciencia moderna.

“Pero ya había alguien que se había postulado en contra de lo dicho por Bergado y yo decidí escribir, porque tenía entendido que existen prácticas de estas que no están aprobadas en casi ningún sistema de salud del mundo”, confiesa Melo. Entonces mi interrogante era más menos: ¿Estaban probadas, estas técnicas de Medicina Natural y Tradicional, con pruebas controladas, como todos los procedimientos médicos en uso?

La realidad fue dando paso a una polémica en la que médicos de profesión sostuvieron su idea de la práctica desde un punto de vista más técnico, mientras otros investigadores optaron por cuestiones básicas y universales de la ciencia.“Cuando vimos el debate concluido nos dimos cuenta de que la medicina era clave, pero también era un pretexto para hablar del método científico, del pensamiento racional, de medicina basada en evidencias, de la importancia del debate en un tema del que se habla poco, y cuando se habla se hace desde el discurso apologético”, prosigue el doctor en ciencias físicas, Melo. “Fue entonces cuando traje la propuesta a la Universidad de La Habana para que se hiciese un libro académico en la Editorial UH”.

En pleno siglo XXI se critica a la medicina occidental la relegación del vínculo médico-paciente o el abuso de medicamentos y tecnologías; mas, como diría el profesor Bergado “este desmérito la afecta como negocio y no como ciencia”, aunque, sí explica la irrupción de enfoques terapéuticos con filosofías y contextos diversos a nivel global.

Cuba no ha sido la excepción de esta apertura. Con un sistema de salud gratuito y de alto nivel profesional, ha incluido algunas de estas experiencias para enriquecer su atención integral. Según la Resolución 261 del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) se incluyen como prácticas legítimas la fitoterapia, apiterapia, homeopatía, terapia floral, ozonoterapia, medicina tradicional asiática, la hidrología, la helio-talasoterapia, los ejercicios terapéuticos tradicionales y la orientación nutricional naturalista.

Actualmente la medicina natural y tradicional es la especialidad número 52 en la Isla, asumida como una alternativa de “prevención, tratamiento, curación y rehabilitación de las enfermedades” en manos de médicos de formación, sostieneel máster en medicina natural y tradicional, Rigoberto Hermida.

Asimismo se ha visto reflejada en el lineamiento 158, como una prioridad política: “Prestar la máxima atención al desarrollo de la Medicina Natural y Tradicional”. Y “prestarle la máxima atención” resulta una acción clave, muy válida por cierto, por cuanto por la puerta de la que hoy reconocemos como tal y aprovechando un contexto de voluntad estratégica del país, “están entrando algunas prácticas que no han recorrido elcamino de laexperimentación científica”, suscriben13 de los 17 autores del libro Medicina sin Apellidos.

Y es que la salud es algo muy serio como para que solo se preocupen los médicos, afirmaba a grosso modo el destacado especialista Francisco Rojas Ochoa durante la presentación del libro, un axioma defendido por el doctor en ciencias físicas Mulet, quien confirma las cualidades que debe tener un experimento para que sea ciencia: “repetible y verificable”.

“Si uno dice que un procedimiento cura porque a alguien le resultó, eso es una anécdota, existe también el efecto placebo, o sea la sugestión psicológica del paciente”, reafirma Melo. De hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuenta con unas “Pautas generales para las metodologías de investigación y evaluación de la medicina tradicional”, en la que se exige que los métodos valorativos sean coherentes con la metodología establecida para la investigación biomédica, referencia el doctor Luis Carlos Silva en su artículo “Las razones del debate”.

  
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No es estar en contra de las cosas extrañas, es estar en contra de las cosas que no han sido probadas por el método científico

  

Sobre esta cuerda prosigue Osvaldo de Melo: “Cuando yo veo un producto que dicen que cura diez o veinte cosas diferentes, no le veo la lógica. En la Universidad de la Habana un profesor de química descubrió una vacuna contra el haemofilus influenzae, un trabajo de mucho impacto mundial. Pasaron como 14 años haciendo pruebas para demostrar que daba resultado y todo ese trabajo, durante tantos años dio lugar a UNA vacuna que sirve para UNA cosa”

“Éticamente no es correcto sensibilizar en vano a las personas y es eso lo que se está haciendo con estos productos Por ejemplo la homeopatía se basa en la dilución de una sustancia en un líquido inocuo –agua o agua con alcohol- . Uno sabe desde principio del siglo XX que la sustancia está compuesta por átomos y que los átomos en cualquier sustancia son muchos, pero no infinitos. Si tú empiezas a diluir un principio activo, digamos toxina de alacrán en agua; terminas por quedarte sin ningún átomo de la sustancia inicial (el fundamento de la homeopatía es que el origen de la enfermedad cura el mal, mediante una dilución que potencia el efecto). “Entonces vemos que las bases de la homeopatía son insólitas, están completamente fuera de la ciencia y del sentido común. Por otra parte los estudios que se han hecho sobre su eficacia resultan siempre negativos, solo traslucen efecto placebo o personas que se iban a curar de todas maneras. Nunca se ha logrado demostrar que el cáncer se puede curar con eso”, confirma.

Pero no se trata de satanizar al conjunto de prácticas que bien pudieran tributar a una calidad integral de la atención primaria en Cuba, sino de saber encauzar el proceso de evaluación en pos de una posible efectividad y desterrar el fraude místico de un sistema de salud, al que se ha contribuido desde el materialismo dialéctico, el humanismo, y las verdades científicas.

“Hay una ciencia que se llama fitoterapia que estudia las propiedades de las plantas y eso se ha hecho científicamente. Muchos medicamentos salieron de plantas, como la quinina, o la aspirina que sale del sauce. En el caso de la acupuntura se ha comprobado que mejora algunos dolores puntuales, y es que no tiene bases insólitas, una aguja está interactuando con un medio. Lo que está fuera de toda lógica es la supuesta explicación de energías; pero detrás de esa historia tradicional china, puede haber alguna realidad que investigar, que descubrir.

“No es estar en contra de las cosas extrañas, es estar en contra de las cosas que no han sido probadas por el método científico. Lo que está mal es el engaño cuando uno no tiene una real evidencia de algo”, concluye Melo.

Y a fin de cuentas es este el mensaje último de “Medicina sin Apellidos”, ratificado por el iniciador de la polémica doctor Jorge Bergado: “Mis críticas no van dirigidas a todos los elementos que hoy se agrupan bajo la denominación de Medicina Natural y Tradicional. La investigación de productos de origen natural es bienvenida cuando se hace bien. Lo mismo podría decirse de la acupuntura. La preocupación que expreso es que por el entresijo han penetrado prácticas francamente pseudocientíficas como la homeopatía y la terapia floral de Bach. Y lo que aumenta la preocupación es que otras muchas están esperando en la puerta para entrar, entre ellas la energía piramidal, de ahí el apego crítico al método científico”.

Por el bien de un sistema de salud de reconocidos estándares mundiales, en materia de Medicina Natural y Tradicional en Cuba, la ciencia debería tenerla última palabra…



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