A un costo millonario, el Partido Republicano desarrolla en el Tampa Bay Times Forum su mayor espectáculo publicitario del cuatrienio: la Convención Nacional, en la que un enorme despliegue de luces y alabanzas apuntalan la nominación del candidato presidencial y el ex gobernador de Massachutsset, Mitt Romney y su compañero de fórmula, el representante por Wisconsin, Paul Ryan.
Interesados en sacar a presidente Barack Obama de la Casa Blanca, los republicanos apelan a sus expresiones más conservadores para captar sus votantes tradicionales, al tiempo que muestra a Romney como un empresario exitoso, capaz de revertir la actual situación económica, aunque las propuestas en la plataforma partidista reitera las recetas neoliberales que propiciaron la presente crisis.
Ryan, un conservador católico de origen irlandés, con el que la maquinaria republicana busca apuntalar a Romney y recabar el apoyo del influyente Tea Party, en cuyas filas ha logrado escalar posiciones en el Congreso con un discurso contra las autoridades federales, a favor de la rebaja de impuestos y la privatización de la seguridad social y los seguros de salud.
Sin embargo, las tronantes declaraciones de guerra contra el presidente Obama de las principales figuras republicanas han logrado modificar las preferencias de los votantes, quienes, según recientes encuestas, conceden inalterable la ventaja del mandatario.
Capital económica del oeste de Florida, la elección de Tampa como escenario de la convención republicana responde a la importancia clave del sureño estado, cuarto por el aporte de votos presidenciales detrás de California, New York y Texas.
La imagen femenina y la cacería del voto latino caracterizaron la primera y segunda jornadas del cónclave republicano. Las mujeres, encabezadas por la candidata a primera dama, Ann Romney, y para cortejar a los latinos recabaron los servicios del gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, partidario de la anexión de la Isla de Ensueños a Estados Unidos, tarea compleja, ya que las encuestas entre los hispanos favorecen al gobernante Obama.
Pese a sus intentos por proyectar un cambio, la convención respalda una plataforma en que la creación de nuevos empleo a partir de estimular la empresa privada con un reducción de impuestos que favorecería a los más ricos, al tiempo que presagian un reforma del código fiscal para que el sector privado aumente su capital con la promesa de incrementar la existencia de puesto de trabajo.
Siete años después del catastrófico paso del huracán Katrina por Nueva Orleáns, el Partido Republicano derrocha millones de dólares e interminables discursos en la carrera por un dudoso regreso a la Casa Blanca, pero sus propuestas resultan demasiado envejecidas para cambiar el rumbo.
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