La cultura cubana en la naciente Neocolonia

2010.08.04 - 09:21:12 / web@radiorebelde.icrt.cu / Astrid Barnet Rodrguez

La Habana, Cuba.- Es reiterado admitir que la intervención de Estados Unidos en la Guerra del 95 o Guerra necesaria frustró el proceso de más de treinta años de lucha por la independencia de Cuba y la realización del ideario martiano en su más amplio sentido, al no realizarse en la República que va a nacer, su pensamiento político y social, ni sus criterios en la educación y la cultura.

Al respecto, nuestro inolvidable Canciller de la Dignidad Raúl Roca García, señaló con sagacidad crítica:

“La oligarquía y sus apéndices asumirían una ideología reaccionaria y un estilo de vida que se traduce en mimética modalidad del American way of life: abolengos comprados, dispendios insolentes, clubes exclusivos, colegios privados, saraos rumbosos, ignorancia acicalada, casinos de juego, prostitución de alto copete, misa a las doce…su arremetida contra la tradición revolucionaria, la cultura nacional, la identificación de la nación consigo misma, la conciencia de su propia situación y los valores éticos acumulados por el pueblo, se proponía disolver el sentimiento patriótico, sacralizar la dependencia a Estados Unidos e instituir un pensamiento político apologético de la estructura dominante de poder”.

Intelectuales orgánicos –como los calificara Roa--, de la pequeña burguesía mambisa como Manuel Sanguily, Salvador Cisneros, Juan Gualberto Gómez, Enrique José Varona, Carlos Baliño, Esteban Borrero y Jesús Castellanos, entre otros, presentaron justa batalla en la prensa, en la Convención Constituyente y en el Senado a los abogados de la reacción y del neocolonialismo. Todos reclamaban independencia absoluta a la par que denunciaban la conversión de la Isla en una colonia mercantil de Estados Unidos.

Varias obras literarias enmarcaron la repulsa al intervencionismo norteamericano: Los poemas Mi bandera, de Bonifacio Byrne (1861-1936), Las dos banderas, de Enrique Hernández Miyares (1859-1914), al igual que su soneto La más fermosa, son considerados los más relevantes de los primeros años de intervención de República neocolonial.

El de Byrne constituye una síntesis poética del sentir popular ante la intervención del Norte, mientras que el soneto de Hernández Miyares, se inspiró en un discurso del patriota y tribuno Manuel Sanguily ante el Senado de la República oponiéndose a un  proyecto de ley que impondría a Cuba un oprobioso Tratado de Reciprocidad comercial con Estados Unidos.
Así, la cultura de Cuba republicana, de la primera generación de intelectuales republicanos, nace bajo el signo de la frustración política.

Después de que la maquinaria neocolonial fue echada a andar, comenzó a extenderse y consolidarse entre los intelectuales un gran sentimiento de impotencia y frustración. La consigna que dio título a un ensayo de Manuel Márquez Sterling, Frente a la injerencia extranjera, la virtud doméstica, alentó una serie de acciones encaminadas a la supuesta honestidad gubernamental y administrativa, mejorar la educación y salud del pueblo, ampliar las fuentes de trabajo y, ante todo, que a partir del principio de cultura se llegase a arraigar y crecer la conciencia de cubanía.

En suma, acciones en defensa de la cubanía pero, partiendo de lo imaginario y simbólico.

Como expondría el historiador José Antonio Portuondo:

“La primera generación de escritores de Cuba independiente se vio, así forzada, a plantearse el problema de gobernar a su patria, de proponer,  al menos, los modos mejores de conducirla al disfrute conveniente de una libertad política que no se apoyaba en una idéntica situación económica, de una soberanía mermada por el derecho de intervención de una potencia extranjera mayor…La actitud de los escritores cubanos de esa promoción ante el quehacer generacional que le era deparado no fue la del avestruz…sino justamente la del francotirador, que quema sus cartuchos en un desesperado acto de heroísmo, con la esperanza un poco ingenua de ir acabando con sus enemigos...Por falta, acaso, de un guía adecuado”.

No obstante surgen proyectos culturales como la Sociedad de Conferencias (1910-1915) y la revista Cuba contemporánea (1913-1927), deudoras de postulados académicos anteriores a esta etapa, y exentas de personalidades atrayentes, a pesar de reconocerse en ambas la filiación de un cubano virtuoso, el pedagogo Enrique José Varona.

Géneros como el ensayo y la narrativa –adoptando en ocasiones códigos narrativos de la corriente naturalista del francés Emile Zola--, constituyeron las formas literarias de representación de la situación republicana. En el caso de la novela, todos los personajes terminarían vencidos en su lucha contra circunstancias adversas.

Según Portuondo: “…Cuba Contemporánea se caracterizó por aglutinar a toda esta generación que luce un desesperado y desesperanzado patriotismo. Buen símbolo de ella: José Sixto de Sola, cuya vida es un gritar ¡Cuba!, muy alto, para no oír acaso el clamor inacallable de su derrota y de su frustración…sobre todo, porque a su sombra continúa la cultura cubana, minada ahora de pesimismo, del sentido europeizante de buena parte de su etapa anterior”.

Por otra parte, la crítica al estado de cosas imperante apropiándose del consabido choteo criollo (o cubaneo), tiene sus mejores exponentes en esta primera promoción intelectual en las caricaturas de La política cómica y en las obras que se escenificaban en el Teatro Alhambra, herederas del teatro bufo decimonónico –La casita criolla y La segunda república reformada, entre otras--, aludían a rejuegos entre politiqueros y a otros males de la república y, en lo esencial, significaban el carácter jocoso y extrovertido del cubano, a la vez que sus sentimientos de frustración y pesimismo.

En las tablas fueron reconocidas figuras como la del actor Arquímedes Pous; músicos como Jorge Anckermann y libretistas como los hermanos Gustavo y Francisco Robreño, Federico Villoch y José Antonio Ramos. Este último fracasó en sus aspiraciones de lograr un teatro nacional subvencionado por el estado.

La política cómica --publicación surgida en 1894 y que llegara a ser la de más amplia circulación a inicios de la República--, hizo del choteo su bastión de crítica social. Un personaje, Liborio, campesino cubano de gran sagacidad e inteligencia innata, se convertiría en la personificación del pueblo de la Isla, siempre enfrentado a la imagen del Tío Sam o a sus acólitos nacionales.

Entretanto, problemas como la discriminación racial, proscripción de negros y mulatos a las labores más ignominiosas, desconocimiento de los derechos de la mujer, escasez de viviendas, difícil acceso a los centros de salud y de educación, altos índices de analfabetismo…pululaban en aquellos primeros años de República neocolonial; problemas que se recrudecerían aún más con el decursar del tiempo.

Al decir de Roa: “…La válvula de escape de aquella atmósfera enrarecida y agobiante fue el choteo y la trompetilla, a la vez, catarsis, autodefensa y desquite del inconsciente social rebelado”.

Igualmente, Juan Marinello, al referirse a este período expresó: “…No faltaron nunca científicos, escritores, educadores y artistas con clara conciencia de la frustración y el deseo de cambios fundamentales. Es así cómo, a partir de 1920, la conciencia de una realidad nacional fue ahondándose en la mente de los más honestos y responsables”.

De aquellos --una carga patriótica y cultural contra la ignominia--, que encabezarían el período denominado como década crítica y que engendrarían hechos como la Protesta de los Trece, el Manifiesto del Grupo Minorista, el movimiento de Reforma Universitaria, la fundación del Primer Partido Comunista, el congreso de Mujeres, la apertura de la Universidad Popular José Martí, entre otros, que reafirmarían las limitaciones e insolvencias de los movimientos reformistas y de protesta cívica de esos primeros años de República neocolonial.



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   Jose Manuel Gonzalez Garcia      josegg@golfo.grm.sld.cu      Cuba
   07.10.2010 - 10:04 am
Deberias profundizar mas acerca de todos estos hechos de este periodo, sobre todo de la salud y la cultura


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