La EICTV es una familia que est por todo el mundo

2011.12.29 - 12:13:57 / web@radiorebelde.icrt.cu / Andrs Machado Conte

Orlando Senna. El segundo director -despus del poeta y cineasta argentino Fernando Birri- de la Escuela Internacional de Cine y Televisin de San Antonio de los Baos
El oficio es múltiple en la vocación del brasileño Orlando Senna. El segundo director -después del poeta y cineasta argentino Fernando Birri- de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, es realizador, periodista, actor, escritor, guionista y productor. La idea se difumina en el tiempo, por la carretera transamazónica de Brasil en Iracema. O en las conocidas historias de “Coronel Delmiro Gouveia” y de “La Ópera de Malandro”. Sin embargo, la impronta más trascendente sigue siendo su papel en la creación el 15 de diciembre de 1986 del proyecto más importante de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

¿Cómo puede renovarse constantemente una obra, y que siga siendo la misma que soñaron los padres fundadores?

Es mantener la esencia. Los cambios son naturales y obligatorios, principalmente en la actividad audiovisual, sobre todo ahora cuando está aconteciendo una revolución tecnológica. Pero también en lo que se refiere al cine y a la televisión, hay una revolución estética, porque una cosa no viene sin la otra.

Y eso exige que la Escuela -como sé que pasó- que nuestra Escuela, se adaptara a los nuevos tiempos cada vez más. Pero también significa que esa adaptación tiene como horizonte que no se pierde, eso que siempre está a la vista, a los principios de la Escuela, donde está la antiescolástica, o sea, la igualdad entre alumnos y profesores, el cogobierno de la Escuela, que son los directivos, los profesores, los alumnos y los trabajadores.

Perduran todos los principios que hicieron que la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños -un nombre grande, ¿no?- o sea, la Escuela de Cuba como todos la conocen, sea considerada el mejor centro de promoción audiovisual del mundo. Si no mantuviéramos esos principios, ese horizonte siempre a vista, no lograríamos ser en el siglo XXI lo mismo que fuimos en el siglo XX.

Me acuerdo que al inicio, cuando el grupo de personas que estaba formulando las ideas, diseñando la Escuela -yo estaba presente, era parte de eso- conversábamos, decíamos casi en broma que era un proyecto para cien años, para un siglo, porque solo así valdría la pena hacer una cosa con esa grandeza. Y ahora, cuando cumplimos los 25 años de la Escuela, la familia de la EICTV como se le llama, estamos celebrando eso. Tenemos la impresión que sí, que no fue un plan de broma de soñadores.

Esa Escuela tendrá una perennidad. Será la escuela más importante del siglo XXI, como fue en el siglo XX, exactamente porque mantiene su punto de vista sobre el horizonte. Un día le preguntaron a Fernando Birri, uno de sus creadores: “¿Por qué la Utopía?” Por qué la gente piensa en la Utopía, que significa en griego ningún lugar, o sea no existe la Utopía. Y él dice que es como el horizonte, caminamos en dirección al horizonte, y sabemos que nunca lo vamos a alcanzar, porque él se aleja en la medida en que nos acercamos, pero nos hace caminar.

Pero es que la Utopía, más que lo irrealizable, es precisamente eso, lo que no existe. ¿Cree que realmente algún día puede construirse?

Creo que se está construyendo hace 25 años. Eso es siempre un trabajo que va progresando. Exactamente sobre eso hablábamos al inicio, ¿no? Hay que cambiar siempre a una escuela dedicada al audiovisual en estos momentos. En esta época, delante de la revolución digital, delante de la revolución de los medios, de los lenguajes, tiene que renovarse prácticamente cada año.

La Escuela sigue siendo el proyecto más importante de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. ¿Hasta dónde llegan los contornos de lo nuevo? Fernando Birri ha dicho que habría que hablar del nuevo, nuevo, nuevo cine latinoamericano. ¿Eso de nuevo termina siendo concepto o edad?

¿Concepto o edad? Creo que concepto. Es el concepto el que nos garantiza perennidad. No es la perennidad la que garantiza los conceptos. Creo que son los conceptos de la Escuela, de la Fundación, los que nos llevan a celebrar un cuarto de siglo, que fue un período victorioso a pesar de todas las crisis y de todas las dificultades. Te acuerdas que la Escuela ya era escuela durante el Período Especial en los años noventa, y pudo cruzar la crisis aquella enorme. ¿Por qué? Tenía, como tiene hasta hoy, la ayuda de muchos amigos de muchos países en todo el mundo.

Y es que la Escuela no es de nadie. Es de todos los latinoamericanos. Y para que veas cómo es la Escuela: es de todos los latinoamericanos, tiene el foco en Latinoamérica, pero se abre para todo el mundo, tanto que hoy su slogan es La Escuela de Todos los Mundos, ya que personas de todos los países vienen a la Escuela, o como estudiantes, o como talleristas, o como profesores, o como conferencistas, o apenas que vienen para ver la Escuela y conversar con la gente.  Es un encuentro del mundo la Escuela de San Antonio de los Baños.

Martí hablaba de la plata en las entrañas de Los Andes. Siempre hay una alusión de que nuestras tierras se corresponden con el mandato de lo que viene de dentro de ellas. Se habla del magnetismo, de la fuerza de sus volcanes. ¿Hasta dónde la Escuela está en correspondencia con esa dinámica natural, existencial, social, humana?

La Pacha Mama. La Escuela nació con eso. Me acuerdo de la primera generación de la Escuela, la primera promoción de estudiantes, donde hubo conversaciones, discusiones, debates entre indios aymaras y vietnamitas. O sea, nuestra Escuela –y cuando digo nuestra es porque la Escuela es de todos- representa nuestra inteligencia con relación a eso, a esas fuerzas, a esos valores. Es la integración, es la humanidad como una sola familia, y creo que somos nosotros de la gran familia de la Escuela de Cine, de la EICTV.

Somos la gente de eso. Lo más importante que ha creado la Fundación es la Escuela, y lo más importante que ha creado la Escuela es exactamente esa gran familia que existe hoy, de ex alumnos, de profesores, de muchos talleristas también, que se conforman como de un grupo de entre mil y dos mil personas, que están conectados por todo el mundo, hablando unos con los otros, todos los días, creando coproducciones entre países, inventando proyectos entre ellos. Eso creo que es lo mejor de la Escuela, y es lo que estamos celebrando en estos 25 años: haber creado una familia enorme, que está por todo el planeta, y en contacto constante.

¿Una familia bien llevada?

Sí, se lleva bien, pero como en todas las familias, a veces hay algún que otro roce.  Pero eso también es bueno para las familias, alzarse un poco a veces, pero sí, es una familia muy unida. Es una familia en que no todos convivieron, con muchas generaciones. No hay tantas peleas porque a ellos les gusta ser parte de la gran familia. Pero cuando hay que tenerlas, hay que tenerlas. Eso lleva a una familia hacia delante.

Hay realizadores, como Alberto Lecchi, que dicen que el nuevo cine latinoamericano debe esencialmente contar historias. Sin embargo, los alumnos suelen experimentar con las formas y casi no contar. ¿Es un rompimiento, o un componente que se añadirá al concepto de nuevo cine latinoamericano?

Es un avance de la idea, del ideal del cine latinoamericano, del nuevo cine latinoamericano, del cinema novo brasilero, que es lo mismo. Es un desarrollo de las mismas esencias, como hablamos al inicio. No creo que los experimentos formales, los experimentos estéticos, los avances estéticos, la búsqueda de nuevos lenguajes, sean otra cosa de lo que ha pensado, deseado para nuestro continente el nuevo cine latinoamericano. Tenemos que evolucionar como artistas, y no apenas como políticos.

Envejece el cuerpo. ¿Envejece la idea?

El cuerpo sí envejece, aunque esta, nuestra generación actual planetaria, está preparada para vivir hasta casi los cien años, ¿no? Hay muchos brasileros con más de cien años. Creo que hay muchos cubanos también. Pero sí, el cuerpo envejece.  Lo que no debe envejecer es exactamente la cabeza, la idea, y creo que cuando la idea no envejece, se mantienen por más tiempo las fortalezas del cuerpo.
 
¿Ha sentido algún desfasaje en el orden personal? ¿Tanta renovación de los jóvenes le ha hecho sentir viejo, algún cambio?

Bueno, yo siempre me cuidé de eso, pero sin mucha conciencia. Después tuve la conciencia, eso de envejecer. He estado siempre al lado de los jóvenes. Creo que esta intimidad, tanto tiempo con ellos como profesor, como provocador, como jefe de algunos proyectos de jóvenes, etcétera, me hace siempre joven también. Hace poco encontré a un amigo que es más joven que yo, con la barba blanca, y le he dicho: “Estás más bonito ahora, que estás más viejo”. “Sí, mira eso –me respondió- te alcancé”. Y volví otra vez: “No. Estás equivocado. Yo te esperé”.                  



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