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La figura aceptable
2010.06.23 - 09:05:50 / web@radiorebelde.icrt.cu / Heydi González Cabrera

La Habana, Cuba.- En muchas familias, fundamentalmente latinas, el concepto de belleza asignado a los bebes, se ajusta exactamente a la imagen de la obesidad. Cualquier lactante que presente un peso adecuado es considerado como “delgadito” o enfermo, y los padres, preocupadísimos, acuden al pediatra porque el niño ¡no engorda!.
Son esquemas heredados que no se actualizan al paso del tiempo, sin comprender, que el sobrepeso infantil, es el anticipo de una futura obesidad con las correspondientes complicaciones físicas… y psíquicas también.
La gordura no es sinónimo de belleza y mucho menos de salud. Incluso, en edades tempranas resulta dañina para la formación ósea de las extremidades inferiores, porque cuando empiezan a caminar, el peso del cuerpo tiende a arquear las piernas.
Pero, busquemos el origen del exceso de libras.
Es cierto que la genética influye en el biotipo, pero ese factor puede ser modificado. Para ello es imprescindible actuar desde la infancia ya que las costumbres adquiridas determinan en su estado de salud cuando sean adultos.
En los primeros años comienzan a establecerse los hábitos alimentarios; en la niñez y sobre todo en la adolescencia, aumenta el consumo elevado de alimentos fritos, salsas, pastas, panes, galletas, dulces, refrescos azucarados y alimentos grasos en forma de quesos, mantequilla o similares; y un escaso o nulo consumo de legumbres, frutas y hortalizas.
¿Son los niños responsables de la selección de su dieta habitual? Sabemos que no. La responsabilidad recae en quienes deciden cuáles alimentos comprar o cocinar, generalmente, sobre la base de sus gustos personales, preferencias adquiridas y transmitidas a los hijos. El segundo paso de esa influencia está en enseñarles a degustar chucherías y refrescos… cargados de azúcar.
Si a ello unimos la combinación fatídica para la salud: poca actividad física y más sedentaria (televisión o videojuegos), se cierra el cuadro propicio para la obesidad.
Los hábitos de alimentación, como los de estilo de vida, se modifican con una educación acertada. Esa es la clave que evita la obesidad infantil, incluso, con mayor razón si está presente el biotipo genético.
Obesidad=Enfermedad
No lo duden. Mucho se ha explicado el daño del sobrepeso para el organismo humano, pues se asocia a la aparición y desarrollo de diversas patologías: hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, problemas articulares y motrices, depresión, dificultad respiratoria, trastornos cutáneos, alteración de los niveles de colesterol y triglicéridos y muchas más. Típica secuencia que empieza a asomarse en la infancia, y se acentúa después para reducir la calidad y la esperanza de vida en quienes las padecen.
Pero… hay más. Los niños obesos sufren física y psicológicamente la pérdida de su figura, porque, además de la ciencia, la sociedad demanda un patrón estético elemental que se promueve en las pantallas grandes y chicas. Y un mal genera otro: en la medida que crecen, se afecta la salud emocional de los obesos que sienten a su alrededor, la burla, la discriminación, el aislamiento social, y van conformando una baja autoestima que, en la adolescencia o la juventud, puede conducir a la peligrosa bulimia o anorexia nerviosa.
A los padres les corresponde evitar ese destino a sus hijos, y no se engañen, es el primer paso para su felicidad.
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