
La grandeza de las pequeñas obras. Fotos: Aroldo García Fombellida
Holguín, Cuba. De manera continua, durante una semana, en estos días previos a las celebraciones por el 26 de Julio en Cuba, Día de la Rebeldía Nacional, recorrimos, como tantas otras veces, los municipios que abarca esta provincia de Holguín. Y aunque parecidos a ojos vista, los de estos días recientes fueron recorridos de trabajo con una dimensión especial.
Tacajó, Estrada, Maceo, Joselillo, Los Mangos, Pueblo Nuevo, Comunidad Oscar Lucero…Sus moradores hace tiempo necesitaban mejoras, soñaban con acercarse al menos, a lo que en las ciudades y asentamientos mayores es lo cotidiano.
Como postulado irrestricto, la Revolución cubana no abandona a sus hijos. Por esa razón, precisamente, en cuanto ha sido posible, aquellas humildes aspiraciones se van convirtiendo en realidades tangibles.
Junto a la justa decisión política y administrativa, existe también una motivación especial, cuya esencia se la escuché decir varias veces, en varios sitios, al Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba en la provincia, Luís Antonio Torres Iribar.
Y así fue el parque de Tacajó, y su plaza, y así la casa de abuelos, la terminal, las tiendas, el centro de recreación, y la biblioteca, en Maceo, y así la bodega, el seminternado, el taller de artesanía o el parque infantil de Estrada, así las paradas de coches, el campo de fútbol, el puente, y hasta el diminuto parque en el barrio de Los Mangos y Joselillo, en Moa.
Sin varita mágica, ni más recursos que los existentes, pero estudiando muy bien para ponerlos en los sitios más necesarios, y siempre con el oído bien pegado al suelo, o lo que es lo mismo decir, estar al tanto de lo que dice el pueblo, ha sido la única receta, subrayaba Julio César Estupiñán, Presidente del Gobierno en la provincia.
No son casuales, por tanto, las inmensamente felices opiniones de los beneficiados, recogidas en estos días, en varios lugares recorridos.
Son en resumen, y sobre todo, la espontánea expresión de agradecimiento colectivo, de quienes dirigen, de quienes construyen, de quienes reciben las obras. Entonces, por razones tan humildes, y tan convincentes, resultó estremecedora, y ovacionada, la última frase de las estrofas declamadas por Samuel Oramas, un obrero, operario de máquinas fumigadoras, en las campañas locales de saneamiento ambiental, justo en el momento que se reinauguraba, completamente remozado, su centro de trabajo, el Policlínico Pedro del Toro, del Reparto Pueblo Nuevo de Holguín: “Gracias Fidel”.
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