La Habana, Cuba.- Es curioso observar cómo a lo largo de la vida vamos cambiando sin apenas darnos cuenta. Modificamos lentamente el carácter a fuerza de experiencias ante distintos acontecimientos, pero ¿se puede, voluntariamente, adelantar esa transformación?
Cuando las cosas no salen como se desean, los conformistas se justifican con un “somos así, que le vamos a hacer”.
¡Que equivocados están! Cambiar el carácter, e incluso la personalidad, es un proceso que llega con el paso del tiempo, pero, también puede adelantarse, si nos lo proponemos.
En la medida que maduramos van surgiendo intereses que mueven a realizar cambios, especie de impulso para modificar la forma de vivir. Estas tendencias a variar, generalmente acompañan a las llamadas “crisis existenciales”, o lo que es igual, situaciones negativas que propiciaron angustias.
Entonces, la tendencia a repetir conductas que en múltiples ocasiones han dado buenos resultados, permiten evaluar cuál es el camino a seguir. Esas pautas de comportamiento solamente requieren practicarlas hasta hacerlas habituales.
Por supuesto que no resulta fácil readaptar la forma de ser, frenar las reacciones innatas, pero sí puede lograrse cuando comprendemos que de no cambiar, seguiremos siendo los culpables de tantos fracasos.
La psicología reconoce que las necesidades del ser humano se van transformando acorde a las distintas etapas del desarrollo personal y se agudizan en otras de nuevas exigencias.
Durante mucho tiempo se habló de distintas crisis: de la adolescencia, de los 40 años, y así, sucesivamente. Pero, la experiencia ha demostrado que tales crisis obligan a la búsqueda del cambio, en cualquier momento de la vida que una persona se proponga.
En situaciones especiales, cuando un nuevo trabajo, estatus social, o hasta vivir en otro país, nos enfrentan a ambientes desconocidos, e instintivamente, comienza una lenta adecuación al medio que poco a poco se interioriza hasta adaptarnos a las diferentes condiciones de vida.
Lo que más ayuda en esos momentos cruciales es la valentía de descubrir el autoengaño. Aceptar que hemos estado bloqueando el camino y urge mejorar las relaciones intrafamiliares, sociales, incluso, para una mejor posición laboral.
No es de inteligente “derrumbarse” ante la evidencia de que son personas rechazadas, evitadas. Hay que reflexionar sobre las experiencias acumuladas en el trayecto de la vida, y entonces, comenzar la batalla para conformar, urgentemente, la imagen necesaria.