
La mujer cubana alcanzó su plena igualdad a partir de 1959. Con la Revolución dejaba atrás la discriminación de la cual fuera objeto durante muchos años y por sus esfuerzos obtuvo el lugar que se merecía en la sociedad.
Las féminas se emanciparon totalmente, no obstante el bloqueo imperialista impuesto a Cuba por los gobiernos norteamericanos que pretendieron ahogar, sin lograrlo, al pueblo cubano.
Primeras en las Milicias Nacionales Revolucionarias para defender la Patria, fueron también abanderadas en el estudio y el trabajo, por lo que a la vuelta de unos años ocuparon los primeros lugares en las diferentes áreas económicas y sociales: la educación, la salud, la ciencia, la defensa, la biotecnología...
Un dato interesante es que hoy representan más del 70 por ciento del sector educacional, y en las aulas universitarias la presencia femenina es superior a la del hombre, desde la década del 80.
La inserción de la mujer cubana en todo el proceso de desarrollo del país, debe considerarse como uno de los fenómenos sociales de mayor envergadura y más exitosos, ocurridos durante todos estos años de Revolución.
La esperanza de vida de las cubanas es mayor que la de los hombres; ello está muy vinculado a diferentes programas de salud que las protegen como son el materno infantil, así como, los de detección precoz del cáncer cérvico-uterino y de mamas, maternidad y paternidad conscientes, atención al adulto mayor; prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS), Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), y Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).
Para nuestras mujeres la posibilidad de vida geriátrica después de cumplir los 60 es de 23,4 años, el puesto 16 en el Planeta, por delante de países como el Reino Unido, Dinamarca y Noruega.
Esa realidad sitúa al país dentro del 25% de la población del planeta cuyos niños pueden aspirar a vivir 77 o más años. Significa también que los cubanos viven cinco años más que el promedio del resto de los latinoamericanos y caribeños.
Aunque muchos se pregunten el por qué de esta deferencia de mayor tiempo de vida con ellas, lo importante es analizar que lo anterior constituye una muestra de los avances de la Mayor de las Antillas en materia de calidad de vida de sus mujeres.
A lo largo de todos estos años se crearon las condiciones necesarias que posibilitaron la realización plena de la mujer en la vida social y económica, en igualdad de condiciones que el hombre.
Las mujeres multiplican sus virtudes cada jornada al diversificar las actividades que realizan; así se le ve líder de un colectivo laboral o uno de sus miembros, o funcionarias en organismos e instituciones de la producción o los servicios al más alto nivel.
El logro de la igualdad de género ha sido un objetivo priorizado y para ello se trazan de manera permanente políticas y programas destinados al desarrollo de la mujer, para que ejerza a plenitud sus derechos en la sociedad donde ellas son protagonistas.
Tengamos en cuenta también la gran responsabilidad de la mujer en la familia y la educación de los hijos a quienes preparan para el futuro. La mujer vive y trabaja, se esfuerza, lucha, y logra múltiples resultados en el hogar y la vida social y laboral donde se desarrolla.
En conjunto, todas las actividades que realizan constituyen motores impulsores y estimuladores. Son factores que contribuyen a una realización en el plano espiritual y un crecimiento de su personalidad que las hacen imprescindibles.
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