
El violento retorno neoliberal a nuestra región impone un tránsito doloroso a los pueblos y la negación a los llevado y traídos argumentos sobre la democracia, como mostraron los panelistas en la Mesa Redonda de este lunes, en la que se abordaron las maniobras para derrocar por la vía parlamentaria a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, electa con 54 millones de votos y los intentos golpistas en Venezuela, contra las autoridades constitucionales.
Auspiciada por las más poderosas fuerzas de la reacción a escala internacional, la contraofensiva conservadora busca regresar a nuestra región a los días previos a la derrota de la supuesta Alianza de Libre Comercio para las América, conocida por las siglas ALCA, proyecto que sufriera el más rotundo descalabro en la Cumbre de la ciudad argentina de Mar del Plata.
La deposición de la mandataria constitucional por los votos de 61 senadores y con dudosos argumentos para argumentar una violación de la Ley, eso un ejemplo de cómo la democracia es violada cuando afecta los intereses de las elites gobernantes, capaces de esgrimir el derecho para imponer sus más absurdas ambiciones.
Aunque en la Cumbre del Grupo de los 20 en China, el actual presidente de Brasil intentó minimizar la oleada de protestas que recorre las principales ciudades del país, donde el 70 por ciento de la población reclama nuevas elecciones y la policía sale a la calle a golpear y apresar a los manifestantes, botón de muestra del retorno neoliberal.
Pese a la convocatoria con varias semanas de antelación la asonada golpista en Venezuela quedó en el intento por el respaldo popular al gobierno bolivariano, aunque prosiguen los intentos por imponer la violencia a la nación, con la participación de políticos opositores, financiamiento externo y participación de fuerzas paramilitares orientadas por el ex presidente colombiano Álvaro Uribe.
Brasil y Venezuela no son hechos circunstanciales. Son la secuela de una saga iniciada hace casi una década en Honduras con la destitución por la fuerza del presidente de esa nación Manuel Zelaya y continuada por el golpe parlamentario contra el gobernante paraguayo Fernando Lugo, por el simple hecho de pretender modificar la marcha de la historia.
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