
“Un enfoque paisajístico para conservar ecosistemas montañosos amenazados” se nombra el proyecto que se propone realizar un cambio de paradigma en la conservación de la diversidad biológica y la gestión de áreas protegidas en Cuba.
Este tiene lugar en el macizo montañoso Guaniguanico, en las occidentales provincias de Pinar del Río y Artemisa; Guamuhaya, en las provincias de Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus; Bamburanao, en Villa Clara, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila, todas en el centro cubano; y Nipe–Sagua- Baracoa, en la región oriental, en las provincias de Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo.
Esas zonas atesoran uno de los más altos valores de la diversidad de fauna de invertebrados en la mayor de las Antillas, con 1,769 especies de insectos y 650 de moluscos terrestres, muchas de ellas endémicas estrictas de los macizos.
Existen cerca de 36 especies en peligro de extinción, la mayoría de ellas con una distribución limitada parches de bosques que están sujetos a presiones antrópicas severas. Hasta el momento, 375 especies de vertebrados terrestres también se han registrado en las áreas de intervención, de estos son endémicos el 34%; asimismo hay un número importante de especies endémicas locales: 19, 11 y 10 especies de anfibios y reptiles resultan endémicas de los macizos Nipe-Sagua-Baracoa, Guamuhaya y Guaniguanico, respectivamente.
Según los especialistas, esta diversidad biológica se encuentra sometida a amenazas que pueden empeorar su situación y con ello contribuir a que se vean limitados los bienes ambientales.
Entre las principales amenazas se encuentran: la destrucción y la fragmentación de los hábitats naturales, los incendios incontrolados, la contaminación, el uso de prácticas agrícolas y ganaderas inadecuadas, la minería a cielo abierto, junto con los debidos al cambio climático inducido por el hombre y los desastres naturales.
Aunque existen diversas iniciativas para revertir esta situación, no resultan suficientes para solucionar, a largo plazo, las amenazas que afectan a la diversidad biológica en estas zonas montañosas prioritarias para el país.
De ahí la importancia de este proyecto que propone un cambio de paradigma para la salvaguarda de la diversidad biológica, conservar los principales refugios de la biodiversidad de los cuatro sistemas montañosos antes citados a través de la implementación de corredores biológicos que propicien la integración de las áreas protegidas con el entorno que las rodea, donde viven las comunidades y se desarrolla la actividad productiva.
Este cambio contempla desde un enfoque de sitio específico a un enfoque de paisaje que integre las áreas protegidas y sus áreas de influencia, lo cual resulta necesario a fin de proteger los refugios núcleos para la diversidad biológica, manejando la fragmentación como un todo, incluyendo la provocada por las prácticas productivas en el paisaje, y minimizando las amenazas existentes, en particular los incendios y la contaminación que tienen sus orígenes en las prácticas usuales empleadas en el sector productivo.
Se trata de un enfoque novedoso que contribuirá a fortalecer la efectividad de gestión del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.
El proyecto, anidado en los principales macizos montañosos, considerados legalmente como Regiones Especiales de Desarrollo Sostenible (REDS), trabajará a través de gradientes de altitud, desde la cima hasta la base de la montaña, a fin de mantener la conectividad funcional.
Otra de sus características distintivas es la incorporación del concepto resiliencia entendida como la capacidad que tienen determinados organismos para enfrentar cambios y adaptarse, a los efectos del impacto humano, el cambio climático y los eventos meteorológicos extremos.
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