
La Habana, Cuba. - Otra la vez la Patria convoca y el pueblo acude a su llamado. Mares inconfundibles de unidad e hidalguía desbordaron calles y plazas en toda la nación.
La fiesta proletaria en Cuba movilizó a millones de personas que apoyan la obra monumental, de la que todos formamos parte. Fusión de credos, profesiones y edades avanzaron por las principales avenidas de un país independiente, donde el júbilo desbordado no opacó la organización y disciplina.
Este Primero de Mayo, los cubanos protagonizaron una jornada inédita en el mundo: una marcha colorida, alegre, profunda. Es la respuesta incuestionable de un ejército popular, donde las armas son las ideas, el ejemplo y la resistencia frente a un Imperio, que no celebra el Día Mundial de la clase obrera, aunque fue en territorio estadounidense donde nació esa conmemoración en el siglo XIX.
Cincuenta años después del primer desfile socialista de los trabajadores cubanos, las familias inundaron el país con sus pancartas, banderas, su música, y su ingenio, esa creatividad que nos distingue y nos acompaña en cualquier circunstancia.
Vibraron las plazas y especialmente la de la Revolución, en La Habana, sitio singular de nuestra historia, que una vez más acaparó la atención de cientos de visitantes foráneos: unos, sorprendidos por la coherencia de la movilización, y otros, acostumbrados ya a estas tradicionales marchas en la capital cubana.
Otra la vez la Patria convoca y el pueblo acude a su llamado. Continúa el ajetreo de los habitantes de esta Isla que apuestan por la eficiente actualización de nuestra economía, donde el protagonista es el pueblo consciente de que como advirtió el poeta “por esta libertad habrá que darlo todo”.


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