Las mentiras del discurso

2013.02.27 - 10:06:32 / web@radiorebelde.icrt.cu / Ariel Larramendi

Hay un viejo dicho que reza: “Dime de qué te jactas y te diré de qué careces”, al parecer esta máxima popular refleja fielmente lo que sucede con algunos discursos y declaraciones de importantes personalidades públicas de Estados Unidos, incluso de sus figuras políticas cimeras.

Si tomamos en consideracin las palabras democracia y libertad, que son repetidas hasta el cansancio por el presidente Obama y sus ministros nos percatamos de que algo est podrido en Washington.
Si tomamos en consideración las palabras “democracia” y “libertad”, que son repetidas hasta el cansancio por el presidente Obama y sus ministros nos percatamos de que algo está podrido en Washington.

Hay estudiosos que han analizado discursos de presidentes y otras personalidades de la política de Estados Unidos, y han llegado a la conclusión de que es enfermiza la repetición constante de conceptos, que, en la más burda práctica de estos personajes se marca su irrespeto.

Ejemplo de ello son la palabras y, lógicamente, su significados con las cuales atiborran las adocenadas mentes de una parte del público norteamericano, a quien han acostumbrado a recibir con placer las mentiras que elaboran sus tanques pensantes.

Si tomamos en consideración las palabras “democracia” y “libertad”, que son repetidas hasta el cansancio por el presidente Obama y sus ministros nos percatamos de que algo está podrido en Washington.

En un libro titulado “La Espada y el Dólar” del periodista Michael Parenti, publicado en 1989, se puede leer: “La enorme diferencia entre lo que hacen los dirigentes de Estados Unidos en el mundo y lo que los habitantes de Estados Unidos creen que estos hacen, es uno de los grandes logros de la mitología política dominante”.

Muchos analistas señalan que Estados Unidos no es el único que usa estos subterfugios engañosos propagandísticos para manipular a la opinión pública mundial.

Dondequiera que se ejerce el poder económico capitalista y consecuentemente el ideológico subyacente en este sistema, se busca, a través de los medios de difusión, que multiplican los mensajes generados desde los centros de poder, el pensamiento inercial en las masas receptoras, aquel pensamiento en que no se contrasta lo dicho con los hechos, que no profundiza por el acomodo de que otros: los políticos, “piensen por nosotros”.

Como se señala hay palabras en el discurso político que, analizadas acríticamente, crean en la opinión pública un sentimiento de satisfacción cuando se identifica con las aspiraciones de las grandes masas.

Así, por ejemplo, el presidente George W. Bush, pronunció la palabra “Libertad” 40 veces durante su discurso de investidura cuya duración fue de 20 minutos, es decir, pronunció esa palabra, cada 30 segundos como promedio.

Su desempeño como presidente, que llevó “la guerra infinita” a incontables rincones calificados de “oscuros” del mundo, ejemplifica como la mentira y la desinformación puede ser utilizada como arma de guerra.

De esta forma, las palabras “democracia” y “libertad” en la boca de demagogos y esquizofrénicos, como es el caso del expresidente norteamericano, y muchos continuadores, pierden todo su valor semántico y se convierten en su contrario.



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