
A 161 años de su natalicio el 28 de enero de 1853, se recuerda a José Martí como paradigma de orador, poeta, escritor y líder político; que actuó y vivió de acuerdo con los desafíos de su tiempo.
La eticidad de su obra, su prédica, aliento, creatividad y espíritu íntegro, estuvieron consagrados a la obtención de la total libertad para Cuba.
Martí trasciende el tiempo y mantiene su vigencia en nuestros días; un ejemplo de ello son las cartas que escribió a María Mantilla que constituyen certeras verdades; en algunas de sus partes le dice: “Elévate, pensando y trabajando; un alma honrada, inteligente y libre, da al cuerpo más elegancia y más poderío a una mujer, que las modas más ricas de las tiendas; mucha tienda poca alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco. Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza echa luz”.
“No tengas nunca miedo a sufrir- agrega en otra misiva- ; sufrir bien por algo que lo merezca da juventud y hermosura. Mira a una mujer generosa: hasta vieja es bonita y niña siempre; sólo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño: y mira a una mujer egoísta, que aún de joven, es vieja y seca”. Ni a las arrugas de la vejez ha de tenerse miedo- esas arrugas que tú tienes, madre mía-, no son las arrugas feas de la cólera, sino las nobles de la tristeza”-Quiere y sirve, mi María, así te querrán y te querré”-.
En el final de otra le dice: “trabaja”, y luego se despide de la niña de quien llevaba un retrato al caer mortalmente herido en el combate en Dos Ríos.
Lo anterior encierra tanta sabiduría que sería provechoso y útil que lo interiorizaran los niños, adolescentes y jóvenes de esta época a quienes a veces los envuelve el consumismo y la superficialidad.
Comenzamos a estudiarlo desde los primeros años de la vida en el círculo infantil o las vías no formales, y más tarde en la escuela primaria a través de las lecturas de la Edad de Oro, que encierran una enseñanza en cada una de sus páginas, escritas con amor para los niños y las niñas.
El componente moral que le dio a todo lo que hizo, constituye uno de los legados más grandes de José Martí al pensamiento revolucionario y pedagógico cubanos, y a la ejemplaridad de la lucha revolucionaria.
Esa interrelación entre pensamiento y acción en El Apóstol es impresionante; él nos dio la mejor de las lecciones que fue su propia existencia. Hay una coherencia extraordinaria entre el lenguaje que emplea en sus discursos y artículos y el imponente y educador lenguaje de sus actos.
Cuando lo mencionamos, ya sea en la escuela, en la casa, o en alguna conversación con los amigos, nos parece que hablamos de alguien muy cercano porque él forma parte de la vida de los cubanos. En él se encierra todo el amor y la virtud que necesita la humanidad en estos tiempos.
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