Las rutas montaeses de Ramn Barzaga y su rastra

2014.09.15 - 06:37:41 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo Garca Fombellida

Ramn traslada a su nieta a la escuela. Foto: Aroldo Garca

Holguín, Cuba.- El sol mañanero de este septiembre caluroso aún no lograba sobrepasar la imponente loma de Los Calderos, allá por “el Sitio”, en las intrincadas montañas de Sagua de Tánamo.

Como hermoso adelanto de su trayectoria, sus rayos, recortando con el fondo de la elevación las palmeras, y los demás árboles del verde follaje, regalaban un espectáculo verdaderamente singular, inadvertido quizás para el lugareño, pero impresionante para alguien “de paso”, como este reportero de Radio Rebelde.

Puede que no sea mucha la diferencia de tiempo, pero se dice, que por el extremo oriental de Cuba llegan primero los amaneceres. Ese privilegio se disfruta, sobre todo si el andar es por el lomerío.

Absorto en esta inigualable contemplación, sin un ápice de agresión sonora al concierto de avecillas que otorgan al ambiente una muestra elocuente de la perfección natural, cuando el oído comienza a recibir las señales inequívocas que anuncian la cercanía, por alguno de los trillos, ahora bien enfangados, de alguna de esas características “yuntas de bueyes”, que por estos lares son imprescindibles para el traslado de disímiles cargas.

Las voces de mando de quien llama por sus nombres propios a “Napoleón y a Negrito” se tornan totalmente nítidas cuando aparece ante nuestra vista un par de robustos ejemplares, arrastrando una especie de rústica y enorme “V”, confeccionada de un grueso tronco de árbol. A ambos lados de esa estructura que puede tener, “a ojos vista” poco más de un metro de largo, se colocaron, en forma vertical, cuatro ramas pulidas, dos a cada lado, y otras dos, pero de forma horizontal.

Así se completa la cama de “la rastra”, que es así como denominan a este medio de transporte “todo terreno”, imprescindible para “bajar” el café, el cacao, los demás alimentos agrícolas que se cosechan… y todo lo demás. Y conste, que en ese “todo lo demás” hay más de un ejemplo.

La “rastra” de Ramón Barzaga Mosqueda, que es así como se llama, quien espontáneamente se me presenta, con un franco estrechón de manos, tiene en su itinerario, como primera misión del día, trasladar “desde allá adentro” donde reside la familia, a su nietecita Yurisleydi, y así recorrer los varios kilómetros hasta la escuelita primaria en “El Sitio”, donde la niña recién comenzó el tercer grado.

En el trayecto, van recogiendo a tantos más como quepan en el valioso medio de transporte montano. Poco después del mediodía, el recorrido es a la inversa, de regreso a casa.

Ramón, es integrante de la cooperativa Tania la Guerrillera, labora en la zona cafetalera de Vista Alegre. Ahora están en plena cosecha. En su rastra traslada todas las tardes lo recolectado por sus compañeros hasta la nueva despulpadora ecológica levantada en El Sitio.

Ya casi de noche, Ramón vuelve a recorrer los trillos hacia el hogar familiar, a veces con los últimos rayos del sol, la mayoría sin ellos. No se va a descansar sin antes atender a sus inseparables “compañeros” del fuerte trabajo cotidiano, y hasta revisa “el equipo”, dejándolo listo para el primer viaje del día, justo después del amanecer.

“Mi nieta, y todos los demás muchachitos de la zona son el futuro de estas montañas compay, y hay que cuidarlos, y enseñarlos. A veces cuando tengo un ratico más, me quedo mirando cuando entran a la escuela, así uniformaditos, con las mochilas de colores, y los libros, quien iba a soñar eso. Si yo hubiera tenido esas oportunidades caray…”

Y a este hombre humilde, pequeño de estatura, hecho al trabajo fuerte, y de quien adivino un enorme corazón en medio del pecho, lleno de bondad, se le nubla la vista, y lo disimula, cambiando su mirada hacia los arreos de la rastra.

Concho Ramón, entonces hoy no hubiera quien trajera a la niña para la escuela, se me ocurre decirle, y consigo el efecto de sacarlo de aquel momento recordando esas historias tristes que abundan por estas montañas.

“Cuando usted venga por aquí, no se olvide, cualquier día, y a cualquier hora… allá, detrás de esa loma de los calderos, en Vista Alegre, Ramón Barzaga Mosqueda, para servirle, tiene casa, y persona”.

Tengo que darle un abrazo de agradecimiento a Ramón. La casualidad quiso que me lo encontrara, y conociera su historia, La historia hermosa de tantos, y tantas familias, que monte adentro, y montaña arriba, cambiaron definitivamente sus vidas, desde aquel día glorioso, cuando definitivamente amaneció al mismo tiempo para todos en Cuba.

La rastra de Ramn Barzaga Mosqueda. Foto: Aroldo Garca

La rastra de Ramn Barzaga Mosqueda. Foto: Aroldo Garca

La rastra de Ramn Barzaga Mosqueda. Foto: Aroldo Garca



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