Los Sueos de Camilo, y algo ms

2013.07.22 - 13:43:12 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo Garca Fombellida

Crculo infantil Sueos de Camilo, en Holgun. Foto: Aroldo Garca

Holguín, Cuba.- La calle Camilo Cienfuegos de Cacocúm, recién asfaltada, reverbera cuando cercano el mediodía la vamos transitando a pie en casi toda su amplia extensión. Dicen que es "la hora que el perro no sigue al amo", una vieja aseveración con clara explicación científica, pues, como es sabido, los nobles animalitos son observadores de la sombra humana para no detener su paso.

Pero, en este momento del día, los rayos solares "aterrizan" en vertical, aplastan, y "cocinan" a cualquiera, y de paso no le dan chance ni a la mismísima sombra humana para proyectarse en el suelo.

Por un momento buscamos la protección de un frondoso árbol, que acabamos de descubrir junto a la vía asfáltica, pero, sucede que, apenas detenemos el paso, nuestra vista va directamente hacia una imagen, que verdaderamente impresiona.

Allí, a escasa distancia, con la sola separación de una cerca metálica, un hombre, ya entrado en años, casi en cuclillas, bajo aquel sol "raja piedras", acciona con destreza una "brocha gorda" empapada de blanca pintura, que poco a poco va cubriendo un pequeño promontorio de concreto sobre el cual descansa un busto de José Martí.

Muy cerca, en el suelo, se observan varios instrumentos... una escoba, un rastrillo, y hasta un machete.

Tan absorto se encuentra en su labor, que ni siquiera advierte que nos acercamos, y ya estamos junto a él. La casualidad estaba a punto de entregarnos un regalo muy especial.

Bastó saludo y breve presentación para descubrir la nobleza de José Miguel González. Para servirle a usted... nos dice, al momento de poner el antebrazo ante nuestra mano extendida, "perdone que no le de la mano, es pa que no se pinte usted compay".

Ante la única pregunta nuestra, el humilde trabajador de mantenimiento general del Círculo Infantil "Sueños de Camilo" se nos mostraba en toda su real dimensión... Óigame, si usted supiera en lo que yo estaba pensando aquí, ahora mismo, va a llevarse la idea de que estoy medio loco... Estaba aquí, mejorando todo esto, y de pronto sentí como si Martí me estuviera mirando compay, y hasta lo empecé a ver ahí mismo, vivo, parado ante mí, de cuerpo entero. Le juro que llevo un buen rato en esto, y estaba tan metido en esos pensamientos que ni lo vi llegar a usted. Perdone. Usted busca a la directora?.

Les confieso que ya me podía marchar de aquel sitio, y me iría emocionado y grandemente impactado, gracias al privilegio de haber conocido a ese humilde compatriota.

Sin embargo aún me quedaban unas cuantas emociones más. Ya para entonces, estaba junto a nosotros la directora del centro, Milagros Bidopia, quien nos recibía con una sonrisa amplia y franca, invitándonos a pasar, enseguida que conoció nuestra procedencia.

Huelga decir que ni remotamente se conocía allí que recibirían una visita de periodista alguno, por lo cual, no existía ningún preparativo de muestra. Y fue mejor.

Recorrí un recinto donde la realidad supera cualquier expectativa. Limpio al extremo detallista, organizado, bello a la vista, y hermoso al corazón.

Casi en puntillas, para no ser advertido por los pequeños príncipes, me asomé a los amplios salones, donde algunos terminaban el almuerzo, atendidos con maternal ternura por las asistentes, mientras otros ya descansaban en los pequeños catres de madera, al amparo de la fresca brisa entregada por los cercanos árboles del patio en vía libre, gracias a los espaciosos ventanales existentes.

Quizás a esta hora Elisa, obrera del centro municipal de Higiene, ni siquiera pueda imaginar en toda su real dimensión, la dulzura y la calma conque en este preciso momento atienden a su pequeñita hija Leyla Rosa para que no quede nada en la bandeja de su almuerzo. Uno a uno, cada uno de los 163 niños y niñas presentes, recibe idéntica atención.

Ya casi me marcho, pero el entrenado olfato de la profesión me lleva hasta un cercano pasillo donde una asistente, que enseguida se que se nombra Neyda Peña, avanza con unos de sus "hijitos" cargado, mientras trae a otro de la mano:

"Llevo veinte años aquí, aunque es este mi centro de trabajo, le puedo decir que para mí lo que hago realmente es disfrutar con "mis niños". Y así ha sido desde el día que puse por primera vez mis pies en este lugar, y me jubilo aquí, si Dios quiere. Esta es mi familia, mi pasión son los niños".

"Alguna vez, en estos veinte años, llegué aquí con preocupaciones personales, o con algún malestar físico, pero le puedo decir que de solo verlos sonreír a ellos, ya se me olvidaron todos los problemas".

Ahora, sin percatarme, la confesión martiana de José Miguel se me ha transferido. Imagino al legendario Comandante, invadiendo con su sonrisa, y su risa cada espacio de este lugar. Veo su uniforme y su sombrero de ala ancha, y veo más, mucho más.

Aquí, en este pedazo de Cuba, por donde un día de 1958, pasó Camilo Cienfuegos, al frente de su columna invasora, su presencia está latente, y sus sueños transformados.

En el círculo infantil de Cacocúm, y en tantos otros sitios tan humildes como este, se han encargado de hacerlos realidad, y multiplicar más todos los días, los "Sueños de Camilo". (Fotos del autor)

Crculo infantil Sueos de Camilo, en Holgun. Foto: Aroldo Garca

Crculo infantil Sueos de Camilo, en Holgun. Foto: Aroldo Garca

Crculo infantil Sueos de Camilo, en Holgun. Foto: Aroldo Garca

Crculo infantil Sueos de Camilo, en Holgun. Foto: Aroldo Garca

Crculo infantil Sueos de Camilo, en Holgun. Foto: Aroldo Garca



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