
¿Cuántos de ustedes han tildado a alguna persona de “machista” o recibido por determinada acción este apelativo? Muchas veces utilizamos la palabra de manera impulsiva, conscientes o no, en un determinado contexto o situación cotidiana, para sentenciar a alguien que dijo o hizo algo que consideramos inapropiado, discriminatorio?.
Alocuciones de esta índole se pueden escuchar a diario, a manera de protesta, de crítica, quizás hasta en la búsqueda de un cambio; pero no siempre nuestras acciones se corresponden con eso que predicamos; algo así como la frase popular: haz lo que yo digo, no lo que yo hago.
La Psicóloga y Educadora Popular, Laydens Beltrán, nos comenta que en muchas ocasiones, hombres y mujeres refieren que no son machistas, incluso se manifiestan contra esa postura; sin embargo, no admiten en sus hijos actitudes que a su parecer demuestren debilidad; o que consideran, según las normas de la sociedad, más propia de un sexo u otro. Entonces, aceptan lo que otros hacen o dicen; pero no toleran esas mismas situaciones en su hogar.
Durante algunas de las encuestas realizadas, hombres y mujeres se referían constantemente al Machismo, aún cuando en ese momento no abordábamos directamente el tema. Las opiniones coincidían en que el fenómeno está muy arraigado en Cuba, sin distinción de sexo, ni edad.
Sobre el tema conversamos con la Psicóloga, Sexóloga, y Profesora Auxiliar de la Universidad de La Habana, Mayte Díaz, quien refiere que el Machismo o la masculinidad hegemónica, como también se le conoce, es una herencia del patriarcado como lógica de relación y de comprensión del mundo, donde el hombre es el género predominante en la condición humana.
Machismo, hombría, masculinidad y virilidad, son términos con muchos puntos en común en nuestro país; y a pesar de ser muy criticados por ambos sexos, parecen gozar de gran arraigo en los diferentes grupos sociales, afirma Mayte, quien trabaja en el grupo de reflexión y solidaridad Oscar Arnulfo Romero.
La también Máster en Sexualidad explica que el Machismo fue validado en Cuba como una forma de la cultura; un término que acompaña a los niños desde su nacimiento, y los coloca como centro y eje del mundo, condenados a marcar diferencias durante la mayor parte de sus vidas.
Desde pequeños escuchamos decir que los hombres no lloran, que las niñas son de la casa; es decir, infinidad de expresiones, que distancian a uno y otro sexo, e imponen estereotipos de poder para los hombres y sumisión para las mujeres. (Identidad de Género en la Niñez, Feminidad, Masculinidad)
A lo largo de la historia, y aún hoy, el machismo se refleja en diversos aspectos de la vida social, unas veces de manera más directa, otras más sutil; pero siempre se minimiza a la mujer, frente a la figura del hombre.
Mujeres y hombres necesitan redimensionar sus roles desde sí mismos, y no basados en conceptos añejos, estereotipos y prejuicios heredados de generación en generación. Se impone repensar la masculinidad y la feminidad, desde la distribución de funciones de género según diferencias personales y no genéricas.
Se deben construir, además, en el ámbito familiar, laboral o social relaciones sin que medien imposiciones ni dependencia emocional, en las que se comparta en lugar de competir, en la que se estimule y apoye el crecer personal. (Coautoría Isel Quintana Freyre)
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