Martí adolescente en el ojo del canario

2014.03.06 - 15:42:30 / web@radiorebelde.icrt.cu / Yirian García de la Torre

Martí adolescente en el ojo del canario. Foto Cubadebate

Hace casi 150 años, era apenas un adolescente e igual el joven José Martí es condenado, por un tribunal español, a seis años de prisión, en el marzo de 1870.

Vale la historia que nos lleva a desandar caminos que hoy se antojan cinematográficos y en la mirada del cineasta cubano Fernando Pérez, “Martí, el ojo del canario”, parece una deuda demasiado vieja por pagar, pero al fin y al cabo iniciado, pensando al apóstol como merecemos en estos días de tecnología inteligente.

En su encuadre cinematográfico se prioriza lo que quiere provocarnos. Martí en su obra focaliza su intención narrativa con la fuerza de abarcar el close up de un sentimiento demostrativo.

En Arte Siete, Fernando Pérez, también guionista, afirmó que su propósito era mostrar sólo la niñez y la adolescencia de Martí (1853 – 1595), desde su espiritualidad, que por ser la etapa de formación de la personalidad, en el casting buscó que quien interpretara a Martí tuviera la profundidad de la mirada que le interesaba mostrar, que reflejara la profundidad espiritual del autor de los Versos Sencillos, todo lo que éste encerraba. Agregó la escenografía y los planos cerrados que mostraran la época para resultar el producto cinematográfico que agradecemos.

  
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Experimentar a Martí, es observar al hombre, su estructura unitaria, intelectual. Reconocer al propio ser humano del Apóstol conocido, en quien se integra inteligencia y personalidad desde el espíritu para llamar a la práctica, a la acción, para conmover al prójimo desde adentro, para la patria que lo vio nacer y le inculcó, aún en poco tiempo de vivirla, el favor de creer en su independencia y su libertad como lenguaje único de crecimiento del ser humano.

  

En “Fundamentos e implicaciones educativas de la inteligencia afectiva”, Valentín Martínez – Otero Pérez de la Universidad Complutense de Madrid, España, defiende que “la inteligencia humana es una, aunque compleja. No se niega, pues, que la inteligencia está integrada por diversas aptitudes interdependientes, presentes de modo distinto en las personas. La metáfora del árbol resulta particularmente adecuada para acercarnos al concepto de inteligencia propugnado por cuanto nos permite contemplar una planta cuyas raíces se hunden en la personalidad y que se eleva merced a un tronco común a todo comportamiento inteligente que se ramifica en aptitudes de especificidad variable.”

A partir de este tropo, de las propias búsquedas de Fernando Pérez para su mirada martiana y de los preceptos de la familia Martí – Pérez, se crea un referente espiritual, con la apoyatura escenográfica y musical, exacta si se quiere, para llenarse del Martí niño, adolescente e involucra al espectador en un referente emocional práctico, vivencial del padre intelectual y afectivo de María Mantilla, de su propio Ismaelillo cuando multiplica su ramificación espiritual.

Experimentar a Martí, es observar al hombre, su estructura unitaria, intelectual. Reconocer al propio ser humano del Apóstol conocido, en quien se integra inteligencia y personalidad desde el espíritu para llamar a la práctica, a la acción, para conmover al prójimo desde adentro, para la patria que lo vio nacer y le inculcó, aún en poco tiempo de vivirla, el favor de creer en su independencia y su libertad como lenguaje único de crecimiento del ser humano.

Según Rolando Pérez Betancourt es el “José Martí de doce años de edad que le teme a los ladridos de un perro, y se deja vapulear por unos matoncitos de escuela, y se estremece ante la visión casual de un seno, y apenas se atreve a alzar la mirada frente a la imagen implacable del padre, tendré que explicárselo a mi hija de nueve años y con ello remarcarle que detrás de tantas fotos y monumentos de bronce y pedestales de piedra hubo de ser un sensible, ¡de carne y hueso! como ella misma, un niño que se fue transformando y enriqueciendo a tono con los reclamos éticos de su tiempo.”

La película Martí… es para todos los tiempos, un mensaje que involucra los fundamentos e implicaciones educativas de nuestra posición. Un compromiso social con el desarrollo de la inteligencia de las generaciones futuras desde la realidad socio cultural, desde la identidad, la creación y la acción en el contexto de cada uno.

Fernando dice en la sinopsis del filme en el blog Estrenos cinema y en la página como candidatura a los premios Goya: “José Martí fue un hombre de una sensibilidad muy especial que marcó la historia de Cuba, pero también fue un ser humano común, corriente, como cualquiera de nosotros. Creo que eso es lo que lo hace grande a los grandes hombres. Mi película se sumerge en la complejidad cotidiana que formó el carácter de Martí durante su infancia y adolescencia. La mirada será más personal que histórica, más subjetiva que biográfica. Cada cubano tiene su Martí.”

  
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La personalidad aflora como un sistema abierto y en constante proceso de intercambio de información y afecto con la realidad, en el cual se desarrolla y auto transforma. El porqué del comportamiento humano parte de que “Lo social es esencial en la formación y desarrollo de la personalidad y lo psicológico en su historicidad es un determinante esencial de la personalidad”, afirma Domínguez García y Fdez. Rius, en Selección de lecturas sobre psicología.

  

El Martí espiritual y el entorno biopsicológico de la cinta, reconoce un Martí esperado hace tiempo, un Martí necesario, un Martí para estos tiempos que regodeara la sociedad con errores y virtudes actuales, hiciera pensar y rehacer evocaciones fuera de todo dogma constructivo de apologizar una figura histórica.

Las personas hicieron tangible al niño, al adolescente, al joven Pepe de hoy, ese que necesita algo más que un engominado héroe, un frío monumento, una celebración, un homenaje dogmático fecha por fecha o una saturación numérica de efemérides, sin sentir la descontextualización cruda por un producto comunicativo sin receptor del otro lado, sin el referente intelectual cubano.

Una perspectiva adoptada, a veces, clama en los silencios de estudios de audiencia o de impacto televisivo que, confiados plenamente en el análisis y evaluación de los aspectos racionales; han pasado por alto, por ejemplo, el papel de la afectividad y del entorno, la realidad audiovisual que demanda hoy la sociedad en Cuba.

En el ámbito del estudio, comprensión y muestra de la obra martiana en los medios de comunicación hay divorcios, orfandades y autocomplacencias, más que una visión integral de la persona que permita mejores resultados. A su favor tuvo Fernando la realización madura de su entorno de realización, el elenco, una fotografía egregia, y una interpretación subjetivista y espiritual desde su Martí.

Si retomamos el tropo de Rafael Rey y Rafael Pérez Ubieta, como productor y director de fotografía, aborda la vida de José Martí desde los nueve hasta los 17 años, etapa de su mayor contacto físico con Cuba, con su naturaleza, su realidad de entonces, su sentir fenoménico en la enseñanza y el trabajo de su época. La música enaltece el resultado final con creces.

En la página http://ecine.info/filmes/17592/jose-marti-el-ojo-del-canario/ plantea la sinopsis: “Martí entre los 9 y los 17 años: los únicos años en que conoció de cerca a su patria y en los que aprendió a amarla y entenderla, para hacer la magna obra que le tomó el resto de su vida. No es una biografía: es un itinerario espiritual.”

La personalidad aflora como un sistema abierto y en constante proceso de intercambio de información y afecto con la realidad, en el cual se desarrolla y auto transforma. El porqué del comportamiento humano parte de que “Lo social es esencial en la formación y desarrollo de la personalidad y lo psicológico en su historicidad es un determinante esencial de la personalidad”, afirma Domínguez García y Fdez. Rius, en Selección de lecturas sobre psicología.

Más que la propia imagen martiana se refleja el entorno, en la luz, los sonidos del campo, el intercambio con las mujeres de la familia, la claridad de las imágenes de injusticia, los ejemplos de humillación, la miseria humana, el abuso o la ayuda de personas que le mostraron el camino del estudio, la necesidad de escribir y aprender, o los que le facilitaron sus deseos.

“De sobra se conoce que el cine opera mediante la conjugación de varios atributos. No es ya el guion únicamente, sino la fotografía en movimiento – dígase movimientos de cámara, cambios de planos y focalización, así como el uso del sonido con carácter semántico que sirve como sostén al concepto general de la puesta en escena.” (Conferencista Danay López Vázquez, José Martí y la necesidad de la imagen en movimiento.

Lo que parece claro es el Martí que en momentos decisivos, es capaz de ponerse en el lugar de los demás, reconoce los estados de ánimo propio y ajeno. ÉL aprende a expresar lo que siente. A no pocos extrañó que Pérez, un director, más experimental, viviera el riesgo que suelen traer esos empeños históricos, cuando no renuncia a ser polémico desde otra visión, su Martí y la posibilidad de crear.

Muchas son las deudas con la obra martiana y las edades de la niñez y la adolescencia, la formación de la personalidad y su paralelismo axiológico para la sociedad que se quiere continuar. Los creadores debemos conspirar al hacer la obra desde y por Martí, interactuar y sopesar resultados del producto comunicativo con ese sexto sentido de la visión abarcadora más allá de la creación propia si es desde y por Martí hay que pensar y sentir tal cual, como en aquella fecha de marzo de 1870.



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