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10.05.2010 - 5:43 pm
Jose Mart y la cultura rabe
Por Jos Cantn Navarro
A Jos Mart se le conoce, en primer trmino, como Hroe Nacional y Apstol de la independencia de Cuba. Adems, en el mundo de las letras se le considera como uno de los ms altos exponentes de la cultura nacional. Pero hay aspectos medulares de su ideario que no han sido suficientemente estudiados ni divulgados.
Uno de esos aspectos es la dimensin universal de su pensamiento, de sus sentimientos y de su accin revolucionaria.
Su entrega total a la lucha por la emancipacin de Cuba y Puerto Rico traspasa los lmites de su isla caribea y de su gran patria latinoamericana: con la independencia de las dos Antillas, busca tambin la libertad, el progreso y la felicidad de todos los pueblos del mundo.
Lucha en esta isla, porque fue aqu donde le toc nacer y porque es esta la parte de la humanidad que tiene ms cerca; pero en varias ocasiones advirti que sus objetivos tenan un alcance mucho mayor. Por ejemplo, una vez dijo: Es un mundo lo que estamos equilibrando; no son slo dos islas las que vamos a liberar (3: 142-143).
Nuestro Apstol fue un enamorado de la cultura universal; estudi la vida creadora de todos los pueblos, y la reflej admirablemente en sus obras.
Resulta lgico, por consiguiente, que encontremos en sus escritos y discursos, en su conciencia y en sus sentimientos, un amor infinito a todos los hombres sin importar colores, credos ni nacionalidades, y una solidaridad militante con todos los que pelean contra el vasallaje, las desigualdades e injusticias en cualquier rincn del planeta.
Su denuncia contra esos males, as como su palabra de aliento a los luchadores, va desde los pueblos indios de toda la Amrica, diezmados por la explotacin, la humillacin y el exterminio, hasta las tribus africanas, vctimas de los colonialistas, traficantes de esclavos e imperialistas; desde los puertorriqueos subyugados, hasta los vietnamitas, cambodianos o hindes, que pelean bravamente contra el opresor extranjero; desde los mexicanos, con su pas cercenado, hasta los irlandeses que batallan por sacudirse el yugo ingls y los polacos que rechazan la opresin zarista.
Y entre los pueblos que gozaron de su simpata ms activa, de su mayor apoyo y defensa, se encuentran los rabes.
Cuando Mart no ha cumplido an sus 16 aos, escribe su primer drama en versos, Abdala, en el cual simboliza a Cuba por medio de una tierra rabe, Nubia, que lucha contra el invasor. Son tambin rabes los personajes de ese drama, sobre todo el protagonista, en el cual se descubre al propio Mart. Adems, una mujer nubia representa a la madre del Apstol, cuyo amor inmenso no le permite comprender ni admitir el sacrificio de su hijo. As, se reflejan en ese drama los dilemas familiares que tiene el propio Mart, sus sueos e ideales, y su decisin de lucha a muerte contra la dominacin colonial. Y todo ello, reiteramos, se desarrolla simblicamente en un escenario rabe, con personajes tambin rabes.
A partir de entonces, en todas las etapas de su vida, Mart hallar motivos suficientes para evocar y honrar a esa raza sufrida, laboriosa y rebelde. Entre 1875 y 1895, no hay un slo ao en que falten referencias a esa temtica en sus escritos.
Si quisiramos resumir en slo dos lneas el alto concepto que estos pueblos le merecan a Mart, bastara con citar un comentario que hizo sobre un cuadro (La batalla de Tetun) del gran pintor cataln Mariano Fortuny. En ese comentario, el Maestro se refiri a los rabes como aquellas giles y encantadoras criaturas que forman el ms noble y elegante pueblo de la tierra (28: 125).
Afirmacin tan precisa no poda reducirse, en hombre de su rigor conceptual y su honestidad, a una bella frase ocasional, sino que entraaba un conocimiento slido de los pueblos rabes y una innegable simpata haca ellos.
Pienso que las races de esta afinidad son numerosas. De entrada, hay que tener en cuenta los principios internacionalistas que guiaban invariablemente al Apstol; su temprana decisin de echar su suerte con los pobres y oprimidos del mundo, y su conocimiento de las luchas milenarias de los pueblos rabes contra las potencias colonialistas, lo que nos hermanaba con ellos, pues suframos parecidas injusticias y pelebamos contra los mismos enemigos.
Por otra parte, el prcer cubano estaba al tanto de la vida azarosa de aquellos pueblos, de su voluntad para vencer las condiciones naturales ms inhspitas, y de la tenacidad indoblegable que mostraban en la defensa de su fe, de sus principios y convicciones.
Tambin contribuyeron a ese conocimiento y admiracin la inmensa cantidad de obras histricas y literarias que ley Mart sobre temas arbigos, y la infinidad de creaciones artsticas que observ y coment.
Particularmente decisivas resultaron las vivencias de su estancia en Zaragoza y otros sitios de Espaa durante cuatro aos, lo que le dio oportunidad de valorar en toda su dimensin el esplendor de la cultura morisca y el aporte de ese pueblo a la cultura universal.
Cuentan amigos suyos de aquella poca que durante su permanencia en suelo aragons aprovechaba los das festivos y sus descansos ocasionales para visitar monumentos histricos y artsticos, sobre todo la Aljafera, y que entre frisos, capiteles y arcos, murallas y jardines, lo embriagaban fuertes emociones. Aquellas visitas le inspiraron versos como estos:
Amo los patios sombros
con escaleras bordadas,
amo las naves calladas
y los conventos vacos.
Amo la tierra florida,
musulmana o espaola,
donde rompi su corola
la poca flor de mi vida. (16: 75)
Lo cierto es que toda la obra martiana est marcada por esta afinidad con la cultura rabe.
Poticamente, los motivos rabes influenciaron poderosamente en Mart. Por lo menos cinco de sus poemas estn dedicados ntegramente a ese tema, y en otros 15 abundan las referencias parciales. Ya hemos mencionado a Abdala; pero hay otro bello poema que titul rabe, en que aora la vida nmada del moro, su libre albedro, sus costumbres y su caballo. Citaremos un fragmento:
Sin pompa falsa, oh rabe!, saludo
tu libertad, tu tienda y tu caballo.
Como se ven desde la mar las cumbres de la tierra,
tal miro en mi memoria mis instantes felices:
slo han sido aquellos en que, a solas,
a caballo vi el alba, salv el riesgo, anduve el monte,
y al volver, como t, fiero y dichoso,
solt las bridas, y apur sediento
una escudilla de fragante leche.
Los hombres, moro mo,
valen menos que el rbol que cobija
igual a rico y pobre;
valen menos que el lomo imperial de tu caballo. (16: 243).
Mencin especial merece el libro de versos dedicado a su hijo Jos Francisco, cuyo ttulo, Ismaelillo, evoca a Ismael, hijo de Abraham y de Agar, a quin la leyenda bblica seala como padre de la raza rabe. En los poemas llama a su hijo Ismaelillo y lo califica de rabe. Es un sentimiento muy profundo de amor a los pueblos rabes el hecho de identificar con ellos a su nico hijo.
Precisamente en relacin con su pequeo Ismaelillo, hay otra manifestacin de su inters por las naciones rabes y de la influencia que han ejercido en l. Refirindose a Egipto, dice que es la tierra a donde hemos de hacer el primer viaje de recreo mi hijo y yo (7= 396).
Amante de todo lo que es grande por su belleza, por su funcin social o por su sabor de humanidad, Mart aborda en su extensa obra las ms relevantes facetas de los pueblos rabes: su ancestral cultura y proverbial sabidura; su historia y costumbres, sus paisajes y leyendas, sus virtudes e ideales, sus hroes y hazaas, su amor a la independencia y la libertad.
Sobre todo le impresiona la fecunda huella que en la arquitectura y otras artes dejaron los sarracenos en Espaa, particularmente en Andaluca. Habla de la voluptuosa poesa nacida de los crmenes andaluces, y llama poemas de piedra al Generalife, al Alczar, a Toledo y a Crdoba. Pondera la habilidad de los moros en la difcil ciencia de las lneas, cuando se refiere a los citados monumentos arquitectnicos.
Entre esos monumentos, le llama particularmente la atencin el majestuoso palacio de la Alhambra, que es, para l, fuente de poesa. Considera como joyas de la cultura rabe la arquitectura y los encajes de piedra del soberbio palacio, y sostiene que es all, en Granada, donde el hombre logr lo que no ha logrado en pueblo alguno de la tierra, cincelar en las piedras sus sueos (18- 209).
Al igual que la arquitectura y la escultura, le atraen las dems manifestaciones del arte y la laboriosidad de los pueblos rabes. Conoce y elogia los aceros de Damasco y los nices de Arabia y Argel; los tejidos, perfumes y jazmines de Arabia; el trabajo de los talladores egipcios. Seala que el arte bizantino fue modificado por la influencia rabe, y que la literatura de este pueblo ha ganado a los lectores europeos. Incluso muchas obras literarias de otros pases lejanos como Las mil y una noches, fueron difundidas por el mundo en lengua rabe.
Reconoce el cuidado y la proteccin que dan los mahometanos a los cedros del Lbano; el salero y destreza de las bailarinas egipcias; el amor y la habilidad con que los rabes cran a sus caballos, los cuales le dan pie para una bella imagen potica: dice que siente en su alma un corcel de Arabia (19: 45).
Mart aprecia los nobles sentimientos que caracterizan al pueblo rabe, entre ellos el de la ternura. Cuenta cmo un emir, despus de vencer en la batalla y al abandonar el campamento, se niega a desmantelar su tienda porque en lo alto del techo haban anidado dos palomas. Al regresar, aos despus, fund en el mismo lugar del viejo Cairo la fastuosa Fustat, ms tarde un arrabal del Cairo nuevo.
Est presente en toda la obra martiana una alta estima por la inmensa sabidura de los rabes, latente en su ciencia, en sus proverbios, en sus tradiciones universales. Admira al caudillo argelino Abd-el-Kder, quien, frente a las desigualdades de la vida, escribi sobre la justicia de la muerte. A la sabidura rabe recurre el eximio patriota cubano en ocasiones, incluso para enfrentar situaciones de la lucha revolucionaria que encabeza. As, en abril de 1894, criticando a los pusilnimes que, incapaces de todo sacrificio, alzan obstculos en el camino de la revolucin, apunta: Del rabe se han de tomar dos cosas a lo menos: su oracin de todos los das, en que pide a Allah que le haga ir por camino recto, y el proverbio aquel que dice que no llegar al final de su jornada el que vuelva la cabeza a los perros que le salgan al camino (3= 117).
El dirigente mximo de nuestras luchas liberadoras del 95 se revela contra una corriente muy fuerte que afecta, en primer lugar, a las clases dominantes de Europa y de Amrica del Norte, y que consiste en dar la condicin de naciones civilizadas nicamente a las grandes potencias colonialistas, calificando como pueblos brbaros a los del mundo atrasado, explotado, el que hoy llamamos tercer mundo.
Mart refuta esa corriente, y sostiene que es precisamente en los pueblos de frica y de Asia donde estn la cuna del hombre y sus primeras y magnificas civilizaciones. Poniendo su pensamiento propio en boca de un joven bachiller, condena a quienes sostienen que unos ambiciosos que saben latn tienen derecho natural de robar su tierra a unos africanos que hablan rabe. Fustiga el pretexto de que la civilizacin, que es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo, tiene el derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la Amrica europea. Y concluye: como si cabeza por cabeza y corazn por corazn, valiera ms un estrujador de irlandeses o un caoneador de cipayos, que uno de esos prudentes, amorosos y desinteresados rabes que sin escarmentar por la derrota o amilanarse ante el nmero, defienden la tierra patria, con la esperanza en Alh, en cada manos una lanza, y una pistola entre los dientes (8 2= 442).
Un rasgo caracterstico de la cultura rabe se muestra en sus conocidas leyendas y ritos. Y Mart refleja muchos aspectos de ese rico mundo espiritual. As, nos recuerda la leyenda de aquel sicomoro que creci hasta el ao 1636 en las cercanas de El Cairo, bajo cuya sombra cuentan que se protegieron del sol Mara y el nio Jess en su fuga por Egipto.
De acuerdo con el anlisis martiano, el islamismo ha desempeado un importante papel como factor de unidad y como fermento poderoso que impuls la lucha de los pueblos rabes contra la explotacin, la opresin y la humillacin a que han sido sometidos durantes siglos. De ah la conclusin de que, como demuestra la historia de estos pueblos, la fe no est necesariamente reida con la decisin de luchar con las armas por una causa justa.
En la obra de Mart podemos encontrar infinidad de referencias a famosas personalidades de la historia de los pueblos rabes, as como a la belleza y los encantos de la mujer rabe.
Mart elogia como ya vimos a Abd-el-Kder, el caudillo argelino que sostuvo una guerra prolongada contra el colonialismo francs (1832-1847), y destaca su bravura y sabidura. Escribe tambin sobre Achmet Arabi Baj, coronel egipcio, uno de los jefes de la rebelin de 1881, a quien presenta dotado de condiciones populares, lleno del espritu nacional egipcio, muslmico e independiente, hecho al manejo de las armas y a la vida de campamento.
Menciona igualmente a Mehemet Al, gobernante de principios del siglo XIX, recordado por sus esfuerzos en aras de un Egipto independiente y fuerte; y a Cherif Pach, primer ministro de Egipto, que asumi este cargo por exigencia de los rebeldes triunfantes en 1881.
Conocedor de la dominacin rabe en Espaa, Mart recuerda a Muley Abbas, y evoca el lugar donde estaba plantada su tienda durante las duras batallas con los cristianos en Valencia de Alcntara. Y cita muchas veces al rey Boabdil, aunque le critica que haya llorado por la prdida de Granada, pues, dice Mart, las lgrimas no vienen bien al rostro de un hombre.
El encanto de la mujer rabe matiza tambin la obra martiana. En ella se inspira poticamente con frecuencia. Su extenso poema Haschisch que sobrepasa los 160 versos, est dedicado fundamentalmente a ella, y muestra la atraccin que ejerce sobre l.
Veamos un fragmento:
Amor de mujer rabe! La ardiente
sed del mismo Don Juan se apagara
en un rabe amor, en una frente
de que el negro cabello se desva.
Como que ansia de amor eterno siente,
y a saciarnos de amor nos desafa!
..
Una rabe que besa
es labio de mujer, donde nos cumple
la eternidad al fin una promesa. (17= 76-77).
Cuando Mart dibuja en sus apasionantes versos a la bailarina espaola, ve en ella mirada y ceja de mora. Y al enaltecer la vida y la obra de Washington Irving, menciona a aquella deslumbrante mora, Lindaraja como toda hermosura, urna de vida, cuya silueta imagina el escritor paseando entre los sutiles encajes de piedra por sus balcones de la Alhambra.
Por otra parte, el estudio de la historia de rebelda de los pueblos rabes contra las potencias colonialistas, enriqueci extraordinariamente el pensamiento de Mart en otra esfera decisiva: la cultura poltica. Mart describe y comenta esas luchas con verdadera pasin revolucionaria, prueba su justeza, muestra la heroicidad de los combatientes rabes y su profunda simpata por ellos. Y con las enseanzas de esas luchas, nutre su ideario patritico, anticolonialista e internacionalista.
Entre los numerosos acontecimientos que mueven su pluma, citaremos solamente tres: la rebelin egipcia de 1881 contra el gobierno sometido a los intereses de Inglaterra; la invasin de Tnez por los franceses en la misma poca, y la rebelin de El Riff contra la Espaa monrquica en 1893.
Cuando narra fielmente esos hechos, Mart nos ensea a distinguir sus causas verdaderas frente a los pretextos engaosos que esgriman las potencias colonialistas y sus tteres nativos. Descubre las razones fundamentalmente econmicas que guan a las grandes potencias de entonces para tratar de mantener a toda costa su dominio sobre esas tierras. Analiza cmo dichas potencias tratan de dividir a los pueblos oprimidos para vencerlos ms fcilmente. Explica las causas de las derrotas que sufren esos pueblos, pero les impregna confianza en su victoria final y los insta a no detener jams la lucha.
Con respecto a la rebelin egipcia, los ingleses haban tomado como pretexto la inestabilidad existente en el pas del Nilo. Mart desmiente ese falso motivo y explica que el origen de la rebelin est en que Inglaterra y Francia controlaban las finanzas egipcias, imponan contratos fraudulentos, ruinosos para el fellah, y mantenan, en fin, un estado de explotacin y de opresin sobre ese pueblo. Mart cita un peridico de El Cairo que dice: Todas nuestras rentas son absorbidas por los extranjeros. Todos nuestros comerciantes, todos nuestros altos dignatarios son extranjeros. Ellos son los seores, y nosotros sus bestias de carga. Ellos viven felices, y nosotros vivimos en la miseria y degradados. A ellos se les paga bien, y a nosotros mal (23: 158). As, Mart describe los vaivenes principales de esa lucha, hasta que el pueblo egipcio triunfa en 1882, aunque solo transitoriamente.
Tambin Mart rebate el falso argumento de que los franceses haban invadido a Tnez porque este gobierno haba ofendido su bandera. El Apstol seala que la invasin de Tnez se dirigi a defender los intereses colonialistas que all tenan poderosa empresas de Francia, como la Compaa Bone-Guelma, la Sociedad Marsellesa, la hacienda Enfida, el Credit Foncier y la Sociedad de los Batignoles. Tambin describe admirablemente esta guerra: las ambiciones y crmenes de los franceses y el herosmo de los tunecinos.
En el caso de la rebelin del Riff, sostiene Mart que si la justicia estuviera de parte de los espaoles, nosotros, que moriremos tal vez a manos de Espaa, seramos espaoles. Pero la justicia est de parte de los rabes; por eso proclama: !Seamos moros!. Y alienta a los rebeldes con palabras como estas: !Y el Riff, que pelee. Sea cada pueblo de sus amos naturales y de los que le sirvan con utilidad y amor (5= 335).
Y auque estimaba lo ms probable que la Espaa colonialista ahogara en sangre la rebelin de 1893, estaba seguro de que los patriotas del Riff volveran a luchar una y otra vez, hasta lograr su independencia. Por eso dijo: Jams cede una raza oprimida, jams cede el pueblo a quien le ocupa el extranjero la tierra amada con huesos de sus hijos. El Riff ha vuelto a guerra con Espaa, y Espaa vivir en guerra con el Riff hasta que le desaloje su pas sagrado (5= 333). Cunta razn tena Mart!
As analiz y apoy Mart la causa que defendan en el cercano y el medio Oriente, en Tetun, en Melilla, en Marruecos, en Argelia, en todas sus tierras de frica y del mundo, los pueblos rabes avasallados o invadidos.
Como hemos visto muy someramente, Jos Mart se adentr de lleno en ese mundo rabe, fantstico y maravilloso, legndonos conocimientos y juicios de excepcional valor. Su amor infinito a la independencia y a la libertad de los pueblos, su respeto a la verdad histrica, su exquisita sensibilidad artstica, su vasta cultura, su palabra entusiasta huracanada a veces, contribuyeron a que se fuera forjando en nosotros, los cubanos, una amistad slida, cada vez ms estrecha, y una gran simpata hacia nuestros hermanos que en el Norte de frica, en la extensa Arabia, y en otras regiones del planeta, edificaron una de las ms antiguas e impresionantes civilizaciones; hombres que han luchado secularmente contra la explotacin y la opresin, y que todava hoy, en pleno siglo XXI, se ven obligados a continuar derramando su sangre en defensa de su independencia y libertad, como ocurre en Irak, Palestina, Siria, El Lbano y otros pases, varios de los cuales se ven sometidos al ms brbaro genocidio por parte de las fuerzas bestiales del imperialismo y el sionismo.
Esa raza heroica y sufrida cuenta con nuestra solidaridad militante, y esperamos que un da, derrotados definitivamente los verdugos de la humanidad, puedan los pueblos rabes plantar libremente sus banderas, restaar sus profundas heridas, vivir en paz y amistad fraternal con todos los dems pueblos de la tierra.
En conclusin:
La alta valoracin que el pueblo cubano tiene de la cultura rabe, las fraternales relaciones que hemos desarrollado con esos pueblos hermanos y la invariable solidaridad que brindamos a sus heroicos luchadores, tienen un antecedente legitimo, poderoso e irrenunciable en la herencia cultural, poltica y revolucionaria que nos dej, hace ms de un siglo, el ms grande de los cubanos: Jos Mart.
Cuando Mart no ha cumplido an sus 16 aos, escribe su primer drama en versos, Abdala, en el cual simboliza a Cuba por medio de una tierra rabe, Nubia, que lucha contra el invasor. Son tambin rabes los personajes de ese drama, sobre todo el protagonista, en el cual se descubre al propio Mart. Adems, una mujer nubia representa a la madre del Apstol, cuyo amor inmenso no le permite comprender ni admitir el sacrificio de su hijo. As, se reflejan en ese drama los dilemas familiares que tiene el propio Mart, sus sueos e ideales, y su decisin de lucha a muerte contra la dominacin colonial. Y todo ello, reiteramos, se desarrolla simblicamente en un escenario rabe, con personajes tambin rabes.
A partir de entonces, en todas las etapas de su vida, Mart hallar motivos suficientes para evocar y honrar a esa raza sufrida, laboriosa y rebelde. Entre 1875 y 1895, no hay un slo ao en que falten referencias a esa temtica en sus escritos