
“Prostitutas con carné de meretrices y los detalles del sistema de poder montado a tales efectos, es lo que intentó ocultar el gobierno español”, apunta algunos de los hallazgos de la investigación la joven profesora Yasvily Méndez Paz. Foto: Del autor.
La orden expresa había sido tajante: destruir todos los documentos contentivos de la sección de Higiene pertenecientes a la gobernación española. Más cuando ya se trataba del traspaso de mandos hacia la ocupación norteamericana, todo parece indicar que por velada protesta o simple dejadez - propia de la burocracia-, los bien conservados legajos permanecieron en silente olvido por más de doscientos años, hasta que nuestra entrevistada no pudo contener la curiosidad y decidió asomar su nariz a esa suerte de caja de pandora.
“Prostitutas con carné de meretrices y los detalles del sistema de poder montado a tales efectos, es lo que intentó ocultar el gobierno español”, comenta la joven profesora de Historia de la alta casa de estudios yumurina quien, para sorpresa mayor; dispone de bibliografía única y de lujo sobre el espinoso tema en la Cuba del siglo XIX.
Como era de esperar, Yasvily Méndez Paz (YMP) presenta el estudio en carácter de Tesis de Doctorado en la Universidad de La Habana, y con ella; el mérito de ser la primera en poner bajo la lupa “el oficio más viejo del mundo” en Matanzas, con un enfoque académico capaz de desmenuzar no solo el sistema de Reglamento de Higiene Especial y sus consecuencias, sino también; demostrar las múltiples protestas ante esa forma de sumisión que fue diseñada para ocultar la prostitución normada.
“En esencia, el sistema reglamentarista que tuvo su origen en Europa; España lo ensaya en sus colonias como una forma de evitar las “complicaciones” higiénico sanitarias de la prostitución y como era de esperar; no ataca para nada las causas sociales del fenómeno", resalta la entrevistada.
“Lo interesante es que todo lo relativo a la Sección de Higiene Especial, lo administraba el Gobierno español, con todo el peso que podría ejercer y no las Alcaldías; una imposición que generó corrupción, violencia de diversa índole contra las mujeres y lo peor, expoliación".
Reglamento de Higiene en Matanzas, que data de 1881.
P: ¿De alguna forma, se les extendía a las prostitutas del siglo XIX en Matanzas una suerte de permiso para “ejercer”?
YMP: No necesariamente, aunque debían inscribirse en los patrones de Higiene Especial. Las prostitutas eran “catalogadas” de primera, segunda, tercera y cuarta categorías y ello decidía el importe de sus contribuciones al gobierno. Era una suerte de contrato sin derechos que les exigía dos veces en semana ser examinadas por un médico y este dictaminar: Buena o Mala, en una cartilla sanitaria que debían portar e incluso, mostrar al cliente.
Las prostitutas también, como establecía el sistema Reglamentarista, estaban circunscritas a lugares decididos al efecto. No podían exhibirse públicamente en búsqueda de clientes y hasta sus casas deberían cumplir ciertas especificaciones para que desde la calle no se observara qué ocurría en el interior.
P: ¿Entonces la Matanzas decimonónica tenía zonas establecidas para el placer tarifado?
YMP: Eran zonas conocidas pero que no se publicitaban, solo a media voz; por decirlo de cierta forma. Eran conocidas las de La Marina; existían las casas de cita, pero también prostitutas que ejercían solas en sus casas. Igualmente existían zonas de tolerancia en Pueblo Nuevo y, como es de suponer; algunas casas para personas adineradas.
Claro, la misma explotación a que eran sometidas las mujeres “tarifadas” propició por otro lado la proliferación de prostitución clandestina que se ejercía bajo oficios como lavanderas, criadas y empleadas de bares.
P: ¿Que sucedía si una meretriz enfermaba o dejaba de pagar su contribución?
YMP: Existía por aquel entonces el hospital de mujeres, el de San Nicolás; una especie de clínica y prisión a la vez y es curioso que cuando se decidía “ingresarlas”, ya sea por enfermedad o por incumplimiento con los reglamentos, como evadir los pagos mensuales; la sección de Higiene las enviaba a tareas de “lavado”, en ese código se expresaba. Pero se les multaba por no pago, con la dosis esperada de violencia, intimidación y hasta el destierro de la ciudad.
Periodico La Cebolla.
P: ¿Durante la investigación logró alguna evidencia de “escándalo” por la presencia de figuras de la autoridad ya en casas de cita o por favorecerse de tan lucrativo negocio?
YMP: Nada de eso, la Sección de Higiene funcionaba en medio de un meticuloso silencio y sólo los “escándalos” eran referidos solo a cuando vecinos protestaban por la cercanía de las casas de citas a sus inmuebles y en poca magnitud, a las protestas de las prostitutas por tanta expoliación de celadores de la policía y proxenetas.
P: Se trata de un “sistema” bien montado.
YMP: Sin lugar a dudas. Y mira qué eufemismos empleaba: quienes administraban las casas de citas eran llamadas “amas de casa”, las muchachitas que se incluían en el negocio “pupilas”.
El sistema reglamentarista español estigmatizó la actividad y encubrió sus esencias en medio de una también cubierta corrupción, pero a tal punto que nada revelador salió en la prensa de la época aquí; a no ser por la corta data de una publicación en La Habana, del periódico La Cebolla -ya podemos imaginar la alusión- y que escrito en buena medida por un periodista español, intentó reclamar los derechos de las prostitutas. Fue realmente un suceso muy llamativo, pero como te decía de corta data; como era de suponer.
P: ¿Y en Matanzas, ni un asomo de publicación de esa naturaleza, de protestas?
YMP: De publicaciones, nada. Pero sí tenemos evidencia de las protestas de esas mujeres, de los escándalos que acontecían y de diversas estrategias de resistencia para oponerse a ser tan cruelmente explotadas por el gobierno.
P: ¿El momento más difícil de la investigación?
YMP: Interpretar y establecer el significado de las fuentes consultadas fue un reto por la particular mirada patriarcal del asunto que siempre silenció las voces de esas mujeres. Se requirió en ocasiones “inferir” algo que por mi formación como historiadora una desarrolla.
P: Tienes información más que suficiente como para una buena novela.
YMP: Resuelvo ir por pasos; primero la tesis que ya vencí, luego el ensayo y sí, ya vendrá la novela.
P: ¿Título?
YMP: Te lo puedes imaginar.
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