
Quiero un Martí vivo, ese que nos alerta ante cada amenaza. Quiero un Martí, de carne y hueso, ese que no idolatramos. Quiero ese Martí que nos ilumina el camino cuando el tiempo nos muestra su lado oscuro.
Quiero ese Martí poeta, escritor, intelectual, amigo, sincero y humano. Quiero ese Martí que nos alienta cuando los tiempos duros nos golpean.
No quiero un Martí inmóvil, frágil. Quiero ese que nos saluda cada día, y nos dice con voz dulce y clara que “la mejor manera de decir, es hacer”.
Quiero ese Martí patriota, incansable, luchador, ese que nos da el antídoto ante cada nuevo desafío.
Quiero ese Martí de ayer, de hoy, mañana y de todos los tiempos.
Quiero el Martí de los niños, adolescente y jóvenes. Ese que no deja de estar al lado de los pobres de la tierra, y con ellos su suerte echar.
Quiero ese Martí latinoamericanista, ese ser humano antiimperialista y ético.
Quiero ese Martí, no mío, ese Martí de Cuba, ese Martí de América, ese Martí del mundo, pues es, y será el Martí de todos los tiempos.
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