
La Habana, Cuba. - La rebeldía y el valor de la mujer cubana son legendarios desde el inicio de la lucha de nuestros aborígenes contra los colonizadores españoles. La historia comienza con Casiguaya, la esposa del guerrero Guamá, que tras ver morir a su compañero siguió luchando para ser libre, audacia que pagó con su propia vida y la de su pequeña hija a quien prefirió ver muerta que esclava.
Con manos de mujer siguen escribiéndose páginas de gloria; Candelaria Figueredo recorrió las calles de Bayamo, en octubre de 1868, como abanderada de la enseña de la Demajagua; Mariana Grajales ofrendó a sus hijos en el altar de la independencia de la patria; Adela Azcuy fue asignada a las tropas del lugarteniente general Antonio Maceo; Haydée Santamaría y Melba Hernández tuvieron el coraje para ser parte esencial del Asalto al Cuartel Moncada y la entereza necesaria para no delatar a sus compañeros; Celia y Vilma forjaron en la Sierra el alma de la Revolución Cubana.
Los ejemplos de valentía de nuestras féminas no tienen límite, de nombres dulces está plagada nuestra historia, escrita a dos manos por hombres y mujeres que marchan a la par por el mismo camino.
Hoy, las mujeres de este tiempo sostienen, demuestran y defienden no ya la oportunidad, sino la necesidad espiritual y social que tienen de trabajar con los mismos derechos, porque hasta en el orden personal, el trabajo significa independencia y amplitud de miras.
La mujer cubana es capaz de simultanear sus obligaciones de trabajadora en el taller, la fábrica, el aula, el escenario, o la trinchera; con las de ama de casa y madre y aun el tiempo le alcanza para responsabilizarse exitosamente con las tareas de la Federación de Mujeres Cubanas, la sección sindical o el Comité de Defensa de la Revolución con ese ánimo contagiosamente alegre e inquieto que la caracteriza.
Las conquistas alcanzadas hoy por nuestras mujeres tienen su principal motor en una organización de masas que ha logrado ese pleno ejercicio de la igualdad de la mujer en todos los ámbitos de nuestra sociedad, la Federación de Mujeres Cubanas, que llega este 23 de agosto a su aniversario 51.
El nombre de Vilma Espín Guillois se escribe con letras de oro en el camino recorrido por esta organización femenina que agrupó en sus inicios a las mujeres partidarias del proceso revolucionario cubano y hoy acoge a todas las féminas que construimos nuestra realidad.
Bajo la acertada dirección de Vilma, la FMC, creó las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, que ayuda a resolver, entre otros muchos, conflictos relacionados con el alcoholismo, la violencia intrafamiliar, los divorcios y problemas de género. Se encarga, además de la promoción de salud y de ofrecer oportunidades de superación y trabajo para féminas de todas las edades.
La labor de la Federación de Mujeres Cubanas ha propiciado también que las féminas de la Isla representen más del 46 por ciento de las personas empleadas en el sector estatal civil; superen el 65 por ciento de los profesionales y técnicos, y sean el 39 por ciento de los dirigentes.
Estos indicadores reafirman una vez más el papel de vanguardia de la mujer en la sociedad cubana donde sonrisa y coraje marchan unidos para construir el futuro.
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