
Mujer si la distancia es esa huella, dice una canción del grupo Manguaré, y recordaba esa huella que han dejado las mujeres como Mariana Grajales, Celia Sánchez Manduley, Vilma Espín Guillois, Haydeé Santamaría, Melba Hernández; en la historia, o las de poetas, escritoras y artistas: Fina García Marruz, Carilda Oliver Labra, Gertrudis Gómez de Avellaneda y muchas, muchas más que harían la lista interminable, aunque hermosa y colorida.
Con nombres famosos y sin esos espacios en el pueblo. De manera callada han sembrado el día a día cubano, otras, junto a los hombres han sembrado la práctica de esas ideas que emanan de esta “revolución dentro de la Revolución”, acotado por Fidel para nominar esos resultados.
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En cada espacio existe la mujer cubana creándose un sitio ideal para sí en la práctica, creciendo en sus hijos y en ella misma, bordeando las dificultades o encarándolas para multiplicar los días, enardeciendo el trabajo del otro con su sabiduría de otros tiempos y en la primera línea del desarrollo del país, de los cambios, de las nuevas metas.
La mujer cubana enhebra los retos para aprovechar ésta época, para hacer mejor la vida de lo que puede ser. Buscando qué puede aportar al país, a la familia, a los hijos. Haciendo constantemente el saldo del cuánto aprendió y el cómo seguir.
El camino ha cambiado desde que fuera creada la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), se abrieron nuevas puertas, se multiplicó la creación, la riqueza del ideal pues "La mujer, de instinto, divisa la verdad, y la precede"*, diría Martí.
Quedan muchos proyectos, por crear, por fundar, por amar. Cuando Cuba enfila un ritmo económico o enruta sus propuestas en filosos mundos, ella es delantera.
En la existencia de la mujer y su organización está el resguardo maternal de la patria. En la distancia, en la existencia, en el aquí y ahora está su huella.
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