
Por vez primera en su historia, el Museo Nacional de Bellas Artes exhibe varias obras de pintura holandesa y belga del siglo XIX, pertenecientes a los fondos de la institución.
Hasta el presente, el Museo no las había mostrado debido a la falta de bibliografía y dificultades para acceder a la documentación de los archivos holandeses y belgas, lo que impedía a los especialistas de la institución estudiar el período y el estilo de los cuadros.
La exposición está compuesta por una veintena de cuadros. El retrato, las escenas de género y los paisajes constituyen los ejes temáticos más abordados en la pintura decimonónica de ambas naciones.
El curador de la muestra, Oscar Antuña Benítez apunta que la sección holandesa es la mayor de la exposición. En ella están presentes obras de importantes artistas como Joseph Israels, quien formó parte de la conocida Escuela de La Haya, movimiento artístico de finales del siglo XIX.
“En el conjunto de obras de pinturas holandesas aparecen creadores de La Haya, corriente que se generó en el período que aborda la exposición y que es considerada la segunda edad de oro de la pintura de ese país. A partir de finales del siglo XVI, después de un gran esplendor de la pintura barroca de esa nación, con la influencia de ciertos cambios políticos que se producen en la estructura de ese país, hay una especie de pérdida de los valores nacionales que hasta ese momento eran muy importantes para la pintura holandesa. De igual manera, aunque con sus características propias, situación parecida ocurrió con el movimiento pictórico belga.”
Antuña aclara que cuando se habla de la historia del arte en esas dos naciones se constata que durante el siglo XVIII la pintura se halla prácticamente desprovista de protagonismo. Sin embargo, luego de la presencia de Napoleón tanto en Holanda como en Bélgica, así como tras la fundación del estado Belga en 1830 un camino diferente toma esa manifestación artística. A este escenario hay que sumar la influencia que dejó en Bruselas el artista neoclásico francés Jacques Louis David al exiliarse en esa ciudad y que va a posibilitar que se produzca un resurgimiento de la pintura en ambos países.
En el caso de las obras holandesas que se presentan en la muestra vale resaltar los nombres de Willen Maris, Henri Mari ten Kate, Johannes Jacobus Paling, Johan Barthold Jonkind y Antón Maule, entre otros. Las obras de cada uno de ellos giran en torno a la estética realista que recupera la tradición de la pintura holandesa, rasgo propio de la Escuela de La Haya.
El curador Oscar Antuña advierte que la exposición abarca piezas que testimonian otros caminos de la pintura de ese momento y que muchas de ellas consisten en imitaciones de la producción de grandes artistas del XVIII o la realización de copias de obras concretas. “Esto evidencia, en primera instancia, una respuesta al mercado del arte del siglo XIX”: afirma Antuña.
Dentro del listado de autores belgas se destaca el quehacer de Alfred Stevens, máximo exponente del realismo, al que se suman otros más como Joseph Barthélemy Vieillevoye, quien fuera durante años el Director de la Academia de Bellas Artes de Lieja; Edmond du Schampheler y Henri Cleenewerck, pintor que trabajó en Cuba en la sexta década del XIX.
El especialista Oscar Antuña, curador de la exposición, aclara que si bien con las obras exhibidas no es posible destacar todos los eventos significativos de la centuria, por lo menos, las pinturas mostradas testimonian momentos importantes del quehacer artístico de Holanda y Bélgica.