Nacer en la montaa

2019-01-30 13:13:28 / web@radiorebelde.icrt.cu / Heydi Gonzlez Cabrera

Nacer en la maana

Recuadro

Mucho antes del “canto del gallo”, trajinaba en la cocina. Nada dijo al marido, que apenas saboreó el buchito de café, partió para los secaderos. No quiso alarmarlo. Solo entonces, palpó en su inmenso vientre, allí, donde el dolor aumentaba. Ocho meses tan solo, se decía, pero... ¡No perdería más tiempo!

Preparó el maletín, y dejó una nota bien a la vista. Fue entonces que oyó el zumbido del motor. Como cada día, su compadre estaba al pasar. Salió al camino y cuando lo vio le hizo señas. Cuando el tractor detuvo la marcha, le dijo sin aspavientos:

-Llévame al Hogar Materno... por si acaso, voy a ingresar.

-I-

En cualquier región intrincada de la Isla, esa escena se repite. Una mujer espera un hijo. Las distancias son largas y los caminos difíciles en el lomerío. No obstante, ellas saben que su bebé no nacerá sin auxilio, o en manos inexpertas. El médico y la enfermera de la familia, la han instruido: a los 8 meses, hay que ir para el Hogar Materno.

Y claro que la esperan, porque cada embarazada de la zona está registrada y controlada por el médico, la enfermera y la trabajadora social. En Cuba, el parto institucional es una batalla ganada por los organismos asistenciales de Salud Pública. En nuestra sociedad, prestan atención al niño desde que está en el seno materno y facilitan las condiciones para un parto feliz.

Nacer en la maana

Con ese objetivo, en 1973 fueron creados los hogares maternos, con su principal función de evitar partos extrahospitalarios y su secuela de muertes perinatales. Estos centros de salud, concebidos y creados únicamente en Cuba, reciben a las gestantes con la anticipación necesaria, para que no las sorprenda el alumbramiento en sus casas. Allí recibirán atención médica, alimentación y conocimientos de puericultura, nutrición e higiene de los alimentos.

-II-

El Hogar Materno de Gran Tierra se pierde entre cafetos de un irreverente bosquecillo. Esta recóndita región, pertenece al municipio Maisí, en Guantánamo, la más oriental de las provincianas cubanas. En un ancho portal, las gestantes descansan en cómodos sillones. Tejen, leen y, una que otra, se adormece con el balanceo. Todas evidencian una maternidad avanzada. Y muy pronto, la enfermera obstétrica, lo confirma:

 -Vienen, cuando entran en el último mes, y si tienen riesgo, pues mucho antes. Viven dentro del lomerío, en lugares tan intrincados, que no se pueden arriesgar a que se les presente el parto. Otra desventaja es que las serranas están acostumbradas al trabajo fuerte, y se olvidan de su estado. Hay que traerlas con tiempo para que descansen...

-Antiguamente, así parían -recuerdo-. Cuando más, con la ayuda de las recogedoras. La “seño” sonríe, y responde rápido:

-Sí, pero ahora saben cuáles son los riesgos de parir fuera del hospital. Eso forma parte de nuestra labor asistencial en las zonas campesinas: enseñarlas. Trabajamos con las gestantes para que se internen en el Hogar Materno en fechas convenientes, o ante cualquier síntoma, y así se reduce la mortalidad infantil y materna.

-Cualquiera de ellas sabe las ventajas de la vacunas, para qué sirve el BCG al nacer, la importancia de la lactancia materna, la higiene del recién nacido...

-¿Y qué pasó con las antiguas recogedoras?- pregunto.

-Ayudan mucho en la comunidad. Hacen visitas de captación a las embarazadas que tardan en venir por la preocupación de dejar a sus otros hijos con la familia.

-Esto de atraerlas, captarlas -rectifica-, es una labor colectiva donde también intervienen las compañeras de la FMC, y por supuesto, el médico, y nosotras, las enfermeras. Realmente, son muy extraños los casos que no vienen por sí mismas; en cuanto salen embarazadas, aparecen en la consulta, para iniciar su atención. Los tiempos han cambiado.

-En el policlínico o el consultorio el médico pasa visitas diarias, pero... ¿y si cuando se va, se presenta un parto? -quiero saber-. La seño me mira con indulgencia, alza los hombros y vuelve a sonreír. Al fin, comenta:

-En primer lugar, hay transporte para moverlas rápido. Pero, nosotros tenemos el control de las fechas de parto de todas nuestras embarazadas, cuando están próximas, las trasladamos al hospital con la debida anticipación.

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-lll-

Hacía rato el jeep descendía por los estrechos caminos de la montaña, donde no basta la pericia en el timón. Hay que conocer las curvas pronunciadas, los tramos resbaladizos, el peligro de los deslizamientos de tierra o de piedras desprendidas... Pero ya en el llano, una mirada a las alturas donde la cima parece besar el cielo, nos hizo valorar en toda su magnitud, el significado de esta obra legítima de Cuba.

Desde la constitución de los primeros Hogares Maternos de Montaña, hasta la fecha, con la gratuidad establecida para los servicios médicos en nuestro país, acogieron a miles de gestantes en tránsito para los hospitales, donde reciben la atención necesaria. Hospitales, Policlínicos, Consultorios del Médico y la Enfermera de Familia, Hogares Maternos, todo está previsto para garantizar la mejor calidad de vida de los montañeses y que no surja el desarraigo. En
Cuba, el lomerío no es un obstáculo para el sistema nacional de salud.

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