
Entre nostalgias, aires contemporáneos y las costumbres más perdurables, transita la familia cubana. Con derroteros propios, comparte también tendencias mundiales reconocibles: su tamaño medio se reduce, son menos los hijos y más los ancianos, crece el matrimonio “sin papeles” y también el divorcio.
La familia es el grupo básico de nuestra sociedad. Moderna y tradicional a la vez, deviene fuente de afecto, apoyo y protección de todos sus integrantes.
Nada ha podido suplantar su acción formadora de la personalidad. Ni escuelas - ni instituciones-, sustituyen ese rico intercambio que se suscita en el hogar: aprendizaje de valores, normas de convivencia, patrones de conducta.
En materia jurídica, el respaldo a la familia se concreta en leyes, que entre otras, respetan la diversidad, reconocen las uniones consensuales y la posibilidad de atribuirles efectos legales, la igualdad absoluta de derechos y deberes para los hijos, eliminando la brutal distinción entre legítimos e ilegítimos. No obstante, aún hay rasgos de inequidad que sobrecargan a la mujer dentro del hogar, pero ellas, persisten en elevar su nivel educacional, cultural y técnico.
Y es que nuevos preceptos morales se abrieron paso junto a formas diferentes de vivir que dejan atrás modelos patriarcales con jerarquías y vínculos más fuertes e independientes.
Nada cambió el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, perdura la amorosa unión de la familia. Aunque el Estado cubano da prioridad a las garantías básicas en educación, salud, empleo y seguridad social, existe el desafío de la sobrevivencia, y con ello, adaptación de los estilos de vida, y sobre todo, la atención y cuidado de los hijos.
La vida se centraliza, principalmente, en el hogar, eje de interrelación de sus miembros. El cubano demuestra su afán de mantener esa unión que se siente como fuente de seguridad, afecto y cariño.
Valores que han posibilitado su papel fundamental en nuestra sociedad, sin que nada perjudique el contexto familiar, y perduren intocables, los vínculos amorosos que la caracterizan.
Pero, hay algo trascendental: Para el cubano, por encima de esos vínculos, la familia es un concepto, una categoría, un sentimiento que no se extingue nunca. Pervive a través del tiempo y más allá de las distancias.
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