Nuestros pueblos renuevan incesantemente

2011.01.01 - 09:30:26 / web@radiorebelde.icrt.cu / Miralys Snchez Pupo

Jos Mart
La Habana, Cuba.-
José Martí amó incesantemente el suelo patrio de lo que denominó con satisfacción Madre América o Nuestra América, término que acuñó como un anticipo, de la ruta futura que vislumbró para las hermanas uncidas bajo el yugo europeo en el continente. El original concepto en independencia de las diferentes metrópolis europeas sobre el tablero continental ofrecía un cuadro diverso de agrupaciones diferentes. Pero entre ellas encontró la sal de la vida futura en su muy necesaria unidad política más allá del horizonte del siglo XIX.

Los orígenes convertían en hermanas a los pueblos encalvados en el sur continental por su naturaleza y composición, aún cuando en ellas pudiera prevalecer en aquellos instantes en que vivió, diferencias dentro de su composición interna. Todas eran hijas de los mismo sacrificios y esclavas ante poderosas potencias que las discriminaban sin apreciar sus valores intrínsicos por la voracidad extranjera ante sus riquezas.

Las hijas de tantos dolores, desde que se colocó la bota extranjera en sus suelos, no eran despreciables ni por su talento ni laboriosidad. Simplemente vivieron otra cronología histórica en medio de la cual demostraron su capacidad humana. Solo con apreciar la majestuosidad del México con su cultura o las muestras que se observaron en el altiplano de la actual Bolivia, constituían obras de una espiritualidad digna de reconocimiento aunque no fueran creaciones europeas.

Pero el látigo de la discriminación cubrió de sombras sus vidas y tronchó la marcha de fastuosas civilizaciones que aún asombran al mundo. El Maestro con suma vehemencia las miró como hijo agradecido, porque encontró en los dolorosos pueblos de América una cultura en crecimiento de una renovación constante que aportó felicidad a su observación.

Desde tales argumentos Martí resumió el pasado que cinceló a las hermanas continentales. Él era el camino para que crecieran de forma natural sobre su talento y la explotación de sus economías para sí. Pero sobre ellas revoloteaba la ignorancia y el desdeño de quienes se consideraban superiores. Pero algún día tendrían que sacar sus garras de ellas si no por respeto que es cualidad carente en los opresores, porque llegaría el momento, según el Maestro que una nueva vida estaría en el horizonte de todo un espacio que consideró tan suyo como el de Cuba.

Tales argumentaciones martianas estuvieron presentes a lo largo de toda una obra que es un espejo anticipador del futuro. Sus tesis presentaron tal fuerza en sus discursos, en los trabajos periodísticos, o en su condición de representante de ellos como en la Conferencia Monetaria de Washington, se coronaron en el campo político en un ensayo donde se perfiló el futuro del conjunto de las naciones hermanas. Esa que para gloria del pensamiento de vanguardia estuvo cincelada de forma precisa en el ensayo Nuestra América que abre el actual año en ocasión del 120 aniversario de su alerta continental hacia el futuro.



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