
“Sin sentimiento de respeto, no hay forma de distinguir los hombres de las bestias”. (CONFUCIO)
Así como las casas se construyen sobre bases firmes llamados cimientos, de igual modo se construyen las bases familiares y sociales. Éstas últimas radican en la manera en que son creados los lazos con el otro, visto como un par, en una relación que requiere, principalmente, respeto.
El respeto es una actitud que favorece para el desarrollo de las relaciones interpersonales adecuadas y satisfactorias. Además, es la actitud necesaria para convivir sin conflictos, aceptando las diferencias entre las personas y para favorecer la vida en comunidad.
Respetar es, por ejemplo, poner distancia con el planteamiento diferente de la otra persona, por tanto, esto nos ayuda a no juzgarla, por su elección u opinión.
El respeto puede implicar también tener en cuenta a la otra persona con sus diferencias individuales, no pretendiendo que esta sea de otra forma, que opine o que se comporte de otra forma distinta a cómo es.
Respetar es darnos cuenta de que cada persona tiene derecho a elegir quién quien quiere ser, ya sea en su forma de pensar, de opinar, e incluso en sus gustos y preferencias de vida.
Y para respetar, es necesario considerar nuestro planteamiento solo como una posibilidad entre otras muchas. En ese sentido es imprescindible aceptar que nuestra percepción, aunque parezca la más objetiva, no lo es, ya que, está sujeta a nuestra propia interpretación, basándose en experiencias anteriores, estados de ánimo e incluso en las creencias previas, que tenemos en función del aprendizaje.

El respeto es un valor universal que debemos practicar sin condiciones.
Siempre la etimología de las palabras nos enseña cosas sabias. En este caso, si buscamos en las raíces de la palabra “respeto” nos encontramos con el vocablo latino respectus, que proviene de specere, y que significa "volver a mirar, revisar"; e implica “tener la sabiduría para ver algo en su esencia o en su individualidad”.
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