
La primera vez que escuché hablar de Rómulo Gallegos, no fue explícitamente de él, sino de Doña Bárbara, una de sus novelas más reconocidas. En mi infancia, escuchaba las sugerencias de que no podía dejar de verla. Aunque tengo algunas ligeras imágenes en blanco y negro interpretada por la actriz Raquel Revuelta, la curiosidad se mantenía latente mientras crecía.
Así que sin dudarlo dos veces decidí en unas vacaciones tomarme un tiempo para sumergirme en la catalogada por la crítica, como la "novela de la soledad". De pasear por la llanura a orillas del río Arauca, que también describe el autor, o simplemente de ser testigo de la violencia que se vivía por esos tiempos, así como el dolor cruel que vivía esa mujer, cuyo único beneficio para ella fue que la convirtió en una mujer más fuerte, de esas que abundan en Latinoamérica, de las que se levantan a pesar de un doloroso pasado.
Por lo general cada agosto me doy cita con Venezuela, y comparo su pasado con la actualidad. Entonces comienzo el recorrido de un camino que antes transité, pero del que sólo somos cómplices Rómulo, Doña Bárbara y yo. Ese mes tan caluroso en Cuba, no es tan significante porque decidí leer un libro, pero sí lo es para aquellos que aman la obra de este escritor, que nació un dos de agosto de 1884.
Este hombre fue capaz de mostrar en su variada obra su rebeldía al régimen dictatorial, y el atraso que vivía su país. Rómulo Gallegos fue también educador, periodista, político venezolano y, además, como si fuese poco, previdente de la República. De igual manera es considerado uno de los innovadores de la narrativa hispanoamericana del siglo XX.
En estos tiempos cuando se hace necesario conocer la historia para de esta forma valorar el presente y trazar nuevas estrategias a la hora de repensar el futuro, se hace imprescindible leer obras de este autor venezolano, quien no dudó en regalarnos obras eternamente reflexivas.
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