
Investigadores cubanos y japoneses trabajan en un proyecto enfocado a llenar el vacío existente en el conocimiento del almiquí (Solenodon cubanus), insectívoro endémico de la mayor de las Antillas, considerado una verdadera joya de la fauna.
Asimismo, los estudios están enfocados a elaborar las bases para un programa de monitoreo a corto y largo plazo y a llamar la atención de la comunidad científica y conservacionista internacional, sobre todo Japón, un donante potencial, para que dirijan sus esfuerzos de apoyo al Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en el oriente del país, en su lucha por conservar el almiquí.
Una expedición conjunta obtuvo información a partir de siete nuevos individuos de la especie. La Comunidad de Arroyo Blanco, entre todas las del citado parque nacional, es la más cerca a la zona de estudio, pues se halla a unos 16 kilómetros; sus pobladores son los únicos en la región que han apreciado al almiquí en vida.
Muchos laboran en la estación ecológica y colaboran con el estudio y la preservación de esta especie cuyo origen se remonta a más de 30 millones de años, en lo que es hoy territorio norteamericano.
El almiquí habitó en todo el archipiélago cubano aunque su densidad poblacional fue siempre muy baja, vale señalar que pasó inadvertido para los colonizadores hispanos y en los residuarios aborígenes sus osamentas son realmente escasas.
Animal de hábitos nocturnos, su dieta es muy variada: arañas, gusanos, insectos, mariposas, moluscos terrestres, anfibios, reptiles, huevos y polluelos de aves que anidan en el suelo. Se sabe que en una noche consume el 25% de su peso en alimentos. Vive en madrigueras construidas a manera de túneles que llegan a medir hasta 27 metros, allí tienen sus nidos recubiertos por hojas de bromelias.
Sus poblaciones han disminuido debido a la destrucción de su hábitat. Los bosques naturales, así como por la depredación que sufre por los gatos y perros jíbaros.
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