
José Julián Martí Montero es uno de los pocos fotógrafos, o quizá el único, que vivió todos los sucesos del Mariel. Todos. Lo hizo desde un botecito, junto a otros amigos enviados por el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Tiró fotos José Julián a los rostros de los que iban y venían, jugó con su lente buscando una relación visual entre el nombre de las embarcaciones y los gestos de la gente.
Además, cortó caña en los campos cubanos de los años setenta, queriendo llegar, también, a los Diez Millones. Allí hizo amigos y socios que un día fotografió.
Desde los años setenta del siglo pasado José Julián tira fotos. Ha hecho muchas que ha ordenado por temas, series. Primero hizo fotografías submarinas junto a su amigo Korda, y luego estudió el fotorreportaje para cronicar, cuestionar y ofrecer a los cubanos de todo el mundo situaciones políticas, culturales, de ciudades, de pieles hermosas desnudas, de gente entregada.

La Galería Villa Manuela muestra una exposición con veintiocho fotografías de José Julián Martí Montero. Las curadoras pusieron “Espacios Vivenciales” al conjunto de piezas de este artista interesado más en la antropología que en la belleza evidente.
“Espacios Vivenciales” es historia de Cuba de los últimos años del siglo pasado y de los primeros de este. No es la Historia como asignatura de escuela sino como interés de todos los que deberíamos asistir al encuentro con el pasado medianamente cercando de este país. Son lugares y momentos cubanos, son anécdotas en blanco y negro, son primeros planos, son detalles: una piel arrugada, un papalote de un niño, una apuesta, un juego prohibido…
José Julián es un documentalista exquisito, con una verdad que probablemente muchas veces fue cuestionada por lo complejo y arriesgado que le resulta convencer. Julián es un hombre que sabe mirar, que tira fotos y que es fotógrafo, porque tirar y ser, no es lo mismo.




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