
A todos, y creo que en esta ocasión puedo ser absoluta, alguna que otra vez nos ha costado mucho conciliar el sueño y dormir de un tirón durante toda la noche. Las preocupaciones laborales y personales de las cuales, a veces, no logramos desprendernos al ir a la cama quizás contribuyan a esa situación.
Sin embargo, también existen otros elementos que debemos tomar en cuenta si deseamos alcanzar un sueño reparador.
Ante todo, debemos airear nuestro dormitorio durante al menos durante diez minutos, cada día, para oxigenar el ambiente; y por supuesto, mantener una adecuada limpieza, eliminando el polvo, un elemento que afecta sobre todo a los alérgicos y asmáticos.
Respecto a la temperatura el ideal oscila de 18 a 22 grados Celsius, ni más ni menos. No se trata de un capricho, responde a razones científicas: si la temperatura de la habitación es muy elevada, nuestro organismo deberá trabajar más para regular su temperatura, lo cual perjudica la calidad del sueño. Nuestra piel debe estar alrededor de los 36,7 ºC para dormir bien.

Nada de comidas abundantes. Según los especialistas debe comerse, como mínimo, una hora y media antes de irse a dormir. Prefiera aquellos alimentos ligeros y ricos en triptófano — aminoácido asociado con la producción de la melatonina, la hormona del sueño—.
Son ricas en esta sustancia el pescado, la carne y los huevos (en particular la yema), el plátano, la piña, y el aguacate, entre otras frutas. Como ayudan al cuerpo a liberar melatonina resultan excelentes para prevenir el insomnio. Tenga siempre presente la frase que dice: Desayune como un rey, almuerce como un príncipe y cene como un mendigo.
Diga no a las bebidas alcohólicas. Según un estudio del año 2013, pero que conserva plena vigencia, aunque el alcohol puede ayudar a dormir antes, por otra parte, reduce la duración de la fase REM, es decir, la de sueño profundo. ¿Resultado? Al día siguiente se amanece más cansado.

Y si de móviles, tabletas o la televisión se trata exponen los especialistas que utilizarlos hasta el momento de irnos a dormir no contribuye al descanso. Señalan que las pantallas emiten luz azul que disminuyen la producción de la melatonina que comunica al organismo que es hora de dormir, por lo que puede interferir con el ritmo circadiano, es decir el reloj natural del organismo, y reducir la calidad del sueño.
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