
La Habana, Cuba.- La invasión de Playa Girón quedará para siempre en la memoria de los cubanos; fueron días de gloria, de patriotismo y también de sacrificio para quienes entregaron sus vidas o fueron heridos defendiendo el suelo sagrado de la nación.
“Horas después los paracaidistas son transportados tierra adentro para ampliar la zona invadida, con la misión principal de controlar las tres carreteras de acceso al lugar. En esas primeras horas los aviones cubanos, en su mayoría modelos viejos, derriban siete aviones B-26 y ponen fuera de combate a los buques Houston y Río Escondido cerca de Playa Larga, perdiéndose el armamento que transportaban para las fuerzas en tierra”- describe un artículo consultado-.
Las tropas regulares de la Isla llegaron paulatinamente a la zona, reforzando a los milicianos (Milicias Nacionales Revolucionarias) que hasta entonces intentaban rechazar el ataque.
Al final del día los barcos de la brigada asaltante se retiran definitivamente quedando sin desembarcar equipos y municiones; el Houston quedó encallado y el Río Escondido fue hundido. Era esencial atacar a los barcos desde el aire y la tierra para anular el envío de suministros, y la Fuerza Aérea y la artillería cubanas cumplieron sus objetivos.
El día 18 de abril comenzó la contraofensiva, con el empleo masivo de artillería adquirida en la antigua Unión Soviética y Checoslovaquia. La valentía y el arrojo de los combatientes cubanos hacen retroceder hasta la zona de San Blas a las maltrechas tropas de la Brigada invasora que controlaban las dos carreteras de acceso a Playa Girón.
Por su parte Playa Larga no pudo ser tomada por el enemigo; ante su difícil situación por la falta de municiones, los invasores deciden abandonar sus posiciones.
El día 19 el enemigo tiene que retroceder de San Blas a Playa Girón; los que quedan pronto son cercados y se rinden en las primeras horas de la mañana. A la escasez de suministros bélicos se une la falta de apoyo aéreo, gracias a la efectividad de los servidores de las baterías antiaéreas cubanas y las milicias revolucionarias.
Las acciones combativas de las fuerzas cubanas evitaron que transcurrieran las 72 horas que necesitaba el gobierno de los EE.UU. para reconocer al "gobierno provisional" que allí se intentaba establecer, con el objetivo de evitar la invasión directa de la Marina y el Ejército norteamericanos.
Los mercenarios no pudieron someter la valentía de los combatientes cubanos y su decisión de morir antes que permitir que la Patria fuera invadida; los aplastó, además, el liderazgo y ejemplo del Comandante en Jefe Fidel Castro en la batalla; por eso al verse vencidos intentaron huir, unos buscando lanchas, otros por las zonas pantanosas, aunque al final todos fueron capturados, o mejor dicho: derrotados.
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