Por favor, no juegues con mi tiempo

2018-06-14 10:58:27 / web@radiorebelde.icrt.cu

Por favor, no juegues con mi tiempo

El tiempo ha sido a lo largo de todas las épocas motivo de inspiración para los artistas, categoría de estudio para los filósofos, objeto de investigación para los científicos y causa de zozobra y ansiedad para la mayoría de los seres humanos; comenta el espacio "Palabra con filo", del martes 12 de junio.

Aunque menos tenido en cuenta, lamentablemente, el carácter económico del tiempo también ha sido objeto de preocupación por las sociedades modernas, hasta el punto de suscitar frases tan pragmáticas y reales, como esa que dice, con toda razón, que el tiempo es dinero.

Y la importancia de lo temporal para las economías y las sociedades, en particular para las nuestras, estaría aparejada con un viejo problema que subestimamos en no pocas ocasiones y nos viene costando mucho, pero mucho trabajo resolver: quienes juegan con nuestro tiempo, y nos lo hacen perder impunemente.

Cualquiera podría hacer un rosario de lamentaciones sobre las casi infinitas causas que nos hacen desaprovechar ese valioso recurso que es el tiempo, sin dudas uno de los que más derrochamos y del cual abusamos en nuestro contexto.

Por favor, no juegues con mi tiempo

Los conflictos más cotidianos parten en una alta proporción de un irrespeto frecuente del tiempo ajeno. Si tienes una reunión o encuentro de trabajo, te citan una media hora antes de lo que está previsto empezar, o de lo contrario, quienes deben acudir suponen que no empezará a la hora fijada y llegan ellos mismos media hora después.

Y que conste, estos márgenes son casi de puntualidad en algunos entornos, pues sencillamente, hay situaciones en que la irreverencia hacia los minutos y las horas puede llegar a ser francamente escandalosa, como ocurre con determinados servicios al público, que van desde la transportación colectiva en todas sus variantes, hasta el incumplimiento de los horarios de tiendas y oficinas de atención, o las demoras en una instalación gastronómica, o en cualquier otra coyuntura donde quedemos a merced de estos hurtadores del tiempo de los otros.

No resto peso a nuestro propio desaprovechamiento del tiempo, pues en esta materia no hay prácticamente inocentes, y casi todas las personas hemos sido víctimas y victimarios de las demás.

Y entre tanto que decimos y a veces hacemos, por ejemplo, para estimular el ahorro, como fuente de riqueza, en muy pocas ocasiones nos percatamos de que ahorrar el tiempo sería un gran aporte a esas campañas para ser más racionales en los gastos y disminuir los costos de cualquier actividad económica.

Por favor, no juegues con mi tiempo

Por el contrario, en este punto puede ocurrir exactamente lo contrario de lo que sería lo más prudente, cuando se apresura entonces la terminación de algo, en función de supuestamente ganar tiempo, lo cual con demasiada frecuencia termina con una doble inversión temporal, para arreglar después lo que se hizo de manera chapucera por acabar rápido.

Qué diferencia, sin embargo, con ese día feliz —infrecuente, pero también posible— en que salimos a la calle y todo fluye casi de una manera mágica, sin mayores contratiempos, con una economía real de esfuerzos y de recursos de todo tipo, y con interlocutores que respetan, aprecian y hasta defienden nuestro precioso tiempo.

Porque lo peor del tiempo perdido es que —como es obvio— no hay manera de recuperarlo, como le podría estar ocurriendo al lector que en este minuto atiende a este comentario, teniendo tal vez algo más importante que hacer.

Así que me detengo aquí, para no contribuir yo también a esa epidemia, ni arriesgarme a que alguien me espete, con razón, lo que muchas veces tenemos ganas de decir: no juegues con mi tiempo, por favor.


(Haciendo Radio)



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