
La Habana, Cuba.- Hoy nos remontamos a tiempos de antaño; cuando los cubanos comenzaron a deslumbrarse con el maravilloso invento de los hermanos Lumiere.
En 1901 fue inaugurado el cine Niza, muy cerca del teatro Payret, (ese que conocemos hoy) su peculiaridad consistía en que el programa de a exhibir, se anunciaba a viva voz desde la entrada, por uno de sus empleados. Este no fue el primer cine construido para estos fines, era un local adaptado al efecto.
Cinco años después, abrió sus puertas el Actualidades, como primer salón especialmente construido al efecto para pasar películas.
El Actualidades está todavía en la calle Monserrate, entre Neptuno y Ánimas, en la capital habanera.
Ese mismo año de 1901, José G. González se convirtió en el primer representante cubano de noticieros extranjeros. Fue fotógrafo y laboratorista (como lo llamaban entonces); él creó una forma muy primitiva de dibujos en movimiento, con el ánimo de atraer espectadores ante los comerciales que apadrinaba.
Él trabajó con quien después fue el director Enrique Díaz Quesada, estableciéndose como vendedor de cámaras y proyectores cinematográficos, aunque también alquilaba estos equipos a los incipientes cineastas criollos.
Como emprendedor representante, quiso incorporarle sonido al celuloide, experimentando sin éxito, con una capa de parafina que era colocada sobre la cinta. Esto ocurrió en 1909; casi nada.