Por una opinión pública mejor informada y educada

2011.03.02 - 11:02:41 / web@radiorebelde.icrt.cu / Astrid Barnet Rodríguez

Opinión pública
La Habana, Cuba
. - Con la expansión de las nuevas tecnologías de la información y de la globalización neoliberal, el tema de la Opinión pública resalta como fenómeno socio-político capaz de generar un proceso psicológico de interpretación colectiva en el espacio público de la modernidad.

Para especialistas en Comunicación Social como el mexicano Raúl Rivadeneira, “el fenómeno Opinión pública no es estático; cambia y se modifica junto a otros factores, y permanece siempre influenciado por diferentes elementos e interrelaciones que existen entre cada uno de ellos. Consecuentemente, resulta siempre descriptible y comprensible como producto sujeto a la transformación informativa y a la alteración de la historia”.

Es decir, la Opinión pública es considerada un sistema abierto que intercambia energía e información con su medio. Esta no existe sin seres humanos, grupos y organizaciones sociales; es inseparable de las instituciones y productos de medios (editoriales, radio cine, televisión e Internet) e inimaginable sin la comunicación en su sentido más amplio.

Según el sociólogo Noelle-Neumann, desde el punto de vista psicosocial una de las funciones de la Opinión pública es permitir la integración social de los individuos y su orientación hacia actividades que permitan consensuar sus acciones y opiniones con las del resto de los individuos que integran su entorno social inmediato.

Dicho especialista también agrega como funciones “su capacidad de generar estabilidad, al fundamentar el establecimiento de diversas formas de consenso que permiten el normal desarrollo de la actividad social y política, al igual que el establecimiento de prioridades orientando la necesidad de resolver algunos problemas o temas que se manifiestan como los más urgentes en situaciones específicas”.

Los medios de comunicación en general son los propulsores de la concentración de la atención mediante un proceso de selección de temas de cada público. Esta modalidad parte de la constatación del poder que ejercen los medios de comunicación de masas para influir y determinar el grado de atención que el público otorga a determinados temas, que quedan sometidos a la atención y al interés colectivo.

El estudioso alemán sobre Opinión pública, Herbert Blumler advierte que el medio televisivo actúa como “el más eficaz para el desarrollo de la influencia sobre la construcción del ambiente. Con ella se produce una influencia indirecta, pero eficaz sobre la audiencia, al formar la percepción del ambiente en mayor medida que las otras instituciones del sistema social”.

Opinión pública y Cultura

En la formación de la Opinión pública influye mucho la cultura de la sociedad y sus diversas subculturas, que proveen los valores que sustentan las reacciones ante los hechos. También tiene mucho que ver cómo ella es informada desde los medios de comunicación social: qué lectura se hace en los medios acerca de lo que ocurre. Sin embargo, no se debe exagerar el poder formador de opinión de estos medios, ya que todo indica que contribuyen más a reforzar opiniones y actitudes preexistentes que a crear nuevas.

Al respecto, de un tiempo a esta parte se tiende a usar en lugar de Occidente, sin embargo, el vocablo Norte, que convierte a los demás países -incluyendo a los latinoamericanos-, en el Sur. Dicotomía que nos hace parecer ser países y pueblos colonizados, empobrecidos, pero no así domesticados, destruidos. Nuestras civilizaciones precolombinas fueron diezmadas por la conquista y colonización y sólo nos quedó la ilusión de un mundo fenecido que evocamos con nostalgia pero que, en el subconsciente, nos alimenta con una fuerza ilimitada.

Así, las metrópolis han lucrado a su antojo con este ideal latinoamericano en sus medios de comunicación, infectando a la Opinión pública de otras partes del globo de un imaginario histórico ficticio.

Somos, como afirmó Bolívar, afro-latinoamericanos. En nuestro tronco se injerta el mundo con una savia nutricia. La nuestra, por obligación, es una cultura de síntesis como toda cultura proteica, como todo continente multicultural, e imponernos una globalización sería siempre un acto de violencia, de racismo y de totalitarismo. Algo que deben y tienen que tener muy en cuenta los medios de comunicación de gran parte del mundo en su orientación informativa a la Opinión pública, como sistema abierto que intercambia energía e información con sus medios.

Esta parte del mundo, calificada como Sur, no está en venta, ni tampoco se amedrenta con amenazas retóricas desde cualquier medio encargado y financiado para instrumentar apócrifamente a la Opinión pública. América Latina ya es Nuestra América y habrá que respetarla ahora más que nunca. Nuestra razón independentista y soberana propugna por el diálogo civilizado. Por el ejercicio de una comunicación difusora más transparente, masiva y veraz, y por una Opinión pública mejor informada y educada.



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