
Para encarar la tarea hermosa del ahora, vibra útil y esclarecedora la palabra del Maestro, y la Patria es de todos; darse una ley de leyes precisa de la precepción de cada hermano de la familia congregada, en la obsesión heroica de los próceres radicó sin falta la prioridad de constituirse.
Si bien es cierto que las diferencias de criterio fueron siempre grandes, también es verdad que los patriotas buscaron el consenso.
Cada hito importante de la obra social y humana triunfante en enero de 1959, registró la consulta al pueblo a la manera de Fidel; los enemigos la calificaban de “rugido de la multitud”, y así nació la decisión de ¡Patria o Muerte!, la nacionalización de las propiedades yanquis, la creación de los CDR, la disposición de defender la Revolución de, por y para los humildes.

Abuelos y padres de mi generación guardaron con celo y orgullo el voto múltiple en la Plaza contra la injerencia de la OEA y la agresividad imperialista; concebir una Constitución a imagen y semejanza de un pueblo grande necesita, precisamente, el ejercicio de esa esencia que a lo largo de la historia hizo crecer al género humano.
Asimismo, con la Carta Magna proyectada el país hará de forma definitiva su mañana; en esa empresa habrá que recurrir, una y otra vez, a la prédica del Apóstol “cada palabra lleve ala y color, mientras haya algo que decir nada es largo, la obra política que para el bien de todos se ha de fundar, a de fundarse con todos”.
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