Qu medios de comunicacin prefiero en la cultura del gusto en Cuba? (II)

2014.04.02 - 15:23:40 / web@radiorebelde.icrt.cu / Yirian Garca de la Torre

El Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y Televisin asegura que en Cuba en los aos 90 la radio sigui teniendo un consumo amplio por ser un medio ventajoso mucho ms extensivo en cuanto a territorio de uso y nivel de adquisicin

En la actualidad los medios de comunicación masiva (MCM) han sufrido cambios profundos que imponen un reto de estudios. Su globalización los convierte en un arma poderosa sin la cual no hay desarrollo posible. Los países desarrollados, poseedores de las tecnologías, el presupuesto y los medios, roban o forman y obtienen los recursos humanos especializados; establecen normas y gustos.

Sin el poder, los países subdesarrollados se vuelven cada vez más dependientes del consumo (háblese del consumo en sentido general) creando, como lo vemos en la América Latina, una conciencia, una cultura supeditada a un subproducto enlatatado con valores estéticos basados en estudio de públicos, trabajo de marketing y de consumo.

Dígase además de la proliferación de un mercado autorizado donde se viola el derecho de autor, se distribuye ajenas a las productoras, empresas y a los propios autores; sin que prime la selectividad del gusto estético o de la polisemia de valores, a la vez que imponen modas, descontextualizan la educación ética, estética y crean patrones que pueden desembocar en la violencia o en prácticas devaluadas de la conducta.

Las tendencias pueden ir del hipercriticismo a la proliferación de la competitividad con lo que está al alcance del ordenador personal, el CD, DVD, memorias externas, USB o los diferentes reproductores de imagen y sonido, considérese también que cualquier persona con una tecnología a mano puede lograr un producto X y ponerlo al alcance de todos por internet o las múltiples vías de consumo cultural existentes

La dependencia económico – social de los países subdesarrollados crea un desnivel cultural que no existe en Cuba, donde se equilibra una cantera profesional importante que caracterizan el consumo cultural, el de los MCM. Hay un criterio calificado y exigente, no exento de los impuestos niveles de consumo cosmopolitas - globalizados y dependientes del espectro de electrodomésticos de corte audiovisual multiplicados para bien o para mal.

El Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y Televisión, por ejemplo, caracterizó el auditorio cubano de finales de los 90 y valoró la dependencia del nivel de ingreso familiar que permite el acceso a medios de alta tecnología, el lugar dentro de la estructura social, así como aspectos sociopolíticos que caracterizaron este período como factores fundamentales que determinaron el predominio del uso de unos medios sobre otros.

Con el cambio radical sufrido por nuestro país a principios de ese decenio, factores coyunturales como el cine que necesita mayores presupuestos para su producción o adquisición, las necesidades en lo general de transporte para ir a consumirlo, tuvieron un descenso considerable.

Por su parte la radio siguió teniendo un consumo amplio por ser un medio ventajoso mucho más extensivo en cuanto a territorio de uso y nivel de adquisición, la prensa escrita vio minimizada sus ediciones y volúmenes de tiradas, reducida mayormente a préstamos interpersonales y un consumo casi equitativo de revistas nacionales e internacionales.

La televisión se convirtió prácticamente en el medio absoluto de disfrute y preferencia, ocupando un lugar privilegiado al reforzar su papel en el tiempo libre y siendo el medio más recurrido por la población. La imagen no perdió, ni pierde preponderancia.

Un trabajo de Guillermo Orozco confirma la teoría de la necesidad de analizar el televidente sujeto y objeto de la acción comunicativa desde el punto de vista de la familia, la escuela, de carácter institucional, que se refiera al sexo, territorio estrato social, condiciones de existencia y el horizonte cultural, así como el aspecto situacional referido al aspecto físico, práctico, tiempo y espacio de ver televisión.

Hasta terminado el trabajo del Centro de Investigaciones Sociales, años atrás, Tele Rebelde era un canal afectado por las transmisiones, deportivas. Luego fueron más equitativos, los dos canales con que contábamos. El domingo, junto al fin de semana, tenía más teleaudiencia, acaparaba en términos de permanencia, así como los horarios picos durante la noche y la programación infantil que primero sufrió afectaciones y luego amplió y distribuyó mejor su espectro de transmisión.

Para los horarios de relevancia se han experimentado mejores ofertas televisivas, se ha ganado en calidad y pueden enumerarse algunas preguntas que las estadísticas de revelan en teleaudiencia, sin descuidar el nivel de exigencia y comparación de un público rodeado de la más alta tecnología que satisface el arte desde la electrónica, un sitio Web determinado, tanto como la valoración existente de su propio nivel de apropiación y disfrute, con una sensibilidad fuera de todo estereotipo y después de experiencias posmodernistas, de vanguardia y de una historia artística pre conceptualizada.

Es cierto que el nivel adquisitivo ha generalizado la videorreproducción, existen otras opciones y aun así la población graba y regresa a la selección de determinados programas desde diferentes ángulos que son de su interés.

La información requiere nuevos matices: interesante, novedosa, creíble, oportuna, convincente, emocionante e inmediata según los resultados valorados en estudios de mercado. No quita que puede llegar a ser densa aunque ventajosamente períodos de nuevas creaciones evidenciaron y dieron pie a espacios de interés profesional como las Mesas Redondas, Universidad para Todos y Tele Sur.

Los televidentes prefieren verse reflejados, problematizados en su realidad en los programas, exigen actualidad e inmediatez más que la búsqueda superflua del simple entretenimiento o la exposición ante historias enajenantes, descontextualizadas y poco críticas de la Cuba que los circunda.

Hay una insatisfacción palpable que delimita nivel de exigencia y calidad. Aun así se muestran preocupación, pasos y trabajo que valora un criterio más exacto que a fin de cuentas debe ser de interacción y enriquecimiento.



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