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Reclamo del planeta
2010.06.02 - 08:35:27 / web@radiorebelde.icrt.cu / Heydi González Cabrera

La Habana, Cuba.- “La atmósfera está cargada” más de una vez hemos escuchado esa expresión referida al intenso calor, al presagio de lluvia, en fin, a cualquier cambio atmosférico que se observe. Pero, sin temor a equivocarme, puedo afirmar que la mayoría desconoce los componentes de ese ambiente que califican.
La atmósfera no es más que una capa de gases que envuelve la Tierra protegiéndola de la radiación solar. Pero, también evita que la temperatura alcance hasta los 22ºC bajo cero. Entre sus componentes está el nitrógeno y el oxígeno, gases imprescindibles para la vida en el planeta. Además, circulan en mínimas cantidades otros tipos de gases como el argón, y el dióxido de carbono, y el CO2. Este último permite la respiración de los seres vivos.
El dióxido de carbono (CO2) cumple un rol determinante en el balance de la radiación del sistema sol-tierra-atmósfera porque participa en el proceso de calentamiento de la tierra: "efecto invernadero".
Por supuesto, todo no queda ahí. Existen otros componentes atmosféricos: monóxido de carbono (CO), metano, amoniaco, ozono y dióxido de nitrógeno. También aquellos generados por la acción humana: bacterias, polvo, humo, polen y disímiles variedades de gases.
Más no podemos juzgar a la especie humana por los añadidos indeseables, porque antes de poblar el planeta, ya éste contaba con elementos que tienden a amenazarle, digamos, terremotos, erupciones volcánicas, y hasta incendios forestales.
Claro, no negamos la responsabilidad implícita en el quehacer del hombre, depredador por excelencia que impregna a la atmósfera con los deshechos del desarrollo tecnológico sumando al aire partículas de nitrógeno, carbono, azufre, y tantas otras sustancias que, como invisible boomerang, se revierten contra la propia humanidad diseminándolas en un aire a veces irrespirable.
¿Resultado?: asma, alergias, intoxicaciones alimentarias y hasta cánceres se derivan de la contaminación de los cultivos, los ríos, los mares y, por ende, del reino animal.
Y es que el planeta se defiende como puede: sequías, inundaciones, lluvia ácida, reducción del agua potable y drásticas alteraciones climáticas que amenazan a los ecosistemas. Señales que avizoran su agonía, ante la insuficiente atención al reclamo.
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