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¿Retrato de familia?
2010.07.15 - 11:35:10 / web@radiorebelde.icrt.cu / Heydi González Cabrera

La Habana, Cuba.- Presuroso, llega a la puerta de su casa, extrae la llave de un cordón que cuelga de su cuello, y abre. Minutos después vuelve a salir, pero ya no viste el uniforme. Mira hacia los lados y divisa a un par de amiguitos. Muy dispuesto va en esa dirección.
Apenas tiene 9 años. Nadie lo recibió en la casa, ni estuvo atento al resultado de su día escolar. Libre e independiente como los pájaros, cada tarde vuela hacia donde el viento lo lleve. Casi al anochecer, regresan sus padres y comienza ese llamar a gritos, para que el hijo, regrese al hogar.
¿La familia está en crisis? Expertos en la problemática responden afirmativa y categóricamente a semejante enunciado. No dejan lugar a dudas. El fenómeno, al parecer común para todos los países, presenta múltiples aristas. Se hace evidente que el medio hogareño de nuestro tiempo no es el mismo en el cual se criaron nuestras abuelas. Sin embargo, ha habido evolución. Signo de ello resulta el rol de la mujer, confinada antaño a la administración de los ingresos y al cuidado de los hijos, ahora representa una fuerza laboral de peso en sus respectivas sociedades, aunque, además del trabajo asalariado, continúan con la sobrecarga de los quehaceres domésticos más la atención y educación de los hijos.
No son casos aislados. La vivencia se repite en muchos países, donde los padres super-ocupados, con toda una carga real de trabajo y tareas colaterales antepuestas a su vida familiar, sin proponérselo dejan grietas en su función protectora y educativa.
En el caso de los adolescentes, se produce otro fenómeno, una forma de vivir donde cada quien tira por su lado. Nadie interviene en la vida de los demás. Los padres trabajan. Los hijos estudian. No hay momentos de contactos ni de comunicación. Una línea de demarcación, de falsa independencia, separa a los unos de los otros.
Encuestas demuestran la predisposición a sustituir atención y amor, por objetos compensatorios: ropa, zapatos, bicicletas, juguetes sofisticados, y en la medida que crecen: celulares, videos y dinero para que coman algo en la calle la mayor parte de las veces, si no es que se relega la responsabilidad a los abuelos cercanos.
Los fines de semana tienen poca variación. Mamá se dedica a las tareas del hogar, papá a limpiar o arreglar el carro y ambos a resolver lo que no hubo tiempo en la semana. Los hijos… desde horas tempranas vuelven a la calle a jugar, y si son mayorcitos, se reúnen a oír música, van a la playa, o simplemente, desaparecen horas y horas. Los adultos nada preguntan; están seguros de que los enseñaron a cuidarse y saben lo que tienen que hacer.
Mujeres y hombres se necesitan mutuamente para concebir la obra más grandiosa de la naturaleza: la procreación. Sin embargo, lograda esa aspiración, la dinámica cotidiana roba el tiempo y no se cumple la obligada misión formadora de educar.
Les invito a pensar: ¿Es así su familia?
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