
En una velada solemne efectuada el primero de enero de 1984 con motivo del aniversario 25 del triunfo de la Revolución le fue conferido a Santiago de Cuba el título honorífico de “Héroe de la República de Cuba” y la Orden “Antonio Maceo”.
Desde el balcón del antiguo ayuntamiento, sede de la Asamblea Municipal del Poder Popular, en el Parque Céspedes, desde donde el primero de enero de 1959 Fidel le habló al pueblo santiaguero al hacer su entrada triunfal a esta heroica ciudad, el máximo dirigente de la Revolución Cubana hizo un recuento de la labor realizada en el cuarto de siglo transcurrido desde la victoria popular hasta ese instante.
Fidel afirmó: “Al revés de lo ocurrido en la historia política de nuestra patria, en la que jamás se quiso o se pudo cumplir un programa revolucionario muchas veces prometido al pueblo, esta vez nuestro programa del Moncada no solo fue cumplido en su totalidad, sino que avanzamos mucho más, tal como lo habíamos soñado íntimamente los que organizamos el ataque al Moncada y fundamos el Movimiento 26 de Julio y nuestro pueblo logró crear en el hemisferio occidental el primer Estado socialista, que es el más avanzado sistema político y social que ha conocido la historia del hombre”.

Fidel igualmente recordó que el primero de enero de 1959 se intentó escamotear al pueblo el triunfo mediante una maniobra reaccionaria y precisó al respecto: “Pero el golpe fue deshecho por el Ejército Rebelde y el pueblo, que en menos de 72 horas ocupó todas las instalaciones militares del país y consolidó la victoria.”
Igualmente evocó el instante en que en la noche de ese primer día del año 1959 se reunía en Santiago de Cuba con el pueblo y detalló que la situación era todavía confusa y que aún se ignoraba si tendrían que librarse sangrientos combates en la capital de la República.
Señaló cuál fue la reacción del pueblo al respaldar la convocatoria que se realizó para llevar adelante una huelga general.

Señaló: “Una página imborrable escribieron los trabajadores cubanos al secundar de modo unánime, entusiasta y absoluto, el llamamiento a la huelga general lanzado por la Comandancia del Ejército Rebelde desde Palma Soriano, en la mañana del Primero de Enero.”
Fidel explicó que posteriormente no tembló ni vaciló la Revolución cuando llegó la hora de castigar ejemplarmente a los criminales de guerra, confiscar los bienes robados al país por gobernantes corruptos así como defender los derechos, la plena soberanía y la dignidad de nuestro pueblo, afectar los intereses de los grandes monopolios explotadores yankis y de la burguesía nacional, rebajar las tarifas de los servicios públicos, los alquileres y los medicamentos y disponer el reingreso en los centros de trabajo de todos los que habían sido cesanteados por la tiranía.
Además significó que no tembló ni vaciló al decretar la reforma agraria más profunda y radical que se ha realizado en América Latina y que similar actitud se asumió al devolver golpe por golpe a cada medida de agresión económica de Estados Unidos, nacionalizando una por una todas las empresas yankis propietarias de centrales azucareros, las compañías telefónica y eléctrica, ferrocarriles, puertos, minas, cadenas comerciales y bancos.

Fidel expresó seguidamente: “No tembló ni vaciló cuando llegó la necesidad de nacionalizar toda la banca, el comercio exterior y todas las grandes empresas capitalistas del país.
“No tembló ni vaciló en arrancar de raíz la discriminación racial y erradicar el juego, la prostitución, la droga y la mendicidad.
“No tembló ni vaciló cuando hubo que crear las milicias obreras y campesinas y recibir armas socialistas para enfrentar las bandas contrarrevolucionarias, los asesinatos de alfabetizadores, de obreros y campesinos, los atentados terroristas, los intentos de asesinar a los líderes revolucionarios y los planes de sabotaje de la CIA.”
Manifestó que se supo honrar con indignación y firmeza crecientes a las decenas de víctimas que ocasionaron los crímenes del Gobierno de Estados Unidos, y recordó de manera específica el brutal sabotaje del barco francés La Coubre y la invasión de Playa Girón.

Fidel resaltó el momento en que se proclamó el carácter socialista de la Revolución, el mismo día en que se sepultaban a los caídos en los traidores bombardeos aéreos realizados contra varios aeropuertos cubanos y en vísperas de combates decisivos en que el pueblo luchó y venció heroicamente, defendiendo ya las banderas del socialismo.
Apunto que la Revolución no tembló ni vaciló en octubre de 1962 ante la amenaza de invasión y guerra nuclear, ni en unir firmemente a todas las fuerzas revolucionarias, hacer suyas las doctrinas del marxismo-leninismo, forjar un Partido de vanguardia, una pujante Unión de Jóvenes Comunistas, y crear poderosas organizaciones de masas.
Y añadió: “No tembló ni vaciló la Revolución ante la colosal tarea que significaba liquidar el desempleo, el analfabetismo, la ignorancia y el calamitoso estado de la salud pública en nuestro país, creando centros de trabajo, círculos infantiles, escuelas primarias, secundarias, preuniversitarias, tecnológicas, universitarias, centros de educación especial para los niños con dificultades, hospitales rurales, pediátricos, materno- infantiles, clínico-quirúrgicos, policlínicos, decenas de centros especializados de investigación y asistencia médica, y numerosas instalaciones culturales y deportivas para el desarrollo mental y físico de nuestra juventud y nuestro pueblo.
“No tembló ni vaciló en emprender resueltamente el largo y difícil camino del desarrollo económico y social, partiendo de una economía atrasada, deformada y dependiente, heredada del colonialismo, y en medio de un brutal bloqueo económico de quienes habían sido nuestros suministradores de equipos, tecnologías, proyectos y materias primas.”
El primero de enero de 1984 Fidel comentó que Cuba no se negará nunca a trabajar por la paz, a discutir y resolver las diferencias mediante negociaciones, sin renunciar jamás a un átomo de su moral, su dignidad, su soberanía y sus principios.

Y detalló de inmediato: “Nuestra patria no negará tampoco su cooperación a fórmulas que contribuyan a superar las tensiones en nuestra área y en el mundo. Consideramos un deber ineludible de todos los pueblos y sus estadistas luchar por el porvenir y la supervivencia de la humanidad, nunca antes tan mortalmente amenazada. Nosotros mismos necesitamos paz. La paz significa para nuestro pueblo un brillante y seguro porvenir. Pero la paz no se conquista con claudicaciones ni concesiones a la agresividad imperialista. Las concesiones al agresor solo estimulan sus morbosos designios y abren el camino al yugo, la opresión y la rendición.”
En su discurso en la velada solemne efectuada en Santiago de Cuba con motivo del aniversario 25 del triunfo de la Revolución y la entrega a Santiago de Cuba de condecoraciones muy relevantes, Fidel destacó la trascendencia histórica de esta ciudad que él conoció desde la etapa de su niñez, por haber allí estudiado durante la enseñanza primaria y en la que el 26 de julio de 1953 dirigió el asalto al cuartel “Moncada” y casi dos meses después fuera juzgado y condenado y donde pronunció el primero de enero de 1959 su primer discurso ante el pueblo cubano.
Fidel aseveró:
¡Santiago de Cuba, hemos vuelto ante ti al cumplirse el 25 aniversario con una Revolución hecha realidad y todas las promesas cumplidas! ¡A ti te otorgamos hoy el título de Héroe de la República de Cuba y la Orden "Antonio Maceo", aquel insigne hijo tuyo que nos enseñó que jamás un combatiente cesa en su lucha, que jamás puede haber pactos indignos con el enemigo, que jamás nadie podrá intentar apoderarse de Cuba sin perecer en la contienda!
Tú nos acompañaste en los días más difíciles, aquí tuvimos nuestro Moncada, nuestro 30 de Noviembre, nuestro Primero de Enero. A ti te honramos especialmente hoy, y contigo a todo nuestro pueblo, que esta noche se simboliza en ti. ¡Que siempre sean ejemplo de todos los cubanos tu heroísmo, tu patriotismo y tu espíritu revolucionario! ¡Que siempre sea la consigna heroica de nuestro pueblo lo que aquí aprendimos: Patria o Muerte! ¡Que siempre nos espere lo que aquí conocimos aquel glorioso Primero de Enero: la victoria!
¡Gracias, Santiago!
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