
Más de una vez he creído, ingenua yo, que no me queda nada por escuchar. Entonces, como por “arte del descuido” alguien suelta la frase y no apunto con el fusil, el asombro me subyuga.
Sucedió hoy mientras me persignaba para mis adentros rogando que no lloviera hasta que llegara al Vedado. Para ser exacta, yo pedía más: en aparente mute yo suplicaba que no descendiera ni una gota hasta que llegara al ICRT. Y es que pareciera que fuerzas de lo esotérico se confabulan en mi contra a las 7:00pm.
Estaba en la guagua, a punto de llegar. Ya había reparado en él antes de que lo dijera. Leía un periódico con gestos de incredulidad en cada página, no quedó inmune ni la de los deportes. En un momento lo cerró y soltó: «Trabajo dicen, manera de pagarle por gusto a la gente en este país, eso del periodismo es un soberano descaro». ¡Qué bueno que llevo gafas!- sonreí para mis adentros, amargamente, con muchas cosas que decir, pero… no dije nada. Si las miradas matarán, lo hubiera fulminado en un milisegundo. Quedé en otra dimensión, dos paradas después todavía con muchas ganas reprimidas de decirle cuatro cosas a aquel señor.
Ahora un amigo me pregunta ¿qué te disgusta del periodismo? Toda rosa tiene espinas ¿no? ¿Qué no te cuadra de esto? Difícil la respuesta. Salario aparte, porque no lo puedo cambiar, detesto la incomprensión. Por suerte ya estaba advertida desde antes del 2007 (año en que inicié la carrera ¿de fondo? ¿con obstáculos?). Aunque nadie lo ve, el periodista como el médico, también es un eterno estudiante.
Tiene que estar al día con lo último de lo último y a nadie le importa si eres especialista en economía, debes tener (para el público) idénticas nociones sobre el alza del euro, los nuevos fichajes del “Madrid” y hasta una declaración oficial ante cualquier suceso político, no importa si es en Ucrania o en Gaza.
Conocerás, sin titubeos, la cartelera cultural de lo que va a acontecer este trimestre en La Habana. Además soportarás los incesantes reclamos para que hagas un trabajo de esto o lo otro, porque a todo el mundo le parece que no haces nada.
La gente espera que uno le aclare, a veces incluso, eligen quedarse con tu criterio porque “piensan” que tienes los basamentos, la experiencia para tomar este camino. Claro, obvian que los periodistas somos de carne y hueso (aunque a veces no parezca), lo cual quiere decir que existe un 50% de probabilidades de caer en el equívoco que no es lo mismo que el descrédito.
El periodista es una persona que puede ser que se traslade en guagua y que detrás de unas gafas oscuras, esconda la inconformidad por alguna frase que atenta contra su integridad profesional, contra los cinco años escudriñando conceptos dictados por otros (que los redactaron porque nacieron primero) sobre las reglas del buen escribir, para que todos comprendan y nadie quede esperando segundas partes.
Debe revestirse de paciencia y afirmar las amarras de su barco, para que no perezca cuando los vientos son contrarios.
El periodista es un incomprendido ser mitológico que no escupe fuego ni vuela ni tiene ningún valor agregado.
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016