S, siempre vestido de Verde Olivo

2011.10.13 - 13:58:43 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo Garca Fombellida

Boca de Sam, Cuba.
Boca de Samá, Cuba. -
A no dudarlo, quienes tantas veces hemos estado en este pequeño y humilde poblado de pescadores y campesinos asentados aquí desde tiempos inmemoriales, sentimos un estremecimiento, muy difícil de explicar con palabras, cada vez que, después de recorrer los cerca de ochenta kilómetros que separan a la ciudad de Holguín con este puntico de la costa norte oriental de Cuba, casi instintivamente, nos detenemos en el sitio exacto donde estaba, en 1971, la casita de yaguas y piso de tierra, donde vivían Panchita y Bienvenido, con sus cuatro hijitos, muy pequeños. Y estremece, claro que estremece de ira y de dolor, repasar, una vez más los hechos de aquella noche del 12 de octubre de 1971, cuando Gustavo Villoldo y sus acompañantes de la connotada agrupación de terroristas Alpha 66, tan mercenarios como él, tan asesinos como él, tan cobardes como él, vieron, en la tenue lucecita del candil con que se alumbraban en casa de Panchita y Bienvenido, el objetivo que buscaban, para matar, para destruir, para dejar luto y dolor impunemente.

Ya aquella casita humilde no existe, el paso firme de la Revolución por esta zona, la hizo desaparecer, y ahora allí se levanta, una más de las confortables viviendas de concreto, decorosas, amplias, donde no hay candiles, ni piso de tierra, que hoy se integran al nuevo paisaje de Boca de Samá. Pero como un homenaje espontáneo, siempre que llego, me detengo en ese sitio, en lo más empinado de la loma, que enseguida desciende en caminito estrecho hasta el centro del poblado. Y quiso la casualidad, que esta mañana de otro octubre, cuarenta años después, compartiera el caminito con cientos de muchachitos y muchachitas procedentes de las zonas campesinas cercanas. Salieron de madrugada, a pie, desde Yaguajay, desde Cuatro Caminos, desde el Cañadón… en caminata, como todos los años este día… vienen desde las escuelitas primarias rurales, desde la cercana secundaria en el campo.

Enarbolan la felicidad de su adolescencia plena, levantan las banderas de sus compromisos, marchan raudos, presurosos, para llegar en tiempo al acto de esta mañana de octubre. No sé por qué casual instinto, llevo mi vista a los pies de aquellos muchachitos y muchachitas, son pies firmes, fuertes, protegidos por zapaticos tan humildes como sus portadores. Son los pies que ya nadie podrá mutilar jamás, como le hicieron a Nancy Pavón las balas y la metralla mercenaria de aquella noche de octubre, cuarenta años atrás. No es sudor, se lo confieso, lo que cálidamente me recorre el rostro, mientras sigo en camino, y recuerdo las estrofas del poema de Ramón Labañino Salazar, uno de los cinco héroes cubanos,…“valió la pena la lucha, hoy tu dolor es el mío, es coraza, razón, lanza y combate, que fortalecen la idea de que nunca estuvimos errantes. Y te juro, hermana, te juro, dar la vida entera, cual nunca pérfido estandarte, para que jamás niñas quinceañeras, sufran de esta maldad salvaje”…

Hasta la naturaleza decidió dotar de una calma especial la mañana esta vez en Boca de Samá. Refulge el sol que se va imponiendo sobre las aguas que parecen de plata, tan tranquilas como en plato de reposo. Difícil de imaginar en tanta tranquilidad presente, a ese mismo mar que tenemos delante ahora, a esta misma tierra, hoy colmada y brillante por el rocío mañanero, a esta misma gente, que es la misma de siempre, o son sus hijos, o son sus nietos, trastocados en un segundo, en presas inocentes para la mordida traicionera y mortal.

Y camino, camino por la costa franca, y voy allá, donde están ellos, Lidio y Ramón, los dos, presentes siempre, erguidos siempre, oteando para siempre el horizonte, desde el altar bronceado de su eternidad, donde esta mañana un par de combatientes de verde olivo, tan jóvenes como Lidio, tan jóvenes como Ramón, flanquean las flores que allí esperaron el día, el mismo en fecha, cuarenta años después de su partida.

Subo la vista y miro,…un corneta toca silencio, se corea el himno que también tuvo estreno un octubre glorioso, y llega una pionera de pañoleta roja, un adolescente de uniforme mostaza, un espigado joven de bata blanca, y llegan poemas y canciones, décimas y laudes, y convicciones firmes, y denuncias, y voces que claman justicia.

De nuevo la calma que la naturaleza quiso traer este día a Boca de Samá. Surcando la plata brillante del lecho marino va pasando un barco pesquero, tan azul y tan blanco, como el cielo y las nubes claras que lo recortan.

Y otra vez, subo la vista y miro. Frente a mí, con el rostro triste y sin sonrisas que siempre le acompaña está Yudirka Siám, la niñita humilde de solo siete meses que aquel día de octubre, hace cuarenta años, se quedó sin papá, porque una bala mercenaria le quitó una vida de solo veinticuatro años. Y se me ocurre una pregunta difícil, que me hace buscar cuotas extras de valor, pero en fin…Yudirka, una vez, hace años, me contaste que el día que tu maestra de cuarto grado, habló de Boca de Samá, y de los caídos por la metralla mercenaria, te echaste a llorar, porque sentiste en ese momento, y para siempre, la falta de tu padre, Yudirka… ¿Cómo te lo imaginas hoy?...

Por un momento, solo por un momento, a esta cubana de cuarenta años, se le ilumina el rostro, y brillan sus pequeños ojos achinados, y sonríe, y su vista lo envuelve todo, y mira, y disfruta la imagen colorida de los que ya casi marchan de nuevo, por el caminito estrecho que da salida y entrada a Boca de Samá, y otra vez recorre el caserío, y sube la vista hacia el azul turquí que nos cobija, mientras dos  lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas sin maquillar… “me lo imagino feliz, me lo imagino llevándome de su mano, como los padres llevan a sus hijitas… y me lo imagino vestido de verde olivo, sí, eso sobre todo, me lo imagino siempre vestido de verde olivo”.

Y otra vez, como tantas otras veces en Boca de Samá, sentimos un estremecimiento, muy difícil de explicar solo con palabras. Y no es sudor, se lo confieso, lo que cálidamente me recorre el rostro, mientras sigo el camino de regreso.
 



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   anne castaeda      annecataeda_mulatica@yahoo.es      Guipuscua Espaa
   16.10.2011 - 12:15 pm
Qu lindas palabras Aroldo, pareca que estuviera ah con mis antiguos alumnos

   Orquidea Rodriguez Ferrera      orofe70@secasam.mnao. co.cu      Cuba La Habana
   13.10.2011 - 3:55 pm
Tengo los mismos 40 aos de Yudirka, aunque no la conozco, pues estoy algo lejos de ella. He tenido que comenzar tres veces la lectura de este reportaje tan bello y tan triste, pues igual que el periodista, tuve que cargarme de ms valor para llegar al final, y conocer ms, mucho ms a yudirka. Quizas, ahora mismo, creo que como nunca antes tengo la verdadera dimensin de las palabras de Fidel, cuando un pueblo energico llora la injusticia tiembla. Este escrito me ha hecho llorar esta tarde.


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