
Cada año en diciembre a Sofía Enríquez Álvarez le vuelven los recuerdos de 1961, y se ve como alfabetizadora popular en su natal municipio “10 de octubre”, ya que sus padres le negaron el permiso para enseñar a leer y a escribir fuera de La Habana.
“Tenía 14 años de edad y estaba ansiosa por dar mi aporte al igual que mis compañeros de escuela a una tarea que movilizó a gran parte de la juventud y al pueblo en general”, dice con añoranza.
Se acuerda también de su vecina Estrella a quienes muchos no la creían capaz de dejar atrás la ignorancia; “inclusive su hija me decía que estaba perdiendo el tiempo, pero no fue así”.
“Empecé enseñándole las vocales, después las consonantes y mediante unas tarjetas que yo misma confeccioné para mostrar diferentes figuras, logré que pronunciara correctamente las palabras, después que escribiera oraciones y párrafos sencillos; con dificultades y poco a poco, comenzó a leer el periódico”, dice con orgullo.
Al referirse a la Campaña Nacional de Alfabetización la califica de trascendental: “porque se fue a todos los rincones de la Isla, y a muchos de aquellos iletrados, la Revolución les dio la oportunidad de continuar superándose, y hoy son técnicos y profesionales que ejercen en las diferentes ramas de la sociedad”.

“Después que pasó la Campaña me convertí en maestra popular; trabajé en la escuela Camilo Cienfuegos, ubicada en el reparto de Lawton, La Habana; me gradué de licenciada de la enseñanza primaria en el área de las humanidades; imparto desde esa época las asignaturas de Lengua Española, Historia de Cuba y Educación Cívica”.
Para definir lo que significa ser maestra, la experimentada docente retoma el pensamiento de José Martí, el Apóstol de la independencia de Cuba cuando afirmara: “ser maestro es ser creador”.
“De nosotros los maestros depende, en buena medida, la educación de los alumnos”, afirma, “por eso en todo momento debemos ser el espejo en que se miren ellos”.
“Es de gran significación para mí cuando en la calle u otro lugar me encuentro con personas que en algún momento de sus vidas fueron alumnos míos y ahora están convertidos en médicos, enfermeras o graduados de otras carreras; también me llena de emoción cuando traen sus hijos a esta escuela y les imparto clases como hice con sus padres”.
La Campaña Nacional de Alfabetización despertó en muchas personas la vocación por el magisterio; así le sucedió a Sofía Enríquez, quien ha dedicado más de cinco décadas a la enseñanza primaria; con 71 años de edad aún se mantiene frente al aula en la escuela primaria Máximo Gómez, ubicada al este de la capital.
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016