
La empatía es una habilidad capaz de abrirnos muchas puertas: simplemente consiste en comprender a las personas que nos rodean. Es percibir cómo se sienten los demás y hablar en consecuencia.
Significa que debemos tratar al prójimo como ellos desean ser tratados. Si nos convertimos expertos en empatía, nos transformamos en buenos amigos, pareja ideal, hijos preferidos, etc. Y, por supuesto, tiene muchas ventajas. Si entiendes a la otra persona, la escuchas y te pones en su lugar, luego se sentirá en deuda contigo y te ayudará en lo que necesites. Se abren muchas oportunidades.
Los empáticos le caen mejor a la gente, son más persuasivos, se hacen escuchar y querer y motivas a los demás a actuar en su beneficio y en el tuyo propio, pues para todos ellos comprendes y te sensibilizas con los sentimientos ajenos.
Para mejorar la empatía una de las claves radica en ponerse en el lugar del otro y para comenzar a desarrollar o mejorar la empatía es muy conveniente analizar el lenguaje extra verbal de interlocutor al interpretar las señales que ofrecen su postura, los gestos, el tono, el silencio, la mirada, etc.
Y solo entonces pensar ¿por qué esa persona que tengo en frente habla y actúa de una manera y no de otra? ¿Qué dificultades ha tenido que sortear en los últimos tiempos? ¿Qué cosas lo motivan para seguir adelante, si se trata de un triunfador? Puedes imaginarlo y pensarlo, tan solo prestando un poco de atención a ese lenguaje que tanto nos dice.

Sabiendo todo esto te será más fácil conseguir a empezar a caer bien. Muchas veces la gente necesita un par de oídos y un hombro para desahogarse con un amable interlocutor interesado sinceramente por su vida. Así lograrás que la persona que tienes en frente se sienta reconfortada y entendida. Seguro cambiarás su día y sus afectos hacia ti.
Nada de eso
Por supuesto, debes evitar exponer tus conclusiones sobre aquello que la persona ha compartido contigo consiguiendo que se sienta comprendido.
Por nada del mundo decirle frases como “tu problema es…”, “tendrías que haber actuado…”, “¿cómo no has hecho nada?”, etc. etc. pues si te percibe como un criticón o un sermoneador se cerrará y dejará de compartir sus sentimientos contigo.
Parafrasear para bien
También es importante hablar desde el punto de vista de las emociones y parafrasear sus dichos añadiéndole la emoción necesaria para que se sienta muy bien entendido. Por ejemplo: “Así que no te escucha cuando le hablas, refiriéndose por ejemplo al esposo. Y eso te hace sentir un poco sola, ¿verdad?”.
Actuando de esta manera, dicha persona se abrirá aún más al ser comprendida y continuará hablando y profundizando sobre los hechos de su aflicción.
Poniéndote en el lugar del otro harás algo que no todos llevan a cabo y por ello sencillamente te volverás una persona empática que le cae bien a quienes te convienen.

Un buen hábito
Un hábito que deberías desarrollar antes de querer ser empático, por ejemplo, es evitar ser prejuicioso. Y no solo de pensamiento, sino también de palabra, pues hacer juicios apresurados cierra demasiadas puertas.
Deja pasar unos minutos e incluso un día entero antes de sacar conclusiones y si puedes, recopila más datos de otras fuentes sobre el asunto tratado.
Ser empático es una de las llaves capaces de abrirnos muchas puertas en el camino de la vida.
M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández
Máster en Ciencias y Profesor Consultante
Jefe del Servicio de Endocrinología
Hospital Docente Dr. Salvador Allende
La Habana – Cuba
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016