
Cecilia duda antes de firmar el consentimiento. Tantos detalles con los procedimientos en esos papeles la hacen pensar que entrega su cuerpo a la ciencia, y de cierta manera es así. Por fortuna su patología, clasifica en las pruebas de un nuevo medicamento. Ella vacila, pero quiere alejar a la muerte.
Su indecisión es normal. Nunca sintió tanta desolación, ni siquiera después del divorcio, cuando acabó en un apartamento vacío, sin más propiedades que un colchón y su hijo pequeño. La noticia de que padecía cáncer de colon estremeció otra vez su capacidad de resistencia.
A los 55 años, con su otro hijo veinteañero, pone cara de valiente. Levanta el lapicero y firma en cada página. Antepone sus ansias de vivir al miedo que le provoca lo desconocido. Pero Cecilia es temeraria y su nombre figura en los ensayos clínicos para un medicamento que la ayude a controlar su enfermedad.
Ella cuenta dentro del centenar de personas incluidas en estos procederes en Pinar del Río, la cuarta provincia del país en diversidad de vacunas y tratamientos. Opciones que estudian la respuesta del cáncer ante medicamentos nuevos. El suyo llega después de los sueros, los malestares, la odisea de alargar su existencia.
Según la doctora Rosa María Amador González, especialista en Oncología y Radioterapia de la Unidad Oncológica Provincial, hay una mayor supervivencia del paciente en inmunización a partir de los ensayos clínicos, en relación con los que no asumen estos métodos, pues en algunos casos implica una diferencia de más de 6 meses vida para quienes acceden a esta alternativa.
Personas que, como Cecilia, cumplen los requerimientos pasan la batería de exámenes, consienten el uso de su cuerpo para el período de prueba del medicamento y son chequeados regularmente para saber de la respuesta del organismo durante el proceso científico.
En Pinar del Río hay actualmente 16 ensayos clínicos para afecciones como cáncer de próstata, colon, cabeza y cuello, tumores renales, cerebrales, mama, vejiga, estómago, esófago y de pulmón, órgano en el cual prueban varios procedimientos.
Cecilia apuesta por la vida. Su trabajo como profesora y metodóloga en la Universidad Hermanos Saíz en Pinar del Río le garantiza un salario mensual de 911 pesos, equivalentes a casi 37 CUC, insuficientes para pagar más de 400 dólares por una sola de las tantas vacunas que requiere para su patología.
Sin embargo, eso no desafía su capacidad de resistencia ni suma otra preocupación para su bolsillo. Cuba le garantiza gratuitamente las vacunas y los tratamientos en ensayos clínicos.
Para una persona enferma de cáncer cada minuto cuenta. Quizás por eso Cecilia entrega su cuerpo a la ciencia cubana. Vale la pena por sus hijos, por ella, por sus alumnos, por quienes la conocen y ella lo sabe. (En colaboración con Ana Laura Olivera González, estudiante de Periodismo)
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