
Nacida María Isabel Granda Larco el tres de septiembre de 1920 en una localidad minera, Chabuca pronto emigró a la capital peruana con toda su familia y en un colegio católico su voz de soprano le dio opciones para el coro escolar cuando solo tenía doce años.
En 1937 integró un dúo, en 1942 se casó y después de un temprano divorcio comenzó una intensa carrera de compositora, dedicando su esfuerzo a cantarle a la Lima señorial, evocativa y pintoresca, elementos todos nacidos de las historias que su padre le contaba del Barrio Barrancos, sitio de la bohemia limeña.
En la década de los 50s sus canciones adquirieron notoriedad y las principales figuras locales comenzaron a disputarse sus creaciones.
Chabuca tomó la estructura convencional del vals peruano y sus creaciones alternaron un nuevo lenguaje con el de los antiguos valses de salón. En ella letra y melodía alcanzaron una estrecha relación, dándole al toque poético una mayor síntesis.

La peruana vivió mucho después una interesante etapa, con canciones dedicadas a la chilena Violeta Parra y a su compatriota Javier Heraud, poeta de gran filiación política, asesinado en 1963. Por todo esto se ganó la admiración de intérpretes en todo el mundo, convencidos que sus composiciones eran una viva expresión de la música del Perú.
Una de ellos fue el famosísimo compositor español Manuel Alejandro, quien aprovechó su estrecha relación con Raphael para entregarle Chabuca Limeña…
En 1989 Radio Rebelde me envió a Lima para cubrir un importante torneo de voleibol. En la capital peruana buenos amigos sabían de mi afición por la música, por lo que me llevaron a conocer el Barrio Barrancos, el viejo sitio donde creció Chabuca y el local más autóctono de la bohemia intelectual.
Después de una noche de puro folklore, eran más de las dos de la madrugada cuando fuimos a recoger el coche necesario para el regreso. En ese momento estábamos junto a un pequeño puente de madera, cuando ellos me comentaron que ese era “El Puente de los Suspiros” de Chabuca Granda.
En esos días yo vivía todo el tiempo junto a mi grabadora y con ella me paré en medio de ese puente, eran las dos de la madrugada, para improvisar una crónica a Radio Rebelde. Lo hice, pero ellos se equivocaron pues me dieron el dato erróneo que allí Chabuca se había inspirado para componer La Flor de la Canela.
El Puente de los Suspiros fue en realidad el elemento clave para que Chabuca compusiera la canción del mismo nombre, dedicada a una obra inaugurada el 14 de febrero de 1876 con el propósito de unir las calles Ayacucho y La Ermita.

Por lo que me habían dicho, en ese instante dediqué mi crónica a hablar de La flor de la Canela, el tema cumbre de Chabuca Granda, realmente compuesto en 1953 e inspirado en la gracia y donaire que la compositora encontró en la figura de una lavandera negra Victoria Angulo.
Esto último en ese momento lo ignoraba, pero a lo mejor lo llevaba dentro porque la mayor parte de los cubanos, cuando pensamos en La Flor de la Canela, pensamos en otro negro: Bola de Nieve. Con el cerré mi crónica para la tierra…
El ocho de marzo de 1983 una isquemia cardíaca se llevó a Chabuca, pero Bola de Nieve y todos los cubanos la seguimos teniendo presente.
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