
La Habana, Cuba.- A Ángel Luis Mena Kindelán, se le nubla la mirada. Es la emoción de recibir la Orden Lázaro Peña de I Grado, en reconocimiento a su larga y fructífera vida como dirigente sindical.
“Tenía unos 18 años cuando ingresé al sindicato de la fábrica de muebles donde trabajaba en mi natal Santiago de Cuba”, me cuenta con sonrisa plena de orgullo. “Eso fue poco tiempo después del Triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959” agrega. “Como tenía espuelas, al decir de los cubanos, para defender a los trabajadores, fui seleccionado rápidamente para cursar escuelas sindicales y meses más tarde ya me encontraba organizando a los obreros agrícolas de buena parte de Sierra Maestra”.
Por aquella época Mena Kindelán participaba en reuniones con líderes sindicales de la talla de Juan Taquechel y Lázaro Peña, de quienes aprendió lecciones imborrables. “Con Lázaro tuve mayor acercamiento, siempre que lo escuchaba me repetía que algún día tenía que parecerme a él; aquella forma de hablarles a los trabajadores, de convencerlos, de arrastrarlos, que clase de líder, por eso Fidel dijo, que Lázaro Peña era el capitán de la clase obrera cubana”, rememora este moreno de modales refinados.
Ángel Luis Mena Kindelán hace 3 meses pasó a jubilación “No para sentarme en la casa, sino para transmitir a los más jóvenes mis modestas experiencias de 49 años como cuadro sindical”, afirma sonriente y se aleja para integrarse al grupo de mujeres y hombres que por su intachable trayectoria recibirían la Orden Lázaro Peña de I y III Grados y la Medalla Jesús Menéndez, digno homenaje a quienes han entregado parte de su vida desde las trincheras del movimiento sindical.
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