Villoch y Robreo: la inspiracin desde el teatro

2018-07-09 15:26:23 / web@radiorebelde.icrt.cu / Laura Barrera Jerez

Villoch y Robreo: la inspiracin desde el teatro

Federico Villoch y Gustavo Robreño fueron dos de los autores que escribieron para el Teatro Alhambra y están entre los más referenciados cuando se habla de esta manifestación artística en Cuba a finales del siglo XIX y principios del XX.

Robreño procedía de una familia española por lo que sus textos tenían un carácter nacional español y antindependentista. Villoch nació en Ceiba Mocha (Matanzas) y el hecho de haber vivido en una sociedad española, quizás le haya dado la oportunidad para conocer mejor lo nacional y convertirse después en lo que muchos autores llaman un cronista vivaz. Sus obras representaban una sociedad “manejada” en las que reflejaba los hechos más importantes de la sociedad republicana.

Robreño escribió cerca de doscientas obras de teatro vernáculo, casi todas en colaboración con su hermano Francisco. Entre sus títulos más importantes se encuentran “La madre de los tomates”, “Toros y gallos” y “El ciclón”, pero muchos coinciden en que el texto más logrado de este autor fue “Tin Tan te comiste un pan”, que luego fue titulada El velorio de Pachencho.

Esta última obra fue estrenada en 1901. Para muchos su argumento es absolutamente trivial: “Un grupo de estudiantes de Medicina, calaveras sin plata, decide engañar a un gallego rico fingiendo la muerte de Pachencho para lucrar con su entierro. Pero la mulata Rosalía, amante del muerto-vivo descubre la componenda y desenreda el equívoco. El cadáver irreverente se levanta del ataúd y con una rumba final, bailada por todos, cae el telón”.
Villoch y Robreo: la inspiracin desde el teatro

El diálogo entre Rodolfo y Arturo, que planifican el supuesto velorio de Pachencho, demuestra el marcado humor negro de esta obra y la picardía de sus acciones en aras de conseguir dinero para aplacar su infértil situación socioeconómica. Estos personajes no solo hacen gala del lenguaje popular, refranero y coloquial a través de parlamentos cortos sino que también se burlan de los recursos expresivos y otras maneras de decir más elitistas.

La construcción del personaje de Pachencho se basó en su enérgico amor por la música, por el alcohol y por la sensualidad de la mulata Rosalía. Esta obra está basada en un esquema rústico, pero se engrandece con la caracterización del ambiente y el delineado de los personajes de acuerdo a ese entramado de conflictos que los rodeaban.

Además, la obra se estrena en el mismo año en que se aprueba la Enmienda Platt y por tanto la creatividad del autor, y el aporte en escena de los actores, responden a la burla y el choteo como instrumentos para la evasión del hostil entorno.

Villoch y Robreo: la inspiracin desde el teatro

Robreño también actuaba y entre sus representaciones encontramos el negrito y el gallego, seguidos por los coros y el cuerpo de baile, el cual era una representación burlesca de la realidad y todos regalaban al público masculino un espectáculo de sátira política y de crítica social envuelta que utilizaba diferentes estrategias para mantener el dinamismo y la diversidad en la escena.

Por su parte Villoch, con su estilo llano y directo, “escribió alrededor de trescientas obras (razón por la cual es conocido como el Lope de Consulado), entre sainetes, operetas, parodias, revistas y zarzuelas, algunas muy recordadas, como La isla de las cotorras, La danza de los millones, La República Griega, La casita criolla, El rico hacendado. Su última obra fue Guamá, zarzuela estrenada en el teatro Martí en 1936, con música de Rodrigo Prats”, como explicó la teatróloga cubana Rosa Ileana Boudet.

Se dice que también intentó hacer teatro dramático pero fracasó en varias puestas de este tipo y comprendió que la sátira relacionada con la actualidad social era lo que verdaderamente le daba el éxito.

Para muchos investigadores, la obra de Villoch debe analizarse como un suceso escénico en el cual música, la coreografía y la escenografía se conjugaban para un espectáculo total.

Según el investigador Álvaro López, la combinación de características del teatro vernáculo con la descripción del ambiente es una de las fórmulas empleadas. En los bajos fondos aparecen los criollos de diferente rango: negritos zafios y mulatas de toda estirpe. Pero la ambientación es por lo general neutra, sin contexto, salas y salones intemporales o el reducto de la marginalidad, el "solar" que pervive en el costumbrismo de nuestros días.

En muchas de estas obras, el doble sentido, el choteo y el juego de palabras resalta en las situaciones, mientras que el desenlace ofrece el restablecimiento de la armonía con una contagiosa rumba, final de apoteosis y reconciliación.

Por ejemplo, la obra de teatro La casita criolla, del año 1912, no es más que una sátira a la reelección del presidente José Miguel Gómez y sin dudas, marcó la madurez de este escritor. Para muchos autores, fue La casita criolla, el eje que determinó el decursar de la obra de Villoch.

Aquí aparece la mulata como símbolo sexual por excelencia. Villoch la compara con el "asúca de refino (sic) [...]", "dicharachera y rumbera y amiga de la jarana/ el que me ve se disloca/ y el que me sigue me mata." Y además, el propio personaje se define a sí mismo dentro de la obra, al tiempo que se vale de la exposición de otros elementos de aquel tipo de teatro, para completar su discurso: "Salta a la vista la causa/ tratándose de una obrita bufo-lírica-cubana/ ¿cómo es posible, señores, que faltase la mulata?".

En el diálogo entre el Negrito y la Negrita, en el tercer cuadro, se puede apreciar un profundo arraigo del habla popular, referencias a las costumbres en cuanto al vestir, así como la interacción que propiciaban los actores con el público y la relación de los textos con la música y el baile. Un ejemplo de la complementariedad de acciones, temáticas y recursos artísticos para representar la sociedad de la época:

NEGRITO
Así me gustan a mí
la negrita sandunguera,
que se vistan retrechera
a la moda de Parí.
¿Me da uté el braso, señora?

NEGRITA
Con mucho perí, caballero.

NEGRITO
(Al público)
Échenle vita al sombrero
Chantecler de última hora
¿Qué má le guta a uté, el va,
los chotises o el air-estepe?

NEGRITA
Eso e de mucho julepe
y lo hace a uno sudá

NEGRITO
Pues, entonse, corazón
¿Qué cosa va a bailotearse?

NEGRITA
Eso no ha de preguntarse…

NEGRITO
No diga uté má: ¡e dansón!


Desde el título, “La casita criolla”, apuesta por la ironía y la burla de la situación social de la época, ya que este título se debe al supuesto origen humilde del presidente que prometía honradez para dirigir el gobierno. "Por eso a mí no me importa: a mí lo mismo me da, que mande Juan como Pedro, porque no soy liberal, y conservador, maldito, ni tengo qué conservar, y si me dan tres pitazos, que mande el que ha de mandar...", proclama el texto de Villoch. Esto demuestra la filosofía de la desilusión de la mayoría del pueblo cubano a través de la síntesis de palabras que muchas veces rimaban y se engrandecían al complementarse con otros elementos escénicos. Según Eduardo Robreño, “es posible que los libretos conservados, desprovistos de la música que les era consustancial, revelen con más facilidad los ripios, la prisa, la baja calidad literaria, la situación repetida”.

Además de su labor literaria, y según declaraciones de algunas personas que lo conocieron, Villoch como actor era capaz de interpretar cualquier personaje menos el negrito, dominaba los bailes cubanos y tenía una voz extraordinaria para obras que requerían de alto timbre musical.

Luego del año 1930, con el machadato y el desequilibrio económico, se produjo la destrucción del Teatro Alhambra.

Así recuerda Julio Correa aquel 18 de febrero de 1935: “Era medianoche y acababa de terminar la última tanda. Estaba en el vestíbulo conversando con el recaudador. El techo tenía unas planchas de zinc y él me dijo: ‘¿No sientes un ruido extraño allá arriba?’ De pronto, me doy cuenta que aquello se venía abajo. Cerca de nosotros había unos anuncios de artistas. En fracciones de segundos me tiro y empujo con mi cuerpo al recaudador. Fuimos al piso, pero los escombros no nos cayeron encima. Así salvamos la vida. Ese fue el último día de aquel criollísimo recinto”.



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