Y Rancho Alegre recobr su nombre

2014.09.19 - 11:29:15 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo Garca Fombellida

Mini hidroelctrica en Rancho Alegre, Holgun. Foto: Aroldo Garca
Mini hidroeléctrica en Rancho Alegre, Holguín. Foto: Aroldo García

Holguín, Cuba.- Amanecimos en un municipio cubano que hasta su denominación oficial se la debe a la Revolución, se trata de Frank País, y actualmente es uno de los territorios donde se afianza el noble programa del Plan Turquino.

De su asentamiento principal, Cayo Mambí, partimos casi enseguida, luego de abordar los vehículos “todo terreno” que nos esperaban.

Con un chofer como el joven Luisito hecho a toda prueba, debimos recorrer unos cuantos kilómetros, primero sobre el asfalto hasta “El Quemado”, y a partir de ese pintoresco poblado, loma arriba, por trillos enfangados, zanjas, rocas vivas, y laderas, que le ponen “el corazón en la garganta” a cualquiera, hasta que termina todo indicio de ruta, y el vehículo dice “hasta aquí”.

De lo que pasó después, sinceramente, no sabría decirles ahora, si resultó más difícil bajar por un trillito “a como se pudo” por aquella pendiente, resbaladiza como jabón, y casi vertical, hasta las márgenes del rio Guayabo, o luego, casi una hora después, subir la misma pendiente cuando regresamos al punto inicial.

Pero todo eso valió la pena, pues allá abajo se encontraba junto a uno de los que el mismo considera “sus grandes amores”, Odanis Rodríguez Mora, quien fuera “nacido y criado” en la zona, hace 40 años y Licenciado en Educación, profesión por la cual todos le llaman “El Maestro” . A su hoja de presentación se suma el título de creador de la mini hidroeléctrica que le da luz y vida a las viviendas de ese lomerío tan intrincado, que de otra manera, ni pensarlo.

“Le puedo decir que es precisamente mi sentido de pertenencia, mi amor a estas montañas, a mi gente, lo que me inspiró a emprender esta obra”.

Allí, sin otros conocimientos técnicos especializados que su propia lucidez, Odanis experimentó hasta con un dinamo de bicicleta, y un molino de viento, hasta descubrir que lo único que abundaba en la zona para completar su idea es el agua. Estaba naciendo nada menos que una mini hidroeléctrica.

Pero su sueño no se hizo realidad tan fácilmente. Odanis recorrió talleres y rastros, estudió más, recibió ayuda de sus vecinos montañeses, y consiguió el necesario apoyo estatal especializado, hasta que un día, con el titánico esfuerzo adicional de trasladar hasta el sitio escogido todo lo necesario, las quince casitas campesinas dispersas por las lomas de Rancho Alegre, tuvieron electricidad.

“La idea surgió, pero lo más difícil fue trasladar los equipos hasta aquí, después de conseguirlos en diversos lugares, luego adaptarlos, arreglarlos… imagínese, el generador pesa mucho más de una tonelada, y para traerlo primero utilizamos un camión, hasta donde pudo, luego un “buldócer”, después una yunta de bueyes, y con la fuerza unida entre todos aquí, llegamos finalmente. Este es el único lugar posible pues se cumplen dos principios imprescindibles, agua suficiente, y con la altura debida en su caída”.

“Le damos electricidad a las quince viviendas del barrio, las 24 horas de cada día. Detenemos el equipo solo en las tardes, cuando aparecen las tormentas eléctricas, que en las montañas son frecuentes, pero enseguida que amaina arrancamos, y hasta el otro día”.

Y siempre tú?

“No, mi esposa aprendió también, y es la otra operadora de la Mini”.

Y este montañés nato, de ojos claros y mirada noble, tanto como sus sentimientos, nos invita a visitar algunas de las humildes viviendas, incluidas la suya propia, para comprobar lo que significa “tener corriente”.

“Nací aquí, me crié aquí, y jamás saldré de aquí, por difíciles que sean los intrincados caminos que nos separan de los pueblos. Tengo mi finquita, aprendí carpintería, y todos los oficios del campo, hasta desmochador de palmas”

Y del maestro Odanis qué queda?

“Todo. Es verdad que ya no puedo ejercer en el aula, como lo hice durante más de quince años, pues tengo que atender la mini hidroeléctrica, pero los niños y niñas de por aquí ahora dan clases en la escuela “Del Culebro”, casi todos los días pasa alguno a repasar algo, o a buscar un libro, o un dato, y ahorita hasta mi hija mayor se gradúa, pues está bien adelantada en el Pedagógico de Holguín”.

Las nubes, que por estas montañas parecen estar más cercanas, comienzan a ser grises y oscuras, son el augurio de las casi habituales tormentas vespertinas, que hacen detener la mini hidroeléctrica un rato, pero a la vez dotan de lozanía permanente al rio Guayabo, y al hermoso verdor que nos rodea.

La despedida es un sincero estrechón de manos, y el agradecimiento a esta profesión nuestra, que otra vez nos privilegia y posibilita el encuentro con personas como Odanis Rodríguez Mora, “El Maestro”, ese hombre humilde y noble, quien quizás sin proponérselo, devolvió el nombre ancestral a ese intrincado sitio en las montañas, ahora, y para siempre, “Rancho Alegre” .

Actualmente es uno de los territorios donde se afianza el noble programa del Plan Turquino Foto: Aroldo Garca
Actualmente es uno de los territorios donde se afianza el noble programa del Plan Turquino Foto: Aroldo García

La  electricidad llega a las quince viviendas del barrio, las 24 horas de cada da. Foto: Aroldo Garca
La electricidad llega a las quince viviendas del barrio, las 24 horas de cada día. Foto: Aroldo García

Nac aqu, me cri aqu, y jams saldr de aqu, expresa Odanis Rodrguez. Foto: Aroldo Garca
Nací aquí, me crié aquí, y jamás saldré de aquí, expresa Odanis Rodríguez. Foto: Aroldo García

Este es el nico lugar posible pues se cumplen dos principios imprescindibles, agua suficiente, y  con  la altura debida en su cada. Foto: Aroldo Garca
Este es el único lugar posible pues se cumplen dos principios imprescindibles, agua suficiente, y  con  la altura debida en su caída. Foto: Aroldo García



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